Agustín Ambriz
Por negarse a preparar alimentos con carne, verdura, pan y lácteos en estado de descomposición, el doctor Ángel Lastra Martínez, desde 1991 dueño de dos franquicias de McDonald’s, es ahora víctima de “un complot judicial”.
El drama del doctor Lastra es parecido al que recientemente explotó el cineasta Michael Mann en la película El Informante, basada en un hecho de la vida real que revela la experiencia de un personaje que padeció las presiones de la cigarrera Brown & Wiliamson Tobacco Corp.
Al igual que El Informante, después de años de litigios, Lastra lo ha perdido prácticamente todo: reputación, libertad, patrimonio, familia…
Él y su empresa, Alimentos Calientes de México, enfrentan ocho demandas mediante las cuales McDonald’s les reclama el pago de 400 mil dólares por supuestos adeudos y la rescisión de una de las franquicias que todavía conserva en su poder en el centro de la ciudad de Monterrey, Nuevo León.
“Estoy arruinado”, resume Lastra en entrevista con Proceso. Y es que, en los últimos cinco años, su vida cambió radicalmente. De ser el “talentoso” presidente de los operadores de franquicias McDonald’s en el país -reconocimiento que en diversas ocasiones le hizo la propia trasnacional-, pasó a ser presa de amenazas y atropellos.
“Ha sido un verdadero viacrucis -comenta-. Cuando esto empezó, creí que la justicia mexicana impediría que McDonald’s violara las leyes federales fitosanitarias, pero desafortunadamente pronto me di cuenta del poderío de la trasnacional para corromper a las autoridades.”
Especulación y corrupción
Lastra Martínez es médico veterinario zootecnista por la UNAM y tiene estudios de posgrado en la especialidad de microbiología por la University of Manchester y el Royal Veterinary College (Londres). Es uno de los dos especialistas mexicanos que emplean con eficacia la tecnología de bipartición de embriones de ganado vacuno, avanzado método de reproducción de animales en serie.
Tiene varios artículos publicados en revistas de tecnología biológica mundial y varios reconocimientos internacionales, entre ellos un diploma entregado por la reina Isabel de Inglaterra por haber descubierto la enfermedad conocida como pyelonefritis y cistitis en los cerdos.
Con documentos en la mano, Lastra cuenta que el conflicto con McDonald’s comenzó a subir de tono a mediados de 1995, cuando la empresa Apelco Distribuidora S.A. de C.V., encargada del abastecimiento de las materias primas a las más de 130 franquicias que existen en el país, intentó obligar a los operadores a recibir leche con la caducidad vencida.
“Éste fue el primer caso. Yo no acepté, y como respuesta los ejecutivos de McDonald’s ordenaron quitar de mis tiendas el servicio de malteadas y helados.
“Luego fue el caso de las lechugas que venían con mucha basura, incluidas piezas metálicas, como tornillos o tuercas. Todo esto lo denuncié oportunamente con los ejecutivos, pero la respuesta fue cada vez mayor hostigamiento.
“De plano, a mis tiendas las sacaron de las promociones y de vez en vez las dejaron sin abastecimiento, lo cual me provocó graves perjuicios económicos. Por medio de ejecutivos de Apelco, me enteré que la orden para que no me surtieran los productos venía de McDonald’s Sistema de México S.A. de C.V., y concretamente de su actual director, Juan Carlos González Méndez.”
Pero el conflicto llegó a los tribunales hacia mediados de 1998, cuando, con relativa frecuencia, inspectores de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (Sagar) comenzaron a detectar la introducción de carne de pollo y puerco sin los registros fitosanitarios de ley y con avanzada fecha de caducidad hacia las franquicias de McDonald’s en los estados de Coahuila y Nuevo León.
Por lo menos en cuatro ocasiones, entre junio y julio de 1998, Lastra tuvo que llamar a las instalaciones de sus franquicias, ubicadas en las calles de Morelos e Hidalgo, en el centro de la ciudad de Monterrey, a un notario público para que constara el estado en que le entregaban la carne de puerco para sus tiendas y también corroborara que el mismo producto era tirado a la basura.
Con copias de los oficios que acreditan la constante denuncia de las infracciones cometidas por McDonald’s, Lastra documenta su posición por evitar que esto siguiera sucediendo. De ello fueron informados en su oportunidad ejecutivos de la trasnacional en México y Estados Unidos.
