Carlos Castillo Peraza
La democracia nos está saliendo cara. A los contribuyentes, por supuesto, ya que quienes no pagan impuestos gozan gratis de la política.
En cualquier hipótesis, el gasto ha valido la pena, visto lo que ha logrado el Instituto Federal Electoral en materia de padrones, credenciales y eficiencia y limpieza en el conteo de los votos de los mexicanos, vieja demanda y añorada meta de tantísimos. Llama la atención, en estos días poselectorales, la forma y el tono en que, hasta el día mismo de los comicios federales, no pocos de los coautores de las leyes, las instituciones y los instrumentos para el buen emitir y mejor contar de los sufragios pusieron en duda sus propios logros. Notable fantasía que preparaba impugnaciones de resultados, si eran favorables al PRI.
No es menos notable que, lograda la alternancia tan soñada, salgan de las filas priístas y perredistas voces que invocan conspiraciones que habrían logrado engañar a la mayoría de los electores. En antidemocracia, o en muy superficial cultura democrática, este par padece del mismo morbo: sólo hay democracia cuando ellos ganan.
Que a Fox lo hizo presidente la mercadotecnia, dicen. Puede ser, pero especialistas en marketing abundaron en los cenáculos de Labastida y de Cárdenas. Y no se tentaron el corazón para utilizar las peores escenas y las menos dignas difamaciones para mermar el apoyo al panista. Que Zedillo “allanó” el camino a Fox, ha dicho con una mezquindad inaudita pero esperable el tres veces derrotado Cuauhtémoc Cárdenas, olvidando hasta dónde fue capaz de coincidir él con el discurso denigratorio priísta contra el abanderado del PAN y el PVEM. El mismo ritornello brota de los labios de algunos de los más jurásicos voceros del PRI. (Al parecer, el PRD y el PRI ya encontraron al nuevo Salinas para convertirlo en diabolus ex machina de sus amargadas y poco democráticas lucubraciones: se trata de Ernesto Zedillo Ponce de León.)
Ahora, el PRI regurgita otras dos culpabilizaciones: fueron “los tecnócratas y el Fobaproa”. Ya he señalado que el “rollo” acerca del Fobaproa -de matriz perredista- no sólo incluía al tricolor, sino también al PAN, y que a pesar del ruido, los coacusados cosecharon 80% de los votos de los mexicanos. Así que el argumento penitencial no se sostiene. Y el de los tecnócratas, menos: todos los que lo invocan fueron empleados de aquéllos y nos cantaron las bondades de la tecnocracia hasta que llegó la derrota. Y es que, en el mundo de hoy, complejo como nunca, ¿puede pensarse en un gobierno sin técnicos, sin especialistas? A mayor abundamiento, ¿no es el proferidor de estas imputaciones, don Carlos Rojas, de cuyo talento no tengo la menor duda, uno de los más conspicuos técnicos, en cuyas manos priístas han estado los destinos de buena parte del país? ¿Y será él, un hombre de ojos abiertos al futuro, quien venga a decirnos que el PRI bueno era el del pasado, al que precisamente él combatió en otras épocas?
Se dice también ahora que las ingentes cantidades de dinero utilizadas en campaña dieron el triunfo a Fox. ¿Fue el único que gastó a mansalva? No. Como se sabe, la ley establece que el grueso más grueso de los gastos de campaña provenga del financiamiento público. Y la vigilancia de estos mares ha estado a cargo de celosísimos guardiamarinas de todos los partidos, atentos y suspicaces para desnudar cualquier desliz de sus competidores y congéneres. Pero, además, allí están las cuentas del Instituto Federal Electoral para desmentir tales dichos y, como se verá, también para medir cuál de los partidos o alianzas fue el que mejor empleó su cuota de recursos del erario, es decir, de nuestros impuestos.
Veamos: el PAN recibió para gastos de campaña del año en curso 335 millones 767 mil 829.30 pesos; el PRI, 455 millones 120 mil 507.41; el PRD, 326 millones 705 mil 109.66; el PT, 105 millones 152 mil 662.47; el PVEM, 116 millones 946 mil 859.98; Convergencia por la Democracia (CD), 26 millones 793 mil 859.37, igual cantidad a la que recibieron para tal propósito cada uno de los demás contendientes, es decir, el PCD de Manuel Camacho Solís, el PARM, Alianza Social (PAS), Partido de la Sociedad Nacionalista (PSN) y el PDS de Gilberto Rincón Gallardo.
Ahora bien, PAN y PVEM se aliaron en torno de Fox, lo que hace pensar que, para la campaña, contaron con 452 millones 714 mil 689.28 pesos. Como consiguieron para su candidato 15 millones 988 mil 740 votos, esto significa que cada sufragio por su abanderado, en términos de impuestos, costó 28.30 pesos. Al PRI, cada papeleta cruzada por Francisco Labastida Ochoa (13 millones 576 mil 385 votos) le salió en 33 pesos del erario. Al PRD, aliado con PT, CD, PSN y PAS, cada sufragio en favor del candidato eterno, don Cuauhtémoc Cárdenas (6 millones 259 mil 48 votos), le costó 81.80. Por cada sufragio en pro de don Manuel Camacho (208 mil 261), los contribuyentes apoquinamos 128.65 y por cada voto en favor de don Gilberto Rincón Gallardo (592 mil 075), 45.25. De don Porfirio Muñoz Ledo y el PARM ni hablemos, porque, como dijo el poeta en relación con la lujuria, “es cosa que ha de callarse”.
