Señor director:
Le ruego dar cabida en su prestigiado semanario a la siguiente carta, dirigida a su colaborador Enrique Semo.
Muy apreciable don Enrique:
Es verdaderamente incomprensible, por no decir indignante, la tesis que sostiene en su artículo de Proceso 1235 sobre la supuesta derrota de Cuauhtémoc Cárdenas.
Por una parte, le reconoce al ingeniero haber sido el principal impulsor del cambio democrático en nuestro país y ser un hombre íntegro y consecuente, de principios firmes y voluntad inquebrantable, y, por la otra, hace una serie de insostenibles lucubraciones para terminar afirmando que “en la carrera de la modernidad, Fox y el PAN aprendieron más aprisa y mejor que Cárdenas y el PRD”.
Dice usted, por ejemplo, que “… el discurso inspirado en ‘las ideas avanzadas de la Revolución Mexicana’ carecía de sentido para la mayoría juvenil del electorado…”. Entonces, el acto extraordinario de Cárdenas en la UNAM, ¿no significó apoyo entusiasta de los jóvenes? Las votaciones previas al 2 de julio, que realizaron los jóvenes en varias universidades públicas y que dieron el triunfo a Cuauhtémoc por amplísimo margen, ¿no revelaron nada? Ahora bien, si los jóvenes a los que usted se refiere son los
yuppies o los alumnos del ITAM, del Tec de Monterrey o de la Universidad Anáhuac, ahí sí es otra cosa: a ellos les enseñan la versión empresarial de la historia de México…
En otras palabras, los principios, los valores, la integridad, congruencia y patriotismo que usted reconoce en Cuauhtémoc Cárdenas nada tienen que hacer frente a la mercadotecnia que, a base de millones de pesos, logró vender a la mayoría de los mexicanos un producto chatarra. (Toda similitud con la Coca-Cola es pura coincidencia.)
Si algún problema grave hemos tenido en la historia de nuestro país ha sido, precisamente, el de una política sin principios y de gobernantes sin valores éticos. Los únicos dos presidentes que sí los aplicaron, Benito Juárez y Lázaro Cárdenas, son, casualmente, los hombres más respetados y admirados de nuestra historia moderna. Claro que su vida, obra y pensamiento no se estudian a fondo en las universidades privadas.
La realidad es que en la pasada elección el sistema (hoy representado por los tecnócratas neoliberales, bajo el liderazgo indiscutible de Carlos Salinas) jugó con dos candidatos: uno falso, Labastida, destinado a perder desde el principio y a que, además, arrastrara en su caída al ya pestilente PRI; y el otro, el real, Vicente Fox, que les garantizaba la continuidad del proyecto neoliberal sin turbulencias, sobresaltos ni violencia y, además -gracias a la modernidad publicitaria-, convenciendo a la gran mayoría de que su triunfo es la victoria tan soñada de la democracia.
Es verdaderamente lamentable que nuestros intelectuales caigan tan fácilmente en estos juegos -inteligentes pero perversos- y terminen ahogados en la contradicción, en lugar de defender y luchar por lo verdadero. Pero, en fin, qué importa si ya Jorge G. Castañeda puso el ejemplo…
Atentamente
Licenciado Héctor Cárdenas San Martín
Adolfo Prieto 1025 Colonia del Valle
Distrito Federal








