Fox debe demostrar que no es producto de la market mentality “La elección democrática, equiparable al levantamiento zapatista”: Mattelart

José Alberto Castro

MÉRIDA. YUC.- Para Armand Mattelart, autor de varios libros ya clásicos sobre comunicación, la noticia de “una elección limpia y democrática en México es equiparable al levantamiento armado, en 1994, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas”.
Formado en el movimiento de la juventud católica de Bélgica en la década de los cincuenta, seguidor de los misioneros jesuitas, joven viajero que arribó en 1962 al puerto chileno de Valparaíso a bordo de barco procedente de Inglaterra, y activo editor en los tiempos de la Unidad Popular de Salvador Allende, a sus 64 años asienta:
“Cuando los neozapatistas se levantaron en armas a principios de 1994 en Chiapas, México saltó a las primeras planas de los periódicos del mundo porque eso rompía una imagen de un país que se preciaba de mantener un clima de tranquilidad y estabilidad social, pese a la grave crisis económica y política que se vivía.”
Desde la cafetería La vía el profesor de Ciencias de la Información y de la Comunicación en la Universidad de París y coautor con el escritor chileno Ariel Dorfman del célebre ensayo Para leer al Pato Donald,  recuerda:
“Los medios de comunicación transmitieron la noticia de lo ocurrido en Chiapas, por el hábil manejo de la información que los neozapatistas hicieron con los recursos técnicos disponibles y con mayor fuerza hacia los medios extranjeros.”
Procedente de la capital de Francia, Mattelart llegó a este punto de la península el pasado lunes 22, luego de aceptar la invitación de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán para impartir un curso de doctorado en Comunicación Social; además, en distintos eventos habló de su más reciente libro, Historia de la utopía planetaria, publicado por Paidós. Confía a Proceso:
“Seis años después, la noticia de la elección democrática vuelve a colocar a México en un sitio de relevancia entre los medios de comunicación extranjeros.”
De modo simultáneo pide tiempo “para juzgar en su justa dimensión el triunfo de la oposición en México, y de si en verdad Fox (virtual presidente electo) representa un cambio profundo o es un producto de los medios de comunicación o de la market mentality”.

Era tecnotrónica

Vehemente, advierte sobre la “manipulación perversa” de los epígonos de la Internet y la globalización, quienes “tratan de imponer un orden neofeudal como la única fatalidad”, y se apresura a pronunciar los nombres del gurú de la informática Bill Gates, de Nicholas Negroponte, el autor del best-seller El mundo digital, y de Alvin Toffler, el estadunidense creador de El shock del futuro, quien “abrió el camino a una larga lista de consultores que van a convertir la prospectiva social en la fuente de un comercio lucrativo”.
Crítico, sentencia:
“La  globalización es en realidad una ideología de la clase media favorecida por el proyecto de reordenamiento de la economía mundial.”
Dice que el término “sociedad de información” fue impuesto a través de lógicas que no controlamos.
Prevé que la globalización catapultada desde los centros del poder será “la de la miseria y de la precariedad”, pues hasta ahora “no se ha planteado la posibilidad de hacer penetrar a las tecnologías con una meta de desarrollo social”.
Mattelart es reacio a contemplar la Internet y las nuevas tecnologías como una panacea que contribuirá a resolver los conflictos del mundo moderno:
“A falta de un proyecto social, lo que cunde es un proyecto técnico. Entonces la técnica sirve para enmascarar la carencia de una discusión de a dónde vamos, y a dónde queremos llevar a la sociedad.”
Profundiza:
“La técnica sirve de coartada, por eso no es un proyecto social liberador y, en cambio, va asociado a un mercado sin traba y se convierte en una propuesta de desarrollo que acentúa las desigualdades y las injusticias sociales.”
El estudioso que ha plasmado su visión crítica en las obras La mundialización de la comunicación, La publicidad, Historia de las teorías de la comunicación, estima que la llegada y la popularidad de la Internet requiere “de un debate sobre el sistema educativo”, pues hoy, indica, “los sistemas educativos en el mundo son fábricas de la desigualdad social”:
“De qué sirve la Internet si no discutimos lo que es el conocimiento y su construcción. Sin duda da medios para difundir y producir otro tipos de conocimiento, pero sin una reflexión pedagógica se continúa la producción de más adeptos a formas comerciales de apropiación de la tecnología.”
Considera que el pueblo de México es televisual, pero sojuzgado por la miseria de la televisión comercial y lo dice en franca referencia a Televisa y Televisión Azteca:
“La ideología de las nuevas tecnologías de comunicación está impregnada por capas ideológicas anteriores, una de ellas es el entertainment (entretenimiento), por eso es difícil hablar de una pedagogía de la Internet; además, ya estamos metidos en un mundo donde han modelado una manera de presentar los problemas de apropiación tecnológica.”
Alerta entonces:
“Cuando se expanden Internet y las nuevas tecnologías de comunicación en países donde no hay políticas públicas de educación, estas reproducen un sistema educativo elitista. Al darse una situación semejante no se aprovechan las tecnologías, excepto para divertirse.”

