Señor director:
Le solicito publicar los siguientes comentarios en torno de la respuesta que don Enrique Semo me dirigió en Palabra de Lector de Proceso 1238, sobre lo cual abunda en su artículo de la misma edición titulado La reforma del PRD.
Don Enrique: Permítame convencerlo, así como a los numerosos lectores de Proceso, de que el inicio del profundo proceso de autocrítica que requiere el PRD es la pronta renuncia de su cúpula dirigente que, por cierto, no está conformada por todos los dirigentes actuales, sino sólo por aquellos que tienen una real incidencia en el rumbo del partido, entre los cuales se encuentra el actual Comité Ejecutivo Nacional (CEN). Preciso: Los casi 300 integrantes del Consejo Nacional -la “máxima autoridad de dirección del partido entre Congreso y Congreso”, según el Estatuto vigente-, en realidad, y debido a la correlación de fuerzas interna, únicamente podemos legitimar decisiones tomadas de antemano por las cabezas de los grupos de interés y de presión -mal llamadas “corrientes”-, que controlan el aparato partidario y que están representados en el CEN.
Veo así la situación: El 25 de julio del año pasado, en el segundo intento (después del fatídico 14 de marzo) para elegir nueva dirección nacional, entre gritos, sombrerazos, insultos y algo más, e, insisto, violando la fracción III de artículo 19 del Estatuto (“… nadie puede ser parte del CEN por más de dos períodos consecutivos”), se eligió piloto, copiloto y tripulación.
De repente, sobre todo en plena campaña, notamos que la nave andaba al garete. Por poco nos estrellamos. La derrota electoral de la Alianza por México fue, creo, como un aterrizaje forzoso, con todo y nave averiada. Y se había perdido el rumbo. Volteamos a la cabina y no había nadie. Ni piloto automático conectaron. Fue un desastre el haber descendido tan rápido a 8 o 9% de la votación (por aquello de los porcentajes que deben repartirse a los aliados, según el Convenio de Coalición). Usted, como pasajero de la nave, ¿permitiría a los mismos seguir conduciéndola? Yo digo que al menos se vayan a reponer del susto. No están en condiciones de seguir al frente.
Lo peor de todo es que no se dan cuenta de lo que hicieron o de lo que dejaron de hacer, ésos, mis estimados dirigentes del PRD. Gran parte del resto del partido -y creo que nuestros electores- esperaban que en el Octavo Pleno del Consejo Nacional, recientemente celebrado, hubiera un reconocimiento objetivo, sin echarle la culpa a los otros, de los errores cometidos. No fue así, como bien lo registraron los medios de comunicación y bien lo advirtió Proceso 1238. El espejo que utilizó la cúpula dirigente del PRD para verse a sí mismo, objetivamente, fue el equivocado. Se utilizó la fórmula: “Espejito, espejito, ¿quién es la dirección del PRD más bonita?”.
Por eso, insisto, deben renunciar y dar paso a nuevos dirigentes, jóvenes de preferencia, creativos, audaces, sin conductas facciosas, con mística de servicio, para que, de esas ruinas que vemos, construyan algo mejor. Sinceramente pienso que sólo así se encontrarán las respuestas que usted y muchos buscamos.
Atentamente
José Luis Hernández Jiménez
Consejero nacional del PRD








