La dirigente magisterial, entre el priísmo y el foxismo Elba Esther ofrece apoyo para “construir consensos”

La Maestra con “M” mayúscula es una anomalía política, una especie en extinción: es una priísta feliz. Mientras el PRI se desgarra, Elba Esther Gordillo se regodea. Supo colocarse del lado correcto de la historia, supo participar en el Grupo San Ángel, supo vincularse a los “Compromisos con la Nación”, supo tender lazos con Vicente Fox, supo reinventarse a tiempo. Astuta, aguda, aventada. Camaleónica, capaz, combativa. Hoy cosecha lo que sembró fuera del pastizal del PRI. Hoy, igual que ayer, va a terminar parada: con Fox o con el PRI, pero de pie y con poder. No tiene que pelear por las migajas del PRI, no tiene que refugiarse en el foxismo. Tiene detrás de sí a cientos de maestros, a miles de agremiados. Su partido lo sabe y quiere castigarla; Fox lo sabe y quiere cortejarla. No habla como priísta, no se comporta como priísta, no evade como priísta. ¿Será priísta? No habla como foxista, no se comporta como foxista, no aspira a ser foxista. ¿Será foxista? Entre Fox y el PRI, entre Dios y el diablo, ¿a quién elegirá? Quizá ni ella misma lo sepa todavía. Vive, como ha escrito Sabina Berman, en constante movimiento, en continua autodefinición.

¿Congruencia o supervivencia?

-Elba Esther, eres quizá la única gran figura del priísmo que se ha reunido públicamente con Vicente Fox. Hay rumores de tu posible entrada a su gabinete. Parecería que el 2 de julio aún eras priísta, pero el 3 de julio amaneciste foxista. ¿Cómo explicas esa rápida metamorfosis?
-Yo diría que hay una congruencia, una congruencia de mi persona. Tengo mucho tiempo de conocer a Vicente Fox. En los noventa, un grupo de ciudadanos, preocupados por el acontecer nacional, enfrentamos la necesidad de entender el cambio de la sociedad y las transformaciones que se estaban viviendo en México. Entendimos la necesidad de revisar los instrumentos y las formas de hacer política; de concebir la reforma del Estado mexicano como un reto y como un compromiso que pasa indiscutiblemente por la democratización del país. En ese contexto, tuve la oportunidad de conocer a Vicente Fox.
-Pero muchos de los que se reunían en aquel grupo -el Grupo San Ángel, los Compromisos por la Nación- no eran priístas. De hecho, tu actitud de acercamiento con Fox va a contrapelo de tu partido. Dulce María Sauri ha dicho que el PRI no puede colaborar con quienes lo agredieron, lo humillaron, lo insultaron. ¿Por qué tú sí estás dispuesta a colaborar? ¿Es congruencia o simple supervivencia política?
-Vuelvo a insistir, es congruencia. Las personas tenemos que corresponder a nuestra propia biografía. Mi biografía es clara, siempre he estado, estuve y estaré por el cambio del PRI. No por un cambio cosmético. No por un cambio meramente circunstancial, sino por un cambio fundamental que tiene que ver con las grandes transformaciones que la sociedad ha tenido. Hoy tenemos una sociedad más enterada. Más informada. Tenemos que confrontar ideas, confrontar proyectos, intercambiar opiniones, pensar en guiar el país que queremos. México no es patrimonio de un partido, no es patrimonio de un grupo, no es patrimonio de un ciudadano.
-¿Realmente, has sido tan congruente como te percibes? Por ejemplo, en un mitin en Veracruz al que acompañaste a Francisco Labastida durante la campaña, llamaste a Vicente Fox hipócrita y mentiroso. ¿En qué momento Vicente Fox dejó de ser un hipócrita y un mentiroso para Elba Esther Gordillo y se convirtió en el artífice de la transición que ahora dices apoyar?
-Primero quiero plantear que nunca hablé de Vicente Fox como persona, hablé de un partido en particular y mi planteamiento crítico fue a la plataforma de ese partido. Mis preocupaciones son reales. El que tú te sientes, el que tú platiques con alguien, no quiere decir que claudiques a tus principios, a tus concepciones, a tus ideales, a tus visiones de país. Creo que la cultura del silencio ha terminado. Creo que la cultura de la descalificación, de la exclusión, ya no es viable.
-En el ánimo de ayudarte a construir esta nueva cultura, háblanos de tu siguiente puesto en el gabinete de Vicente Fox. ¿Serás secretaria de Educación? ¿Te han ofrecido esa posición?
-En primera, yo no busco chamba. Ni me la han ofrecido ni la estoy buscando. Estoy por un proyecto. Mi convicción, mi formación, mi vocación, es la educación. Soy maestra, soy educadora. Creo que por allí pasan todas las transformaciones que se requieren. Lo que más me importa es el proyecto educativo del país. Ese proyecto lo puedo desarrollar y participar en él desde adentro o desde afuera del gobierno.