La esperanza

El embate del neoliberalismo es tan enérgico que Mattelart  rememora lo escrito en 1994 por el escritor Carlos Monsiváis, en referencia a la prepotencia de la clase dominante: “La globalización significa que nunca más habrá que decir ‘lo siento’”. Y cita un ejemplo:
“Pese a ser una medida anticonstitucional, en la Organización Mundial del Comercio hay la reivindicación de incluir en las constituciones de los países la noción de libertad de expresión comercial, ello significa extender a amplias áreas de la esfera pública la lógica del negocio.”
Señala que “la libertad de expresión comercial es la colonización por medio de la racionalidad mercantil de vastos sectores de la esfera pública”:
“Me parece temerario hacer el parangón entre la libertad de expresión y la libertad de expresión comercial, y suponer que esta última responde a una idea de democracia.”
Residente a lo largo de tres décadas en París, remarca “no esperar nada de las universidades virtuales anunciadas el pasado mayo en Vancouver, ni de los anuncios espectaculares del G7 y del G8, panegíricos de las supuestas bondades de la autopista de la información y de la democracia electrónica”. De ello recalca:
“Si seguimos por esta senda vamos a tener un centro mundial que impondrá en todas las realidades nacionales un proyecto de modernización vertical muy parecido al de los años sesenta.”
Subraya que de continuar tal situación “la tendencia será volver a una concepción de prejuicios etnocéntricos de la evolución del mundo”. Y así se cumplirá el vaticinio de Toffler, quien se decanta a favor de una sociedad superindustrial, para significar “una sociedad completa, de ritmo rápido, que se apoya en una tecnología extremadamente avanzada y en un sistema de valores posmaterialista”.
Sin embargo, Mattelart aclara:
“En cada sociedad surgen personas que ponen en entredicho este modelo de reordenamiento del mundo y sostienen la necesidad de otra opción.
“Un proyecto de integración mundial que excluye de los beneficios 80 % de la población mundial no puede prosperar. Tendrán que anestesiar el cerebro de la gente para lograrlo. Cabe recordar que la realidad forma la conciencia, y en ello Marx tenía la razón.”
Tenaz, combativo, se adhiere a la idea “de que no hay historia para el futuro sin memoria” y denuncia que la globalización “es una noción sin memoria”:
“La utopía es la esperanza y sin esperanza no hay posibilidad de reconstrucción de la democracia. Todos estos núcleos de resistencia -como dice el sub Marcos- a través del mundo, esas luchas ecológicas, las de los campesinos sin tierra, las de las mujeres, los indígenas, los ancianos y las minorías sexuales, son la expresión de una nueva sociedad. No creo exista hoy la posibilidad para una utopía global, pero lo importante es que en cada lugar, donde hay antiguas y nuevas formas de opresión y de humillación, existan personas que se yergan para decir no.”
Para Mattelart estamos en la hora “de los procesos de reconstrucción del pensamiento y también de la reconstrucción del lenguaje”, pues “necesitamos un lenguaje propio para renombrar los procesos y los fenómenos que ocurren en el planeta”.
Si en Historia de la utopía planetaria citaba al subcomandante Marcos cuando se refería “a la guerra generalizada contra los desechables del planeta neoliberal…”, en la conversación hace lo mismo:
“Le asiste la razón al sub porque nos han desposeído de las palabras para nombrar el destino del género humano.”