Minimiza FEMSA el cierre del Museo de Monterrey

Judith Amador y José María Alanís

MONTERREY, NL- Hace más de 20 años, cuando el Museo de Monterrey era una institución naciente, su primera directora, Carmen Barreda, vaticinaba que en 10 años sería la Meca de la cultura. Hoy el museo está muerto.
Pero Barreda no equivocó el pronóstico que daba a este semanario en 1980. El museo creado por el grupo Visa en noviembre de 1978, llegó a ser un real detonante del boom artístico en la ciudad de Monterrey, que algunos miraban entonces como un semidesierto cultural  abierto sólo al desarrollo industrial.
Impulsada por los empresarios regios, la cultura parecía convertirse entonces en campo exclusivo de las grandes inversiones y alejarse del interés estatal. Se acusaba a los industriales de utilizarla como parte de una imagen corporativa publicitaria y de ver al arte como una llana inversión.
Y, ciertamente, Monterrey ha llegado a ser una de las primeras capitales del mercado del arte y cuna de los considerados “más importantes” coleccionistas del país, entre ellos Estela Elizondo de Santos, el senador panista Mauricio Fernández Garza, el presidente del grupo Fomento Económico Mexicano S.A. (FEMSA) que financiaba al Museo de Monterrey (MM), Eugenio Garza Lagüera, Margarita Garza Sada de Fernández, Diego Sada, Lidia Sada, Yolanda Santos de Garza Lagüera, Generoso Villarreal y Lorenzo Zambrano (Proceso 981).
A lo largo de sus 22 años, el MM logró hacerse de un público. En 1992 se registraban alrededor de 300 y 350 mil visitantes anualmente y funcionaba con entre  mil 500 y mil 800 millones de pesos anuales.
De acuerdo con Jaime Toussaint Elosúa, director de comunicación y relaciones públicas, y Laura E. Solano, directora de relaciones con inversionistas y comunicación corporativa, ambos de FEMSA, el cierre del museo no obedeció, sin embargo, a motivos económicos.
Entrevistados en sus oficinas, aducen un largo periodo de reflexión sobre las “necesidades muy tristes” de  sectores de la comunidad regiomontana que los llevaron a “reorientar” sus actividades filantrópicas hacia tres objetivos: apoyo a las familias desprotegidas, educación y ecología.
Pero tan misteriosos como la estela que ha dejado tras de sí el cierre del recinto, son los proyectos concretos. Garantizan estar trabajando ya en ellos para darlos a conocer en breve a la opinión pública.
Sólo citan como antecedente en el campo de la educación el Tecnológico de Monterrey, de carácter privado, y de la ecología su contribución a la reforestación de Chipinque, luego de los incendios forestales que lo azotaron.

Fin a una etapa de mecenazgo

En el viejo edificio de la Cervecería Cuauhtémoc, identificado fácilmente por su refrescante enredadera, el silencio se ha apoderado de los espacios antes destinados para el arte. Nadie quiere decir nada, “están prohibidas las entrevistas”, dicen ahí. Y de no ser que se trate de un artista que justifique plenamente su presencia en el sitio, la entrada está vedada.
En la soledad de su salón principal, de frente a la oscuridad de la que fuera su tienda y con las viejas tinajas metálicas que sirvieron para la fabricación de cerveza en el piso superior, se antoja pensar que tal vez por las noches revivan los murmullos de los 4 millones de visitantes que de noviembre de 1977 a mayo de 2000 recorrieron el recinto, los cuales representan un promedio de alrededor de  181 mil 818 personas al año, 15 mil al mes y 505 diariamente.
Hoy, en su afán por justificar el cierre, los funcionarios de FEMSA minimizan las cifras:
“Tampoco era tantísima la gente que iba”, dice Solano y añade que muchos de los que asistieron a despedir al MM el pasado 28 de mayo lo hacían por primera vez. “Era el morbo”, opina Toussaint. Con cierta frivolidad, la funcionaria ejemplifica con una alberca en desuso, y al decidir el dueño construir ahí otra cosa, los familiares pegan el grito en el cielo, cuando en realidad no habían mostrado interés anteriormente.
Admiten, eso sí, como lamentable el cierre del museo pero aseguran que el grupo empresarial no le ha dado la espalda al arte y que se mantendrá unida la colección de mil 418 obras nacionales y latinoamericanas, entre las que se encuentran piezas de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Gerardo Murillo Dr. Atl, artistas considerados  monumentos nacionales por lo que sus obras no pueden venderse al extranjero.
Su objetivo es organizarla en diferentes exposiciones temáticas que itinerarán tanto en México como en el extranjero, aunque tampoco hay nada concreto aún. Garantizan también la continuidad de la Bienal de Monterrey y la permanencia dentro de la empresa de Rosa María Rodríguez como responsable de la conservación y mantenimiento del acervo artístico.
Lo cierto es que con la misma decisión con la que los industriales decidieron fundar y financiar un recinto cultural, hoy resuelven desaparecerlo, con lo que se cierra parte de la historia del famoso mecenazgo regiomontano.