Dentro del PRI; todo, fuera del PRI, nada

-¿Qué le llevas a Vicente Fox? ¿Un coto de poder? ¿Los maestros a cambio de una Secretaría?
-No hay trueque. Lo que yo le puedo ofrecer al nuevo gobierno es la disposición al diálogo, a la corresponsabilidad. Ofrezco la disposición de encontrar los cauces y los caminos que nos permitan construir consensos. Ofrezco la crítica constructiva. Es más, aclararía que dentro del PRI he tenido dificultades para plantear mis visiones, mis concepciones, mis creencias y mi voluntad de cambio. Pero he decidido que dentro del PRI tengo que dar la pelea, la he estado dando y la seguiré dando.
-¿Sigues dando la pelea? Ha habido cambios importantes dentro de tu partido en las últimas semanas, hay nuevas comisiones, nuevos liderazgos y tu nombre no está ahí. Parecería que ya claudicaste al PRI.
-No estoy en el partido por cargos o responsabilidades. Estoy por que el partido visualice y entienda que la sociedad se transformó y si alguna gran transición ha habido en este país es la transición democrática.
-Dices que has estado del lado del cambio. Entonces, ¿por qué no alzaste la voz cuando la campaña de Francisco Labastida fue secuestrada por los políticos y las prácticas del pasado, que tanto daño le hicieron?
-Quiero plantear que hubo voces que le hicieron daño al PRI, pero que lo sustantivo no está en las personas. Creo que en el partido cometimos un gravísimo error. No tuvimos la percepción clara ni el diseño estratégico de lo que estaba aconteciendo. La sociedad quería el cambio e hizo suyo el cambio. Hoy debemos reconocer que la pirámide poblacional ha tenido serias transformaciones. Me estoy refiriendo a los jóvenes que requerían un discurso y una estrategia específica y que no fuimos capaces de dárselo. Percibimos el cambio, pero no tuvimos la capacidad de decir en qué consistía el cambio, qué debíamos cambiar, cómo debíamos cambiar. En los círculos donde pude participar expresé esas preocupaciones. Pero, hay que decirlo, en el partido hace mucha falta apertura a la discusión; en aras de la disciplina y la cultura del silencio, hemos cometido el error de no entrar al debate.

¿Foxista de clóset?