Cabe señalar, antes de seguir con este razonamiento, que cada partido cuenta para su vida ordinaria del año con una suma igual a la de “gastos de campaña” y que puede encauzar aquélla a la campaña misma, es decir, puede, al menos teóricamente, duplicar los recursos públicos para competencias electorales. Y añadir, así mismo, que puede conseguir para tal propósito un porcentaje -que marca la ley- de recursos privados. Dicho de otro modo, para el cálculo en curso únicamente tomamos en cuenta la suma de recursos públicos bajo el renglón “gastos de campaña”.
Con estas acotaciones hechas, podemos afirmar que el PAN-PVEM fueron los partidos más “productivos”, pues cada voto por Fox les salió en 28.30. O, más precisamente, la Alianza por el Cambio fue la que logró más votos con menos impuestos pagados por usted y por mí. En el otro extremo del espectro, los votos que más caros nos salieron fueron los de don Manuel Camacho Solís: 128.65 por boleta cruzada. Y mire que cosa: cada sufragio para el ingeniero Cárdenas, el del tres y van cero, nos costó 81.80. Por el voto cuauhtemista pagamos más que por el priísta, el panista y el rinconista. Sin contar, por supuesto, lo que desembolsamos los contribuyentes por la propaganda del gobierno federal y del gobierno de la Ciudad de México, enfocadas a hacerles el camino más fácil a don Francisco y a don Cuauhtémoc, respectivamente. En total, el costo promedio por voto emitido fue de 39.90 pesos. Por debajo de éste se encuentran los votos foxista y labastidista. Por encima, el cuauhtemista, el rinconista y el camachista.
De los tres “grandes” -así se les calificó al inicio de la campaña; al final sólo quedaron dos: PAN y PRI-, el más productivo fue el PAN y el menos productivo, con mucho, el PRD, que con más dinero que sus competidores, no logró ni la mitad de votos… ¡que el segundo lugar! De los dos “micros”, el de Camacho Solís, con la misma cantidad de dinero público que el de Rincón Gallardo, no consiguió ni la mitad de votos que éste.
Pero hay algo más grave: de los cuatro partidos que se aliaron con el PRD no sabemos el número de votos. Ignoramos si algún mexicano votó por ellos y, a pesar de esto, obtendrán su registro definitivo y el acceso al maná de los fondos que aportamos los contribuyentes. Mal negocio para nosotros, los que pagamos impuestos. Aunque, políticamente, no tan malo como para el PRD que, por andar enamorado de las etiquetas, no sólo gastó más para conseguir menos votos, sino que perdió recursos en la distribución que se hará el año que viene. El negocio del año lo hicieron el PT, el PAS, CD y el PSN que, sin candidato presidencial, pueden colgarse de la ubre presupuestal y se aseguran rica vida sin demostrarnos que la merecían. Camacho Solís, al menos, puso la cara y corrió el riesgo. Rincón Gallardo, lo mismo, más una campaña seria, intensa y en todo el territorio nacional. Hay aquí una injusticia y también algo parecido a un fraude a los contribuyentes por parte de los aliados del PRD.
Los “aliaditos” del ingeniero, por otra parte, probablemente lo abandonarán una vez obtenidos registro, curules y subsidio gratis, para entrar al mercado de los votos en el Poder Legislativo. Y el PVEM, que hizo el negocio de su vida aliándose con el PAN, ya anunció que en las Cámaras actuará por su cuenta, lo que, en buen romance y de acuerdo con lo que vimos durante tres años en la de Diputados, significa que venderán sus manos alzadas al mejor postor: así consiguieron que la edad para ser senador bajara, precisamente a los años que cumple el hijo de don Jorge González Torres, pashá de la política mexicana como pocos. Ya veremos cuánto tarda en presentar sus facturas.
Pero, realmente, el campeonato de la desvergüenza es para uno de los socios de don Cuauhtémoc, el inefable señor Riojas, propietario del Partido de la Sociedad Nacionalista (PSN). Sin mover un dedo, y por cuenta de nuestros impuestos, ya se zambulló en los dineros públicos por tres años y logró, gracias a su comandita simple con el PRD, algo único en la historia políticoelectoral del país: una diputación federal para él, otra para su esposa y una más para su hija. He aquí a la nueva familia feliz. Más feliz que cualquier otra -las hay en todos, basta revisar las listas de legisladores federales- de cualquier otro partido -don Cuauhtémoc no llegó, su hijo Lázaro sí-, pues, como suele decirse, “todos los Riojas la hicieron”. Pomposamente, falsamente, se cobijaron bajo el paraguas de una “alianza por México”. ¡Qué pequeño y doméstico les resultó el país! Y hubo quien les brindó tal coartada.
Cuando se ven casos como éste, el justificado entusiasmo que genera pagar por la democracia se nos va al suelo. Y concluimos que hay que mejorar las reglas de nuestro sistema electoral y de partidos, para que no nos hagan tontos estos políticos tan vivos.








