Señor director:
Difiero del artículo de Proceso 1236 titulado La agonía del PRI empezó con De la Madrid, Salinas lo desahució y Zedillo lo enterró.
A mi juicio, la muerte del PRI se inició con los crímenes de 1968 y de junio de 1971, así como con la demagogia de Echeverría que puso fin al “desarrollo estabilizador”. En 1968, los estudiantes fueron manipulados por líderes ocultos -que luego aparecieron incrustados en el gobierno- con el objeto de influir en la sucesión presidencial y llevar a Echeverría a la Presidencia. De allí, al caos.
En efecto, el populista y estatista Echeverría, so pretexto de combatir la pobreza, puso fin al desarrollo estabilizador, exterminó fuentes de riqueza expropiando a diestra y siniestra, desató la inflación, demolió la educación -introdujo el libro de texto marxista y la instrucción por áreas- e hizo crecer el sindicato de manera monstruosa, además de convertir a las universidades públicas en botín de políticos sin escrúpulos.
Su sucesor, otro populista, demagogo y frívolo, en lugar de conducirnos a “administrar la abundancia”, nos llevó a la primera gran crisis económica de nuestra historia reciente, con su absurda expropiación de la banca y la escalada inflacionaria. Además, ofendió al pueblo con el “orgullo de su nepotismo” y su ostentosa mansión en la Colina del Perro.
En el sexenio de De la Madrid, el pueblo identificó la Renovación Moral con la “renovación del morral”, pues entonces la inflación
llegó a 180%, la corrupción se agudizó y se gestaron las enormes fortunas que enardecieron al pueblo al compararlas con su propio
empobrecimiento.
Salinas nos condujo, por su egocentrismo, al error de diciembre y nos empobreció aún más. Llegó a la escandalosa cifra de 40 millones de miserables y acabó con las clases medias debido al brutal incremento de las tasas de interés.
La caída del PRI no hay que verla únicamente en el propio partido, sino en los enormes actos de corrupción que el pueblo conoce y que no puede soportar más -como los 85 millones de dólares del “hermano incómodo”, la disputa por el poder, los asesinatos políticos, la presunta vinculación con el narcotráfico de un exsecretario de Gobernación, la protección brindada a Villanueva Madrid, el caso de Espinosa Villarreal, por citar unos cuantos ejemplos.
Era grande la burla y demasiado el cinismo. Por ello el pueblo votó en masa por Vicente Fox, un gran líder valiente que supo captar la indignación popular y echársela en cara al PRI-gobierno, ofreciendo la esperanza cierta de un gran cambio que nos restituya nuestra dignidad. Lo único que le falta a Fox es reconocer suficientemente que Maquío le abrió camino. (Carta resumida.)
Atentamente
Ingeniero José A. Ruiz de Chávez B.
Distrito Federal