-Sin embargo, se te ve muy contenta. Se dice que públicamente apoyaste a Francisco Labastida, pero que en el fondo le apostaste a Vicente Fox. ¿Fuiste una foxista de clóset? ¿No te convenía más a ti y a tu gremio un presidente combativo en vez de un presidente pasivo?
-Eso es falso, y permíteme que lo diga con toda puntualidad. Primero, mi candidato a la Presidencia de la República siempre fue Francisco Labastida. Mi militancia en el partido está allí, pero no concibo posiciones maniqueas. Maniqueas en el sentido de que si estás en tal lado, tienes que estar allí y no moverte. Yo estuve, participé, actué en todo lo que al sector correspondía, quizá no con eficacia. Debo reconocer que cometimos errores.
-Se ha vuelto un lugar común en el PRI decir “no ganó quien no hizo la tarea”. ¿Hiciste la tarea en esta elección o nadaste de muertito?
-Hice la tarea. Recorrí el país. Estuve participando en todo lo que correspondía a mi sector. Pero la estrategia nos falló. No tuvimos la habilidad, la frescura de llegar al electorado con una propuesta de cambio.
-¿Por qué merecen quedarse ahora los priístas cuando no entendieron la lección?
-No se trata de sí merecemos o no quedarnos. Lo que no se puede olvidar es que para construir el futuro hay que revisar el pasado. El PRI ha hecho cosas favorables. Gracias al PRI la sociedad hoy tiene mayor capacidad y conciencia de que su voto cuenta y cuenta bien. Fue con los gobiernos priístas, con el priísmo y con otros esfuerzos, que la sociedad misma se ciudadanizó, se ciudadanizó el Instituto Federal Electoral.
-Muchos argumentarían que fue a pesar del PRI, no gracias al PRI, por lo que se ciudadanizaron las autoridades electorales; que el PRI ha cambiado y ha apoyado el cambio a golpes, empujado por el presidente Zedillo, no por una vocación democrática interna.
-Diría una cosa: el presidente Zedillo es priísta y el gobierno que estaba cuando se llevaron a cabo los cambios era priísta. También en el PRI ha habido conciencia del cambio.
-Nómbrame a cinco modernizadores dentro del PRI.
-Te podría decir que hay… está Agustín Basave, que ha estado trabajando seriamente por esto. Don David Ibarra, un hombre preocupado por que la economía esté más al servicio de la gente, que tenga rostro humano. Te manejaría a…
-Allí está la dificultad, Elba Esther, encontrar a cinco priístas modernizadores que tengan peso político real en el partido, que no sean académicos o escritores…
-Mira, desde una visión especial muy respetable, está planteando el cambio Roberto Madrazo. Lo planteó el propio Labastida. Colosio luchó arduamente con la transformación del partido. Lo que sucede es que el partido creció desde el poder y en el poder y para el poder. Por lo pronto, nadie puede negar la madurez y la serenidad del priísmo para asumir la derrota. No podemos sólo mirar al pasado.

¿Una nueva Fidel Velázquez?

-A ti, en particular, no te conviene no mirar hacia el pasado, porque Fox ha dicho que plantea la democratización sindical. ¿Cómo encargar esa tarea a ti, una mujer conocida como una neocacique sindical, a alguien que impuso a Tomás Vázquez Vigil al frente del SNTE y lo maneja trasmano?
-No quiero personalizar. No soy una mujer perfecta. Tengo muchísimas imperfecciones. Pero también soy una mujer que buscar ser mejor persona. Comprometida con la educación, con el gremio y muy consciente de que la sociedad ha cambiado. Se dice esto, se dice lo otro, pero ¿qué es real? Te puedo decir que hice el cambio estructural más importante del sindicato: la descentralización. No creo que sea el definitivo. Para una reforma educativa de fondo, el SNTE debe reformarse a fondo. Se pueden decir muchas cosas de mí, pero de lo que estoy convencida es de que me atreví a una reforma por un voto secreto, directo a la pluralidad. Finalmente, el Apartado B de la Ley Federal del Trabajo no permite la reelección sindical. A mí me hubiera gustado muchísimo ser reelegida abiertamente, que los maestros calificaran mi trabajo, que vieran en qué había fallado, que opinaran si lo había hecho bien.
-¿Cuánto tiempo más querías estar al frente del SNTE? ¿Cuántas reelecciones sucesivas? ¿Quieres ser la siguiente Fidel Velázquez?
-No tengo vocación de cacique. No tengo vocación de líder iluminado. No lo soy, pero sí soy una dirigente que está comprometida. Primero, con la propuesta de un sindicato democrático, plural, incluyente y propositivo. No soy cacique, soy la presidenta del Comité Nacional de Acción Política. No creo en los sindicatos apolíticos. Hay que hacer política.
-Pero el hecho es que Fox no busca a otras personas del SNTE. Te busca a ti.
-No estoy preocupada de si me busca o no me busca Fox. Quiero ser para Fox una ciudadana, como tantas mexicanas, que esté atenta, que esté alerta para que se hagan bien las cosas, para comprometerme y participar, impulsar y cuestionar.
-Pero, Elba Esther, no eres una ciudadana común y corriente. Eres una ciudadana que tiene poder real, que tiene detrás de sí más de 1 millón de agremiados.
-Pero no a todos les caigo bien. También hay que decir que en el SNTE hay grupos muy fuertes, la Coordinadora, por ejemplo. No siempre coincidimos en estrategias, aunque los objetivos puedan ser los mismos. No soy monedita de oro.
-No eres monedita de oro, pero eres una moneda de peso…
-Creo que en este país tenemos que pasar de los caudillismos o de los personalismos a lo que estamos dispuestos a lograr para el cambio. ¿Cuáles son los asuntos de la agenda nacional? Si debatiéramos quién es Elba Esther, yo te diría: es trabajadora, es comprometida, es responsable, es una mujer que pretende y busca ser congruente. Sé que no soy perfecta, que he cometido muchos errores, pero nadie es como nació. Soy una mujer que ha evolucionado. Me inicié como militante en la izquierda, y en la izquierda radical dura. De ahí pase a otro proceso. Voy evolucionando, voy tratando de entender los cambios en la sociedad. Soy una ciudadana consciente de las transformaciones sociales de un México diferente que no nació el 2 de julio. Nació hace varias décadas.

