La SEP y las evaluaciones internacionales

Regreso hoy a una promesa incumplida. Hace dos meses (Proceso 1229) hice un recuento de los estudios de evaluación del aprendizaje que ha realizado la SEP en este sexenio y mostré que, pese a su número e importancia, las autoridades han dado a conocer sus resultados sólo parcialmente; la opinión pública sigue sin saber cuánto están aprendiendo efectivamente los alumnos del sistema educativo respecto al currículum establecido. Ahí mencioné que afortunadamente se van multiplicando las evaluaciones internacionales en las que México participa, y prometí ocuparme del tema.
También respecto a los resultados de estos estudios internacionales, se advierte una actitud recelosa de la SEP; si en el caso de las evaluaciones nacionales recurre a encubrimientos o a una presentación mañosa de los resultados, en el de las internacionales se muestra renuente a aceptar cualquier resultado que sea desfavorable a nuestro país. No sabíamos que entre las atribuciones de la SEP figurara la de defender una imagen impoluta de la educación del país.
Recorro algunos casos que han trascendido al público; no sería extraño que hubiera otros que la SEP oculta.
A principios de este sexenio, México fue invitado a participar en un estudio internacional para medir el analfabetismo funcional de la población adulta, o sea el grado en el que los que han aprendido a “leer y escribir” dominan y utilizan en su vida cotidiana esas capacidades; se trataba de sumarse a una evaluación en la que estaban participando Alemania, Canadá, Estados Unidos, Holanda, Polonia, Suecia y Suiza (OECD, Literacy, Economy and Society. Results of the First International Adult Literacy Survey, 1995; Proceso 1016). El gobierno mexicano rehusó la invitación alegando que ya participaba en otro estudio semejante organizado por la oficina de la UNESCO para América Latina; este último estudio, sin embargo, enfrentó serias dificultades tanto financieras como metodológicas, por lo que apenas hace dos meses se han publicado sus resultados (Infante, Isabel, Alfabetismo funcional en siete países de América Latina, UNESCO, Santiago, abril 2000). Queremos suponer que las autoridades educativas conocieron las conclusiones desde hace tiempo (la parte de México fue trabajada por el INEA y la UPN con muestras levantadas en el Distrito Federal, Monterrey y Mérida), pero no han hecho, hasta el momento, comentario público alguno. Sería muy importante dar a conocer las dimensiones y características del analfabetismo funcional de nuestra población, dato fundamental para apreciar la realidad educativa nacional. A la luz del promedio de grados de escolaridad del país, inquieta uno de los hallazgos de este estudio: que “un dominio básico del alfabetismo” requeriría siete o más grados de educación básica y que “un buen nivel de competencias” que permita “una alta inserción en el trabajo” requeriría 12 o más (p. 11 y 180).
Poco después, vino el caso del Tercer Estudio Internacional de Matemáticas y Ciencias (conocido como TIMSS), realizado por la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo (IEA) con sede en Holanda. Era el estudio de evaluación curricular en esas áreas de mayor escala que se había emprendido, y en él participaron 41 países, entre ellos dos latinoamericanos, Colombia y México. Se evaluaron los conocimientos y habilidades de los alumnos de séptimo y octavo grados en matemáticas y ciencias, investigando los “factores asociados” de la escuela, el profesor y la administración escolar, y distinguiendo el currículum propuesto, el desarrollado y el efectivamente logrado. Un especialista afirma que México quedó en antepenúltimo lugar y “no permitió que se publicaran sus resultados” (J. Rivero, Educación y exclusión en América Latina, Madrid, Niño y Dávila, 1999, p. 442). Se rumora que se adujeron dos razones: que nuestros resultados eran muy malos y que se temía desalentar a los maestros si se publicaban.  El hecho es que se retuvo esta información al conocimiento público, pese a su trascendencia. Colombia, en cambio, que quedó en penúltimo lugar, apreció el estudio como “fuente de datos importantes para investigar los principales factores que están determinando el bajo aprovechamiento de la educación en ciencias y matemáticas en el país.” (Ministerio de Educación, Bogotá, 1997). En círculos internacionales, México es el hazmereír por este comportamiento.
