Continuidad y cambio

Homero Aridjis

El poeta michoacano  escribió el siguiente artículo con base en un cuestionario que le envió Proceso.
Junto a nuestra extraordinaria riqueza natural, México goza de una tradición cultural ininterrumpida desde los tiempos prehispánicos que ya dura tres milenios. Las culturas precolombinas son un universo en sí mismo y el período colonial produjo a uno de los más grandes poetas de las Américas, Sor Juana Inés de la Cruz. En nuestro tiempo la cultura mexicana ha sido el campo propicio para el desarrollo de intelectuales y artistas de primer orden en el mundo.
En el siglo XX por doquiera se percibe esta realidad creadora: Ramón López Velarde, Xavier Villaurrutia, Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, Luis Barragán, Silvestre Revueltas, Alfonso Caso, Manuel Álvarez Bravo, Rodolfo Usigli, Agustín Lara, Guillermina Bravo, Leonora Carrington, el aragonés mexicano Luis Buñuel, Juan Rulfo y Octavio Paz, sólo para mencionar unos cuantos talentos.
Nuestra cultura es como un árbol frondoso que da frutos múltiples, tenemos que nutrir sus raíces, cuidar su crecimiento y cultivar entre niños y adultos el gusto para consumir esos frutos.
En las nóminas del PRI-gobierno siempre ha habido intelectuales de izquierda, centro y derecha porque la cultura mexicana ha sido un coto de cortesanos acostumbrados a mamar del poder.
El gobierno fue ejemplar en su sistema de cooptar, apapachar y bloquear a intelectuales. A diferencia de otros sectores de la vida pública, la cultura mexicana ha sido monolítica, poco abierta a la crítica y propicia a crear cacicazgos, sectas y parroquias. Está llena de beatos y queridas del sistema.
El peligro para el gobierno de Vicente Fox es que la cultura caiga en los mismos grupos y en los mismos vicios que antes, en los cotos de poder cultural que apoyó el PRI, pero ahora bajo otros nombres, y todo quede como el tiempo de José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.
Entre los personajes que asistieron a las reuniones recientes de Fox había varios de los que asistían a las de esos gobiernos, y serían los mismos (salvo algunas excepciones) si hubiera ganado Francisco Labastida o Cuauhtémoc Cárdenas. Por esto es necesario rescatar la cultura de los grupos de poder tradicionales establecidos durante los últimos sexenios priístas, sin que por eso se entienda la exclusión de las figuras notables que han conformado el panorama cultural anterior. Es prioritario que se abran las puertas de la política cultural a los creadores independientes, y a los jóvenes, sin que importe su filiación política, ideología o género. En la actualidad hay mucho talento nuevo en México en las diferentes disciplinas del arte y la literatura que debe ser ayudado, reconocido y promovido, y no excluido. También hay creadores maduros que han sido marginados durante años por los grupos en el poder.
No importa si la dependencia encargada de la cultura se llame secretaría de la cultura o Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes, lo principal es que el organismo no tenga solamente como función apoyar a la élite intelectual de México, y a los creadores que han sido más privilegiados por el sistema actual, sino que promueva cultura entre mexicanos de todos los sectores sociales, comenzando con los niños y los adolescentes, cautivos de la televisión enajenante, y que forme infraestructuras para apoyar grupos de música, danza, teatro y artes plásticas, y a las industrias del libro y del cine. Así mismo se debe estimular el gusto en la población para consumir cultura, mediante su plena difusión y promoción.
Respecto a las características que debe reunir la persona idónea para dirigir esa institución serían: independencia, imparcialidad, conocimiento, honestidad y cierta experiencia en el ramo.
Por otra parte sería un error gravísimo vender el Fondo de Cultura Económica, la editorial más importante de México, a consorcios extranjeros, pues en materia de publicación de libros caeríamos en el más completo neocolonialismo cultural, que ya es grande.
En concreto, en materia de cultura deben prevalecer tres cosas: La primera: continuidad y cambio. La segunda: apoyo a la creación, en toda su pluralidad. La tercera: respeto a la libertad de expresión, en todas sus formas.
El resto les tocará a los creadores realizarlo.