¿Quién le teme a Elba Esther?

-Eres una ciudadana muy poderosa, tan poderosa que Vicente Fox te busca, se reúnen. ¿Te busca por las credenciales democráticas que estás desplegando hoy o porque reconoce tu capacidad de chantaje, tu capacidad para alebrestar a los maestros y paralizar al país? ¿Debe Vicente Fox temerle a la Maestra con M mayúscula?
-Yo no le temo a Vicente Fox.
-¿Debe él temerte a ti?
-No le temo a Vicente Fox, y como no le temo y tengo respeto por los otros, estoy segura de que él tampoco me teme. Los diálogos que he tenido con Vicente Fox siempre han sido de ideas y en razón de la transición. Vicente Fox y yo no nos buscamos. Ya nos buscamos ayer y nos encontramos, ya tenemos coincidencias. Lo tengo que decir, sin rubores y sin tapujos, como también hay diferencias. Te lo quiero puntualizar, nunca he sido una chantajista. No creo en el chantaje. Creo en el uso de la razón, de la argumentación, de la propuesta. Seguiré defendiendo lo que creo. Ante Vicente Fox y ante el presidente que sea. No soy el monstruo que la intolerancia y la disciplina partidista a ultranza partidista dicen que soy sólo por haber participado en foros un tanto heterodoxos.
-Esas coincidencias que has tenido con Vicente Fox han llevado a que algunos en tu partido te perciban como una traidora. Se dice que pactaste con el enemigo antes de la elección, que no movilizaste los votos. ¿Se convirtieron el 2 de julio los maestros en “Amigos de Fox”?
-Esa es una especulación. Hay en el partido, obviamente, visiones muy conservadoras, intolerantes, que no entienden que los tiempos nuevos obligan a dialogar, obligan a intercambiar propuestas. ¿En qué país democrático, en qué país civilizado no se deben hablar los contrincantes? ¿En qué país o en qué mundo tendríamos que vivir para negarnos al diálogo?
-Pues así gobernó el presidente de tu partido, Carlos Salinas de Gortari, que con frecuencia dijo, “a esos del PRD ni los veo ni los oigo”.
-Sin embargo, te puedo decir mi experiencia personal. Cuando el presidente Salinas gobernó este país, pensó que la descentralización iba a ser una mera medida administrativa. Algunos dijeron que Salinas me había impuesto en el SNTE. Sin embargo, me fui a una reforma estatutaria en 1992, y cuando fui elegida le presenté una propuesta de reforma, administrativa y educativa para la federalización de la educación. Dos largos años de franca y abierta discusión. También en ese gobierno se logró el incremento salarial más importante después de 1972. Después, en razón de la controversia de los libros de texto gratuitos, me movilicé por todo el país y hablé con intelectuales, con historiadores, con partidos, con ciudadanos para hacer ver que el libro de texto no era el que requeríamos en ese momento. Hubo un debate, fijé mi posición y se mejoraron los libros.
-Elba Esther, parecería que eras la Juana de Arco del PRI; la única voz democrática en ese partido…
-No. Había muchos, pero cada quien en su espacio de acción. En ese tiempo, yo estaba en la trinchera de la lucha social, en la trinchera de la educación. No soy una política acabada. Pero incluso en aquel tiempo hablaba de la necesidad de cambio en el partido. Me acerqué a Colosio y le dije: No es posible que estén viendo los conflictos que tiene el sindicato con el gobierno y la enorme soledad en la que el PRI nos ha dejado. Hace mucho que el PRI no tiene un planteamiento serio y profundo con el mundo laboral y con las organizaciones sindicales. No creo en el corporativismo.
-Das la impresión de estar muy enojada con tu partido. ¿Tienes ganas de desafiar al PRI, de decirles, “ustedes, perdedores, allí se quedan y yo me voy con el ganador”?
-No. Yo estoy entre los perdedores. Soy responsable también de esta realidad. Debo tener la humildad para decir hoy y reconocer hoy, que los errores los comparto, no sólo como persona, sino como parte del partido. El PRI no supo poner a tiempo el reloj de su tiempo con el reloj de la sociedad. No es que hubiéramos tenido un mal candidato. No tuvimos una lectura puntual de lo que la sociedad quería. Encontramos a un Vicente Fox que se apropió del cambio con una gran habilidad y que logró hacer del famoso martes negro el “hoy” de su éxito irrefutable. ¡Es una maravilla! ¿Por qué no reconocerlo? ¿Por qué le tengo que negar a mi adversario eso? Esas cosas tienen que cambiar. No estoy retando al PRI.
¿Y la presidencia del PRI?