No todo es cultura industrial

Para el escritor Joaquín Hurtado, consejero del Consejo para la Cultura (Conarte) de Nuevo León, el cierre del recinto muestra la falta de compromiso con la sociedad de la iniciativa privada. Lo califica de injustificado porque no pueden argumentar falta de dinero:
“Ellos son vendedores de cerveza y ésa nunca deja de consumirse, más bien fue un capricho.”
Compañero y camarada de artistas como José Chávez Morado y Siqueiros, con quien compartió, además, el encierro en Lecumberri, el militante de izquierda Encarnación Pérez, exdiputado federal por Nuevo León del hace años desaparecido Partido Socialista Unificado de México, coincide con el escritor:
“Los empresarios guían sus utilidades por la ganancia, por el beneficio económico. Su lema es: negocio que no deja, dejarlo, y antes que impulsar la cultura para las mayorías, ponen delante las ganancias. Por eso es explicable esa política.”
Y no augura un mejor porvenir:
“Esa política se reforzará ahora con el triunfo del Partido Acción Nacional, porque Vicente Fox es producto directo de la gran empresa, ha ocupado puestos en la Coca-Cola y tiene negocios. Es lógico que estén felices por tener uno de ellos -pongamos que no de los grandes dueños, pero sí un alto empleado- en la Presidencia de una República como es México.”
Al reclamar el derecho de los ciudadanos a gozar del arte como un servicio público, Pérez rechaza la idea de que la cultura de Monterrey tuviera bonanza a partir del impulso industrial.
José Luis Amores, exdirector del MM y actual titular del Museo de Historia Mexicana, remonta al florecimiento cultural de la ciudad en el siglo XX al período del exilio español, cuando inmigrados como Alfredo Gracia Vicente y Justo Elorduy fundaron la librería Cosmos.
Vendrían luego, en los setenta, los impulsos a la plástica con la primera galería comercial creada en 1972 y el primer museo de arte que fue el MM.
Sociólogo por la Universidad de Monterrey, el columnista del periódico Regio, Raúl A. Rubio Cano, va más atrás al referirse a una cultura popular  surgida con el origen mismo de la ciudad y que ha pretendido ser minimizada por  la “nueva cultura empresarial” por cuestiones relacionadas incluso con luchas sindicales.
El también creador del Museo Regional de Historia sopesa los intereses del grupo FEMSA y concluye que es mejor negocio una pista de carreras como la que se pretende construir en Parque Fundidora que un museo.
Y pone en tela de juicio la cultura de los industriales, pues, señala, destruyeron el valle de Monterrey, las culturas ancestrales indias y negras, y la cultura obrera, convirtiendo a los trabajadores “en sometidos”.
En el balance sobre la participación de la iniciativa privada en el desarrollo cultural de los regios, Alejandra Rangel, directora de Conarte, pide no olvidar las aportaciones de la Universidad Autónoma de Nuevo León, las de los obreros de empresas como Fundidora y de los españoles exiliados, entre otras.
“Hay muchos elementos que analizar, no se puede decir que la vida cultural inicia en la década de los setenta.”
Como funcionaria, menciona también la política cultural del gobierno estatal que desde junio de 1995 dio creación al Conarte. Pero parte de sus magnos proyectos, la Cineteca-Fototeca, el Centro de las Artes y la Pinacoteca Estatal, ubicados en el parque Fundidora, se ven amenazados ahora por la construcción del autódromo.
Acerca del cierre del MM se le pregunta a la funcionaria, esposa del prominente empresario Eugenio Clarión Reyes, si el gobierno del estado pensó en algún momento en la posibilidad de rescatar el espacio mediante un subsidio. Se muestra entonces respetuosa del tan enarbolado derecho ajeno:
“Desde el punto de vista de la legalidad, es una organización eminentemente privada y el Conarte es un organismo público descentralizado que no tiene tales funciones y bueno, pues hay que ser respetuosos con las otras instituciones.”
Remata:
“Es competencia de la iniciativa privada decidir sobre su espacio, el gobierno no puede decir ‘nosotros lo subsidiamos o hacemos esto’ porque ellos tienen sus objetivos específicos para ese espacio.”