El Sindicato Nacional de Trabajadores Azucareros -una de las organizaciones más sólidas del país hasta 1994- enfrenta un quebranto financiero sin precedente en sus 67 años de historia.
La razón: desvíos millonarios realizados por su dirigente, Enrique Ramos Rodríguez, a quien los trabajadores acusan de usar fondos económicos del sindicato para hacer inversiones en diversos negocios que son administrados por sus hijos y otros familiares.
Además, a la lista de despilfarros que ha realizado Ramos Rodríguez -contra quien se preparan varias demandas judiciales- se suma la compra de, al menos, cinco residencias adquiridas en el último lustro, cuyo costo
-según consta en documentos en poder de Proceso- asciende a casi 50 millones de pesos, suma que rebasa el monto de sus ingresos como secretario general del sindicato.
Como consecuencia de la descapitalización, el sindicato azucarero ha dejado de pagar tres quincenas a alrededor de 11 mil jubilados, la mayoría con más de 40 años de servicio y que padecen enfermedades como diabetes, artritis y ceguera. También debe un mes de salario a empleados y funcionarios mayores del sindicato.
Y no sólo eso: en los últimos cinco años, el contrato colectivo de trabajo, otrora uno de los más ricos en conquistas laborales, fue mutilado “en negociaciones oscuras” entre el dirigente nacional y los empresarios azucareros, a quienes se les atribuye el impulso político de Ramos Rodríguez para alcanzar la Secretaría General del sindicato.
Historia de negocios
Enrique Ramos Rodríguez se inició en la política laboral en los años cincuenta. En ese tiempo era obrero de segundo nivel del ingenio San Miguelito, Veracruz. En 1995, tras la muerte del dirigente Salvador Esquer Apodaca, alcanzó la cima del sindicato impulsado por los industriales del ramo, entre ellos Enrique Molina, dueño del grupo “Escorpión”, y el gobierno de Veracruz, encabezado entonces por Patricio Chirinos.
Cuenta Cuauhtémoc Jiménez Ayala, trabajador del ingenio Zacapatec, que en la lucha que se desató tras la muerte de Esquer Apodaca, Ramos Rodríguez fue acusado de traicionar a Ángel Sandoval, el secretario general sustituto que Esquer había nombrado antes de morir.
Añade Jiménez Ayala: “Con promesas y dinero, Ramos convocó a un congreso extraordinario, en el que fue nombrado secretario general. Ahora todos deben estar arrepentidos de lo que hicieron”.
Ramos Rodríguez cumplió un interinato de cuatro años, que terminó en 1999, y después pudo lograr una reelección por seis años más, a pesar de que unas 30 secciones filiales del sindicato -de un total de 60- se manifestaron en su contra.
Según los trabajadores entrevistados, una vez que Ramos se afianzó en el poder, empezaron las desviaciones de recursos, hasta ahora no explicadas, que mantienen a la organización en total quiebra.
Trabajadores de los ingenios El Potrero, Zacatepec y San Cristóbal, entre otros, preparan una demanda penal contra Ramos. Ésta sería interpuesta esta semana ante la Procuraduría General de la República.
En un documento, los inconformes mencionan los siguientes negocios que, afirman, ha realizado su dirigente con fondos del sindicato:
En Amatitlán, Jalisco, adquirió la empresa Tequilas Nacionales -antes Rancho Grande-, en sociedad con Vicente Méndez. La compañía es dirigida por Gerardo Enrique Ramos Ruiz, hijo de Enrique Ramos y de Maritza Ruiz. El sobrino de ésta, Emilio Libali Ruiz, es administrador del dirigente azucarero.
Ramos Rodríguez invirtió -hasta 1998- más de 130 millones de pesos en la empresa Biotecnología y Derivados de Veracruz, que construye, desde hace varios años, el ingenio “Juan Díaz Montalvo”, en la comunidad El Jícaro, municipio de Tierra Blanca. Mediante un oficio fechado el 25 de noviembre de 1995, dirigido a José López Trejo, gerente de Banca Afirme S.A., Ramos Rodríguez solicitó 1 millón 227 mil 600 pesos para la construcción del ingenio, que es propiedad del sindicato, pero los administradores son Enrique Eduardo y Omar Ramos Ruiz, hijos de Ramos Rodríguez.
Andrés Zamudio Ramos, trabajador de la sección 31 del ingenio San Cristóbal, dice que el proyecto “es un fracaso. Desde hace varios años está parado y sólo ha servido para justificar el desvío de los capitales de la organización”.
-¿Por qué es un fracaso?
-Porque está ubicado en una zona donde no hay agua y existe poca caña, materias primas fundamentales para impulsar el crecimiento de un ingenio azucarero.