-¿Y por qué no te quedas tú a cambiar al PRI? ¿Por qué no luchas por la presidencia de tu partido? Tú siempre has dicho que aspiras a ese puesto. Lo has declarado públicamente. Ahora que hay un vacío de poder, un reflujo de fuerzas, ¿no es el momento idóneo?
-Si peleara públicamente por la presidencia del PRI dirías que también estoy entre los grupos que se están disputando lo que queda del PRI. No es un problema de quién va a ser el dirigente del PRI. Lo primero que tenemos que discutir y debatir es dónde están nuestras debilidades y dónde nuestras fortalezas.
-Pero tampoco se ha oído tu voz en la crítica pública al PRI.
-Y es cierto. En eso tienes totalmente razón. Por una razón importantísima, tú misma lo has dicho: tengo un peso, tengo una función y a veces una participación puede distorsionar y trastocar. Yo no ambiciono, bajo instrumentos tradicionales, llegar a ser dirigente del partido.
-¿O será que no quieres provocar olas en un momento en el cual Vicente Fox está considerando tu inclusión en el gabinete?
-No sé si Vicente Fox esté pensando eso o no. Es algo que dicen de muchas partes. Yo respeto lo que se dice. Uno de mis compromisos hoy es mantener la serenidad. Quiero estar serena para la hora en que se abra el debate y la discusión en el partido.
-¿Esta serenidad no raya en el oportunismo de esperar a ver qué puerta se abre para ti?
-Estás siendo injusta, porque nunca he sido oportunista. Para llegar a ser secretaria general del SNTE, mujer, fue muy difícil. Tuve que pasarme muchos años de mi vida luchando entre hombres para poder demostrar que era capaz, que pensaba como los hombres, que también tenía el derecho y las facultades de pensamiento y de razón. Más adelante, cuando participé en el Grupo San Ángel, el propio PRI me satanizó. Se decía, “Elba Esther, no es confiable”. No se quería ver que iba como priísta a confrontar otras ideas y a dar opiniones sobre el PRI. Fui de las personas que ayudó a comprender que la alternancia no necesariamente pasaba por la destrucción del PRI.
-Escribiste recientemente, en un artículo en La Jornada, que el PRI no debe buscar salidas desgastadas. ¿Quiénes representan salidas desgastadas? ¿Sauri? ¿Madrazo? ¿Labastida?
-Insisto, no es un asunto de personas. El problema son los grupos de interés, la cultura del silencio, la política palaciega, el decir, “sí señor, como usted quiera”, y ser incapaz de decir, “esto no” porque no conviene al país. Hay que cambiar la cultura política. Hay que cambiar a los partidos. El propio virtual presidente electo va a requerir de partidos fuertes. El PRI no es el único partido que está en dificultades o que está en crisis. Mira el PRD, mira el PAN. Hoy, los partidos tienen que revisar a profundidad, con gran seriedad, que la sociedad cambió y que las organizaciones tradicionales no les son útiles. Vicente Fox no es un hombre de trayectoria partidista y eso lo sabe todo mundo. Vicente Fox hoy tiene la dificultad de gobernar con un Congreso donde no tienen mayoría ni él ni su partido. ¿Cómo se van a construir estos consensos? ¿Cómo se va a trabajar? ¿Cómo vamos a lograr que el Congreso de la Unión no sea improductivo y, por ende, atrofie el desarrollo de la nación?
-¿No crees que la crisis del PRI es más profunda, ya que entraña una pérdida real del poder, que tuvo en sus manos durante 71 años?
