Partidero

Mientras que miles de personas damnificadas por el huracán Jova trabajaban hasta con las uñas para salvar de las inundaciones sus escasas cosechas, sus pocas o muchas pertenencias; para restablecer los servicios de agua potable, electricidad, brechas, carreteras y puentes cortados o destruidos, el gobernador Emilio González Márquez de ellos se olvidaba y únicamente se esmeraba en extremo, desde la víspera y la antevíspera, por atender a Mario Vázquez Raña, presidente de la Organización Deportiva Panamericana y dueño de la cadena de periódicos soles, para tener una brillante apertura de los XVI Juegos Panamericanos. En una muestra más que evidente de insensibilidad política y, particularmente de carencia de solidaridad social, Emilio no tuvo tiempo para volar de inmediato a las zona afectadas en la costa sur, en especial al municipio de Cihuatlán, al que fue hasta el día 17, cinco días después, aun cuando pudo y debió hacerlo el mismo jueves 13, recién pasado el diluvio. Eso sí, ese día envió a sobrevolar el área al secretario general de Gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez. No obstante, éste no se dio tiempo para hacer descender el helicóptero y apersonarse con los habitantes del lugar, porque seguramente era más importante para sus intereses particulares tener una comida con adeptos suyos que lo impulsan en su campaña interna en el PAN por la gubernatura. Con él estuvo departiendo los mejores cortes de carne y el buen vino Martín Hernández Balderas, titular de Desarrollo Humano, quien también debió hacerse presente con los perjudicados por el huracán y no lo hizo.

Otros municipios que también resultaron muy dañados por Jova fueron La Huerta, Casimiro Castillo, Purificación, Tomatlán, Cuautitlán y Autlán y, al menos hasta el cierre de la presente edición, Emilio González no había siquiera sobrevolado esa parte del estado porque anda muy atareado asistiendo a las distintas competencias panamericanas y tomándole fotografías a Mario Vázquez Raña. Mientras tanto, muchas comunidades de las citadas jurisdicciones permanecían todavía incomunicadas por tierra, sin agua potable y algunas sin energía eléctrica. Y, para colmo, pagando a precios exorbitantes productos de consumo básico, como es el caso de Cihuatlán, donde los costos al consumidor habían aumentado hasta en más de 300% en algunos casos, según quejas aquí recibidas. Pero el señor gobernador está engolosinado con los Panamericanos, es su prioridad y ya se montó en su macho de solicitar para Guadalajara la sede de los Juegos Olímpicos. Por todo eso no le queda tiempo para atender a los urgidos de auxilio. No obstante, anunció que solicitaría al Congreso del estado autorización para un crédito de 885 millones de pesos. Por lo pronto, la oposición ya le adelantó que no será del todo fácil, porque primero habrá que explicar en qué se gastó la partida de erogaciones extraordinarias para casos de desastre. Hay quienes creen que parte de ese dinero se fue en la preparación de los Panamericanos. Al menos, una partida de más de 60 millones de pesos destinada a los ayuntamientos los erogó en ese sentido. Por todo eso y más, la deuda pública estatal será, al final de su mandato, la más elevada de la historia jalisciense.

Los dejaron plantados. Tradicionalmente, y desde hace decenios, en el marco del aniversario de su refundación (12 de octubre de 1925), la Universidad de Guadalajara y el Sindicato de Trabajadores Académicos (Staudeg) honran a los maestros con la entrega de galardones a quienes han cumplido 25, 30, 35, 40, 45 y 50 años de servicio. Inopinadamente, en esta ocasión la UdeG cambió la celebración para el viernes 14 a las 19:00 horas, casi al mismo tiempo en que se realizaría la inauguración de los XVI Juegos Panamericanos. El solemne acto tendría lugar en el Teatro Diana. No obstante, cuando los homenajeados, algunos de avanzada edad, acudieron al citado edificio, lo encontraron totalmente cerrado sin que hubiera persona alguna que les informara de la cancelación del acto. El hecho fue asumidos por quienes serían los premiados como un acto de total desatención tanto del rector sustituto Marco Antonio Cortés Guardado, como del secretario general del Staudeg, Martín Magaña, que no tomaron en cuenta la pérdida de tiempo de los académicos y de sus invitados. Hasta el cierre de la presente edición no se había explicado ni disculpado ninguna de las partes promotoras. l

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