Los documentos son parte de las pruebas que obran en los expedientes de las ocho demandas que enfrenta Lastra en tribunales del Distrito Federal y Nuevo León. Entre ellos figura el escrito enviado, el 1 de junio de 1998, a Juan Edmundo Maldonado Pérez, jefe de la unidad jurídica de la Sagar, para informarle sobre las prácticas ilegales de McDonald’s y Apelco.
Es de nuestro conocimiento que existen normas oficiales mexicanas que se tienen que cumplir con relación a las diferentes campañas zoosanitarias que se llevan a cabo a nivel nacional, y se han venido incumpliendo ya por mucho tiempo con eventos que se han vuelto cada vez más prevalentes y descarados.
Ante mi inquietud por las sanciones en que yo particularmente y/o mi empresa y/o mis empleados nos pudiéramos ver involucrados, es que le estoy enviando este escrito para patentizar que en ningún momento hemos estado de acuerdo en la forma en que tanto McDonald’s Sistemas de México, S.A. de C.V. y Apelco Distribuidora de México S.A. de C.V. quieren trabajar.
Esta situación ha llegado a tal punto que hay muchas ocasiones en que los camiones de Apelco Distribuidora no traen los certificados zoosanitarios o los flejes oficiales correspondientes.
Como debe ser ya de su conocimiento, los inspectores oficiales de su dependencia han tenido que venir a mi restaurante porque los camiones ya ni se paran en los puntos de verificación de la Sagar.
Tres días después de este escrito, inspectores de la Sagar lograron detener un camión con pollo y carne de puerco que no cumplía con los requisitos sanitarios. El hecho quedó asentado en el acta de inspección zoosanitaria número 1046 -del 4 de junio de 1998- en la que se reporta que la mercancía infringía la norma oficial contra la “influenza aviar”.
Entre las pruebas también se encuentran circulares enviadas por los proveedores a las distintas tiendas, mediante las cuales se les notifica que la caducidad del pan debe extenderse de 60 a 90 días. Otros documentos dan cuenta de advertencias de la Dirección de Control de Calidad de McDonald’s, en el sentido de que el pan “está llegando con vidrios de hielo”, por lo que debían tomar las medidas necesarias para evitar la descompostura de los hornos.
Comida Frankenstein
La práctica siguió y conforme Lastra lo denunció se produjeron el hostigamiento y las amenazas.
“El actual director de McDonald’s me pidió que le entregara las tiendas o me iba a arrepentir. Me dijo que me aplastarían como a una pulga y me amenazó de muerte. Levanté una denuncia de hechos, pero la Procuraduría del estado la congeló. Recurrí a la Sagar y, primero, se interesaron; después, ya ni me contestaban el teléfono. Por el propio director de la empresa me enteré de que los funcionarios de la dependencia se habían vendido por dinero.”
Después de dos intensos años de litigio, Lastra perdió ante los tribunales la posibilidad de seguir operando la franquicia de la calle Morelos. A través de una sentencia que no encontró evidencias sobre posible adeudo de dinero, se determinó la rescisión del contrato de la franquicia.
En juicio paralelo en otro tribunal, Lastra consiguió conservar la tienda ubicada en Hidalgo. Nuevamente, no se le pudieron comprobar los adeudos que por más de 400 mil dólares le reclama McDonald’s. Ambos juicios se encuentran en revisión de última instancia, por resolverse en próximas fechas.
Lastra también está demandado por, supuestamente, no haber pagado la renta de los inmuebles que ocupan las franquicias en litigio. Los procesos han sido lentos, pues McDonald’s no ha podido acreditar plenamente que sea propietaria de dichos inmuebles.
A estas alturas, pese haberlo perdido prácticamente todo, Lastra dice que no desistirá en su lucha por que se conozca la verdad sobre los alimentos McDonald’s.
Señala que no tiene miedo y que está dispuesto a parar en la cárcel, como el francés José Bové, un reconocido luchador social, quien en agosto de 1999, a bordo de un bulldozer, causó destrozos en una de las tiendas de la trasnacional en Millau, Francia.
No queremos comida Frankenstein, escribió Bové en la fachada del restaurante poco antes de perder su libertad por siete meses.
“Ni de eso tengo miedo. Ya perdí mi patrimonio y mi familia por esto y voy a continuar. Lo hago porque los empresarios estadunidenses deben saber que México no es un burdel para que vengan a cometer irregularidades. Allá son muy estrictos y si un mexicano infringe la ley es sancionado. Aquí, las empresas que están matando a los niños mexicanos, en vez de ser sancionadas, operan con el apoyo de las autoridades. Es absurdo.”