-Te diría, con toda franqueza, que el PRI confronta y enfrenta su reto más severo en toda la historia de su vida, porque el PRI nació del poder y para el poder y con el poder, y ha perdido el poder de la Presidencia.
-Se divide o no el PRI. ¿Cuál es tu predicción?
-Bueno, van a influir varios factores. En primer lugar, habrá que hacer una lectura puntual de que la sociedad cambió. Hoy nuestra agenda no puede ser una agenda de arreglos cupulares, de intereses corporativos. Debemos tener una agenda que a la sociedad le importe: derechos humanos, ecosistema, medio ambiente. Tendremos que revisar seriamente la transformación de la pirámide demográfica. Estamos ante un quiebre civilizatorio, estamos ante una nueva era, en la construcción de nuevos paradigmas. El PRI tiene que entender eso.
-Pero, ¿lo entienden los priístas? ¿A Roberto Madrazo, realmente le preocupa “el ecosistema”?
-Creo que sí. Y les ha de preocupar a muchos y también les ha de preocupar ser o no vigentes.
-¿Qué posición asumirás frente al reto del cambio sindical? ¿Te unirás al frente común contra Fox que está planteando otros líderes sindicales o te irás por la libre con los maestros?
-Creo que no es un asunto de frente común o un asunto de irme sólo con los maestros. Aquí hay un tema de fondo, la agenda social. ¿Cómo garantizar realmente que el empleo sea remunerado con dignidad para garantizar al hombre una vida digna? ¿Cómo resolver el asunto de la felicidad del ser humano?
-¿A eso se va a dedicar ahora el PRI, a garantizar la felicidad de los mexicanos?
-Tiene que abocarse. Tiene que entender el cambio como su oportunidad de transformación. Tiene que ser un partido de verdad. Y yo diría algo que me parece fundamental. En las dos lecciones sustantivas que tuvimos, que fueron Baja California y Chihuahua, en una, no aprendimos, Baja California. En la otra, sí aprendimos, en Chihuahua. La respuesta la tiene el PRI.
-Esos grupos de interés de los que hablabas (dentro del PRI), ¿no van a obstaculizar el proceso de autocrítica?
-Mira, creo que a veces la gente que no nos conoce, circunscribe al PRI a su burocracia, a sus dirigentes, pero el PRI existe territorialmente. Hay 13 millones y medio de mexicanos que votaron por nosotros.
-¿No se les van a ir muchos de esos votos en el 2003?
-Esa debe ser una preocupación para hacerle ver y entender y tener oferta para ese priísmo, revitalizar el entusiasmo de los priístas, renovar la confianza en sí mismos.
-Tú dices que nosotros no los conocemos a ustedes, los priístas, pero ustedes tampoco nos conocen a nosotros, los ciudadanos…
-Las dirigencias debemos tener una lectura lo más cercana posible a la realidad social. Pero no hay que entender al PRI sólo a través del Comité Nacional del partido, a través de los líderes de los sectores. El príísmo está en toda la República. El  PRI somos personas como tú y como yo, de carne y hueso. Es la mujer a la que se le rodaron unas lágrimas porque no ganamos, o la mujer que exige que hagamos las cosas mejor para que en la próxima ganemos. Creo que el reto del PRI no es necesariamente convertirse en una oposición per se, sino más bien en una opción de gobierno. Yo sí creo en la alternancia. Creo que el PRI tiene que buscar ser la alternativa de poder.
-Gabriel Zaíd ha escrito sobre las mafias dentro del PRI. ¿Hay alguien a quien le temas en el partido?
-A la ignorancia, a la exclusión, a la falta de inteligencia, a la falta de tolerancia. A eso le temo, y eso quisiera que cambiara.