Otro negocio que no funciona, pero que absorbió sumas millonarias del sindicato, fue la compra de la planta “El Oasis”, en Paraje Nuevo, Veracruz. Consta de un conjunto de bodegas que Enrique Ramos le compró a Enrique Molina Sobrino, en 47 millones de pesos. La suma sería cubierta en tres exhibiciones: noviembre de 1998 (17 millones), noviembre de 1999 (12 millones 935 mil pesos) y noviembre de 2000 (15 millones).
Para cubrir el primer pago, Enrique Ramos condonó al grupo “Escorpión” las deudas que con el sindicato habían contraído los ingenios El Modelo, El Potrero, San Miguelito, La Providencia, Casasano-”La Abeja”, San Cristóbal, Plan de San Luis, Emiliano Zapata y Atencingo, y que en 1999 ascendían a 17 millones.
Para concretar la operación, el 18 de mayo de 1999, Ramos envió un oficio a Andrés Treviño Moreno, director general de Financiera Nacional Azucarera, en el que expone:
… Lo anteriormente citado suma la cantidad de: 17´064,022.77, mismos que finiquitan los adeudos de la zafra mencionada: lo anterior lo hacemos de su conocimiento para que se lleve a cabo la deducción de los adeudos de dichos ingenios (con el sindicato).
Otros proyectos millonarios que han fracasado son los ingenios “Fidel Velázquez Sánchez” y “El Refugio”, propiedad del sindicato, ubicados en Cocula, Guerrero, y Tala, Jalisco, respectivamente.
El sindicato ha invertido, en cada uno, 10 millones de pesos aproximadamente, pero según afirma Enrique Ocampo Batalla, trabajador jubilado del ingenio de Zacatepec, “ambas fábricas están convertidas en elefantes blancos”.
Y, enseguida, entrega documentos con los que prueba la compra de maquinaria pesada, la cual “no sabemos dónde está”.
Azúcar amarga
En entrevista con Proceso, Raúl Ramírez Chávez, secretario de Educación del sindicato, acepta que la organización está en quiebra desde que Enrique Ramos llegó al poder en 1995. Sin embargo, muestra su enojo porque el dirigente se niega a entregar cuentas de todas las inversiones que ha realizado.
Explica: “Nada sabemos de las acciones que tenía el sindicato en el Banco Obrero, donde éramos el segundo socio, después de los electricistas; desconocemos donde está el Fondo de Jubilaciones, que se nutre de las aportaciones mensuales que hacen los empresarios azucareros al sindicato.
“Estamos en una situación muy crítica, de la que difícilmente nos vamos a levantar, porque la industria azucarera está cada vez más hundida en la desgracia, y es probable que haya cierre de ingenios y mucha hambre entre los trabajadores y los campesinos.”
Los industriales se niegan a pagar las aportaciones al sindicato debido a la crisis en el sector. Cancelaron sus pagos en junio de 1999. Según los convenios firmados entre patrones y trabajadores, los primeros deben pagar 22 millones de pesos al mes para ponerse al corriente.
Cuauhtémoc Jiménez, obrero azucarero, cuestiona: “Años atrás, los industriales se atrasaban en sus pagos, pero el sindicato nunca dejó de pagarnos porque disponía de un fondo financiero especial, que ya no existe porque todo ese dinero se ha desviado”.
En 1968, los trabajadores azucareros constituyeron un fideicomiso para construir viviendas. El fondo se creó con la aportación de tres centavos por cada kilo de azúcar producido en los ingenios.
Así, hasta 1996 se habían edificado 22 mil viviendas. Pero un año antes, Enrique Ramos negoció los acuerdos del fideicomiso y, en un nuevo convenio, aceptó que la responsabilidad de la construcción de casas pasara directamente a los empresarios. Con el nuevo acuerdo quedaron sin derecho a vivienda los trabajadores jubilados, pensionados y las viudas.
Además, desde 1995 los industriales no han construido una sola vivienda, dice Raúl Ramírez.
-¿Por qué?
-Dicen que no tienen dinero. Y lo grave es que faltan 15 mil viviendas por construir, es una deuda grande con esas familias.
Con el propósito de cubrir ese déficit, Ramos Rodríguez recurrió al apoyo del Infonavit. Ésta fue la respuesta:
… Como puede advertirse, es obligación a cargo de los Ingenios Azucareros el proporcionar a los trabajadores casas habitaciones, la obligación es de carácter patronal, tiene plena vigencia y los trabajadores clasificados hasta el 31 de diciembre de 1995 tienen derecho a exigir a los ingenios, a través de su Sindicato, el cumplimento de los acuerdos, en los términos y condiciones pactadas.
Andrés Zamudio Ramos, del ingenio San Cristóbal, recuerda que, semanas antes de morir, Salvador Esquer Apodaca dijo a un grupo de trabajadores: “Cuando yo me muera, si dejan llegar a Enrique Ramos, al sindicato se lo va a llevar la chingada”.
-¿Y qué piensa ahora?
-Que tuvo razón.