Un tercer caso es el del Primer Estudio Internacional Comparativo sobre Lenguaje, Matemática y Factores Asociados en Tercer y Cuarto Grados (UNESCO-OREALC, Santiago, 1998), realizado en 1997 en 13 países latinoamericanos, entre ellos México, por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación. La investigación se orientó a responder cinco preguntas: qué aprenden los alumnos, cuánto aprenden, qué competencias adquieren, cuándo lo aprenden y en qué condiciones; tomó como referencia el currículum propio de cada país. Al darse a conocer los resultados a los respectivos gobiernos, México argumentó “no haber recibido un informe técnico suficientemente detallado sobre la metodología utilizada para el cálculo de los valores nacionales y, por tanto, no pudo validar los propios” (Laboratorio Latinoamericano, p. 12). He preguntado a los organizadores en Chile si ya habían enviado el mencionado “informe técnico detallado” a la SEP y me han contestado afirmativamente; sin embargo, los resultados no han sido comentados públicamente por nuestras autoridades y serán muy pocos los mexicanos que tengan acceso a ellos. En este estudio México queda ubicado, por las calificaciones obtenidas por sus alumnos, a veces ligeramente por debajo, a veces ligeramente por arriba del promedio regional (dependiendo si se trata de matemáticas o de lenguaje, de tercero o de cuarto grado).
Más recientemente, personas cercanas a la SEP e interesadas en el tema informan que México está participando en el estudio “Indicadores de Logro Académico” (PISA) de la OECD que evaluará los conocimientos en matemáticas, ciencias y, sobre todo, lenguaje, así como en otras áreas llamadas “transversales” entre alumnos de 15 años de edad. Se pretende evaluar, cada tres años, un área en profundidad (“mayor”) y las otras más superficialmente (“menores”); este año la mayor fue lenguaje y las menores ciencias y matemáticas. Las áreas transversales tienen que ver principalmente con habilidades de pensamiento y hábitos de estudio y una prueba opcional sobre alfabetismo computacional (cuyos resultados serían interesantísimos para México). Este estudio ha suscitado tantas expectativas que aun países que no pertenecen a la OCDE como Brasil y Chile han solicitado participar. Los resultados estarán listos a finales de este año; ¿llegaremos a conocerlos?
No se cae el mundo por aceptar y publicar los resultados que obtiene un país, aunque sean desfavorables. Y no sólo no se cae el mundo, sino que una evaluación desfavorable es ocasión de rectificaciones; los bajos resultados que obtuvo Estados Unidos en matemáticas en la segunda aplicación del TIMSS (llamado SIMSS) condujeron a una reforma curricular de gran envergadura en estas materias. Para eso se hacen las evaluaciones, no para sacar estrellitas en la frente.
He bajado de Internet estas noticias recientes de Argentina (20 de abril): “Se dan a conocer los resultados de las evaluaciones de los estudiantes de primaria y secundaria. La prueba de 1999 que abarcó a 150 mil alumnos de escuelas públicas y privadas de todo el país, fue la séptima, dado que se iniciaron los operativos evaluativos en 1993; no ha habido mejoras a nivel nacional. Hay graves fallas en lengua y matemáticas; los que peor rinden son los chicos de las provincias más pobres. El grado más golpeado es el séptimo: de 66.9% baja a 59.2% en lengua, y de 60.3% a 53.4% en matemáticas… La mitad de los alumnos de quinto año en Catamarca no está en condiciones de comprender un texto con ideas (sic)”. Y el comentario periodístico analiza las calificaciones relacionándolas con el PIB de las provincias y los diferentes costos unitarios.
También los resultados del estudio del Laboratorio Latinoamericano fueron presentados en público por los ministros de Educación en Brasil y Argentina y comentados por los de Chile, Cuba, Colombia y Venezuela. Uno se pregunta: ¿es tan frágil el Estado mexicano que esta información resulta de alta peligrosidad política? ¿O somos tan hipersensibles que no podemos soportar la verdad sobre nuestra educación? ¿Así pretendemos entrar a la era de la globalización? Por lo pronto, averiguar la verdad sobre el estado de la educación en el país requiere de habilidades detectivescas ¿No consiste la democracia también en que sea pública la información que debe ser pública?
En vez de dar a conocer los resultados del aprendizaje de las evaluaciones hechas, la SEP recurre ahora a una típica medida de componenda con la que pretende lavar su imagen: el Consejo Nacional de Participación Social contratará a una empresa que encuestará las opiniones de los padres de familia acerca de la calidad de la educación (La Jornada, 29 de junio). Son importantes estas opiniones, sin duda, pero nada sustituye la información de las evaluaciones directas.
En conclusión, en la apreciación del sexenio educativo que termina habrá que reconocer que esta administración realizó muy valiosos esfuerzos para mejorar los sistemas y mecanismos de evaluación del aprendizaje de los alumnos, pero en contrapartida tuvo temor de dar a conocer con honestidad sus resultados, tanto los de evaluaciones nacionales como los de internacionales; se quedó a medio camino. ¿Las razones? Las guardó en su real pecho.