Aquí yace una mujer que defendió lo que creía

-En una entrevista afirmaste que a todos alguna vez los presiona mucho la historia. ¿Te está presionando a ti la historia? ¿Te está colocando de espalda contra la pared entre Fox y el PRI?
-Lo que me preocupa de mi historia es, primero, responderme a mí misma si soy digna de respeto. Creo en las congruencias. Me preocupa mi epitafio. Qué hice. Eso es real. Me gustaría terminar sin más cosa que diciendo: “Elba se respetó a sí misma”. No soy dueña de la verdad, te lo reitero.
-Pero te gustaría que tu epitafio dijera: aquí yace Elba Esther, una mujer…
-Aquí yace una mujer que defendió lo que creía. No siempre tuvo la razón, pero siempre dijo lo que creyó.
-Fox ha dicho que quiere formar un equipo de trabajo honesto. De incorporarte a ese equipo, ¿llegarías con las manos limpias, con la conciencia tranquila, sin esqueletos en el clóset, sin cuentas bancarias en Suiza, sin enriquecimientos ilícitos?
-Mira, Denise, se hablan muchas cosas. Económica y financieramente pertenezco a una familia de recursos. Mi abuelo era un hombre económicamente poderoso. Apareció alguna vez en Excélsior como los grandes capitales. Siempre he creído que los políticos tenemos que ser muy claros con la sociedad y que entiendan que somos de carne y hueso, no somos perfectos, no somos robots. Somos como todos, nada más con una vocación, con un compromiso, con un ánimo de hacer cosas.
-¿Crees que los priístas han sido particularmente imperfectos?
-No todos. Hay priístas verdaderamente ejemplares. En los gobiernos de la Revolución hubo hombres grandes, muy grandes. El México de hoy, el México de las instituciones de hoy, estuvo forjado por los gobiernos de la Revolución. No hay duda de que hubo fallas, pero también se crearon instituciones y se hicieron aportes. No comparto las posiciones maniqueas. No todos los que están con Fox son buenos ni todo lo de Fox es bueno. No todo lo que ha estado en el PRI es malo, al final somos personas, somos seres humanos, no somos dioses.
-Has dicho que los políticos priístas no son dioses. Parecería que en la elección del 2 de julio el pueblo de México descubrió que los que creía que eran dioses tenían pies de barro.
-Sí, y también apostó a la esperanza. Si algo me gustó del 2 de julio, fue observar a una gran multitud de ciudadanos participando. Al principio me decías  que me veías contenta, y sí, estoy muy contenta. Me dio mucho gusto ver que en el pueblo haya esperanza, pero también quiero decir algo: Hay un gran compromiso por las expectativas que ha despertado Vicente Fox. El poder transforma, el poder cambia. Ojalá dentro de algún tiempo, cuando me vuelvas a entrevistar y hablemos del nuevo gobierno que tomará posesión, no concluyamos que tuvo los pies de barro.