Señor director:
Le ruego la publicación de estos comentarios con relación a los recientes artículos de su colaborador Héctor Aguilar Camín, aparecidos en Proceso 1236 y1238.
En tiempos de la Alemania Nazi, los ideólogos (Carl Schmitt) del nacionalsocialismo utilizaban el término transformation und moderne para construir el Estado cupular, hegemónico, represor y policiaco. En la época de la dictadura de Pinochet, éste siempre se refería a la palabra “moderno”, y, en nombre de la modernidad, arrebató tierras a las comunidades indias, desmanteló fábricas y sindicatos, privatizó bancos y servicios públicos. Durante su reinado se multiplicaron las aseguradoras, las empresas de bienes raíces, las hamburguesas, el desempleo, la violencia y las cárceles. En el sexenio de Salinas de Gortari, la “modernidad” (liberalismo social) era lo más apreciado por él. Al amparo de ese concepto hizo añicos el presente y el futuro de millones de mexicanos.
Y usted, señor Héctor Aguilar Camín, utiliza las voces “moderno” o “modernidad” (19 veces) como eje rector de su estrategia argumentativa, y, al parecer sin percatarse, les da el mismo sentido que el nacionalsocialismo, Pinochet y Salinas de Gortari: “desarrollo”, “renovación”, “éxito”. A dicho término le concede usted un potencial demiúrgico y lo eleva como criterio de validez absoluto. Piensa que la “modernidad” es la panacea del desarrollo mexicano y, peor aún, afirma que esa “modernidad” -la cual sigue condenando a millones de mexicanos al desempleo, a la pobreza, a la marginalidad y al traspaso de las riquezas de nuestro país, impuesta cínicamente por Salinas de Gortari y defendida por Zedillo- ahora debe ser la continuidad que deberá perpetuar Vicente Fox. (Y, al parecer, así será.)
Por razones de espacio no puedo poner a su consideración el sentido histórico de la modernidad, pero le recomiendo autores como R. Rorty, J. F. Lyotard, J. Habermas, I. Wallerstein, A. Gilly, E. Dussel, entre otros. Sólo quiero recordarle que la modernidad a la que usted se refiere es la “sociedad abierta” (Popper) del capitalismo central desarrollado, y que nunca podrá ser el punto de partida para el supuesto desarrollo de sociedades periféricas y empobrecidas como la nuestra. Copiar y comprar el modelo de modernidad (“sociedad abierta” o “libre mercado”) que venden exitosamente las potencias mundiales a países dependientes y pobres significa caer en una especie de copianditis boba e ingenua: mientras la miseria siga siendo un hecho real para la mayoría de los mexicanos, no podremos ser modernos ni mucho menos posmodernos.
Atentamente
Maestro José Carlos García Ramírez
Fuente de Hércules 75-201
Fuentes del Valle
Tultitlán, Estado de México (58-90-11-34)
Respuesta de Héctor Aguilar Camín
Señor director:
Con todo respeto para las interesantes lecturas del maestro José Carlos García Ramírez, la modernidad de que yo hablo se refiere a algo más sencillo: la búsqueda de un país que reúna prosperidad, democracia y equidad.
La prosperidad no puede obtenerse sin una economía moderna, internacionalmente competitiva, como empieza a surgir en el auge de las exportaciones mexicanas gracias, en gran parte, al Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
La democracia no puede alcanzarse sin modernizar nuestras instituciones políticas, tal como se ha hecho con la cuestión electoral que permitió la alternancia el 2 de julio pasado, gracias a las reformas hechas en la materia durante la década de los noventa.
La equidad no podrá lograrse sin modernizar nuestra sociedad, hacerla más homogénea y con oportunidades para todos. Es la asignatura más difícil de todas, porque la desigualdad es el más viejo y persistente de los problemas históricos de México. Sólo podrá lograrse una sociedad equitativa, en mi opinión, luego de un período largo de prosperidad y democracia.
La lección de la historia es que las sociedades que hoy por hoy se acercan más al ideal de ser prósperas, democráticas y equitativas corresponden al “modelo de modernidad” que el maestro García Ramírez repudia. Me pregunto cuál es su modelo alternativo.
Atentamente
Héctor Aguilar Camín








