Jorge Arana enfrentará, cuesta arriba, a Francisco Ramírez Acuña Ante el panismo jubiloso, el PRI presenta un candidato de unidad

GUADALAJARA, JAL.- Frente a un PRI derrotado y desarticulado, un PAN jubiloso por el triunfo de su candidato a la Presidencia de la República, Vicente Fox, confía en retener la gubernatura en las elecciones del 12 de noviembre.
Pero el candidato panista Francisco Ramírez Acuña, alcalde de Guadalajara con licencia, advierte: “No nos vamos a dormir en nuestros laureles ni creemos tener ganada la elección. Hay que trabajar mucho y, de ese modo, vamos a triunfar”. Reconoce que la campaña de Fox le ayudó. Sin embargo, dice, todo dependerá de lo que se haga en la entidad.
Su contrincante priísta, el alcalde con licencia del municipio conurbado de Tonalá, Jorge Arana Arana, sabe que es difícil remontar la intención de voto a favor del panista, así como la diferencia de casi 20 puntos que hubo por el panismo el 2 de julio.
“Pero podemos ganar, y voy a ganar; por eso estoy aquí. Vamos a remontar la diferencia”, expresó Arana al planteársele que ahora tendrá que remar a contracorriente. “El efecto Fox -precisó- fue una cosa, y la elección estatal será otra, muy diferente”.
Además del millón 392 mil 96 votos que recibió en Jalisco Fox (54.07%), contra 941 mil 882 de Francisco Labastida (36.58%), los panistas triunfaron en 16 de los 19 distritos federales, y si ganan la impugnación del distrito 5, con sede en Puerto Vallarta, donde hay una diferencia de apenas un punto porcentual, podrían sumar 17. Por lo pronto, recibieron las dos senadurías de mayoría relativa.

La candidatura priísta

De hecho, la candidatura de Jorge Arana, quien rendirá formal protesta este domingo 16, fue la culminación de una prolongada disputa interna y canceló la posibilidad de una elección abierta.
Su mención como “candidato de unidad” surgió apenas el sábado 6, cuatro días después del desastre electoral priísta.
A  principios de este año,  había más de una decena de precandidatos del PRI a la gubernatura de Jalisco. Para mayo, quedaban solamente tres -el propio Jorge Arana, José Luis Leal Sanabria (secretario general de Gobierno en el sexenio pasado) y Enrique Ibarra, diputado federal y exrepresentante de su partido ante el IFE.
Los demás quedaron descartados por no reunir el apoyo de 30% de los comités municipales del partido. E incluso hubo irregularidades en esta parte del proceso interno, pues algunos de los aspirantes registraron dos veces el apoyo de un solo comité, de modo que, al hacer el recuento, resultaron 138 comités en vez de los 124 que existen en Jalisco.
Y es que, en abril, la presidenta del PRI, Dulce María Sauri, quien vino a tomar protesta a los candidatos a senadores Raymundo Gómez Flores (su concuño) y a Francisco Morales Aceves, anunció que se haría “una elección abierta”, sólo que después de las elecciones del 2 de julio.
Se acordó que la elección interna sería el 16 de julio, e incluso se dijo que podría surgir un precandidato de último momento: el dueño de Minsa y de Dina, amigo de Labastida y financiador del PRI, Raymundo Gómez Flores.
“Para entonces habrá una decantación de precandidatos y sabremos quiénes persisten y quiénes no”, adelantó el presidente del Comité Ejecutivo Estatal del PRI, Ramiro Hernández García. La decisión, aseguró, se tomará en Jalisco, no en el Distrito Federal.
Sin embargo, el triunfo de la Alianza por el Cambio les volteó todo. El CEN del PRI entró en crisis y se puso en duda la forma prevista para la designación de candidato.
Una vez analizado lo ocurrido en los comicios federales, la Comisión para el Desarrollo del Proceso Interno, encabezada por José Martín Barba, expresidente estatal priísta, habló de la necesidad de cancelar la elección abierta. Sería muy difícil conseguir locales, muebles y, sobre todo, funcionarios de mesas receptoras para instalar 3 mil 300 casillas. Además, la cifra prevista de 500 mil votantes se vería reducida. En conclusión, las condiciones no eran adecuadas para esa forma de elección.
Según Ramiro Hernández, se consultó a los consejeros. La pregunta: ¿Cuál de los tres precandidatos es, electoralmente hablando, el más rentable en este momento? La respuesta general: Jorge Arana Arana.
Maximiliano Silerio Esparza, delegado del CEN, afirmó que 99% de los interrogados había manifestado su apoyo a Jorge Arana. Entonces, tras un serie de cabildeos, reuniones y comidas,  se optó por nombrar a un “candidato de unidad” para evitar el desgaste.
Leal Sanabria e Ibarra preferían la elección abierta. Pero Arana estaba dispuesto a lo que fuera. Finalmente, la madrugada del sábado 8, en casa de Ismael Orozco Loreto, se concluyó que el candidato sería “de unidad”, aunque el anuncio a los más de 200 consejeros estatales no se hizo sino hasta las 6 de la tarde, en la sede del PRI.
En el ínterin, Ibarra pidió encabezar la lista de candidatos a diputados plurinominales al Congreso del Estado e influir para designar candidatos a las presidencias municipales más importantes y a las regidurías en más de la mitad de los municipios. Lo consiguió, y el PRI decidió así su futuro en Jalisco:
El administrador de empresas Jorge Arana Arana, de 40 años de edad y de oficio alfarero, alcalde de Tonalá con licencia y coordinador de los presidentes municipales priístas en la entidad, se convirtió en el abanderado del PRI.
Según el gobernador panista Alberto Cárdenas, Jorge Arana ha sido un buen funcionario público -fue también regidor de Tonalá-, y guarda una larga amistad con su contricante panista Francisco Ramírez Acuña.
Reconoce Arana que será muy difícil ganar, “pero no imposible, porque siempre que me lo he propuesto he triunfado”.
De fácil trato y estimado en Tonalá -“es que soy gente de pueblo, la entiendo, porque vengo desde abajo”, dice-, Arana podría revertir los triunfos del PAN si éste cree tener la victoria en la bolsa, comenta un analista político.
En los comicios del 2 de julio, el PRI perdió frente al PAN el distrito 7, con sede en Tonalá, por una diferencia de ocho puntos. “Pero la contienda local será muy diferente a la nacional”, revira Arana.

La candidatura panista

Para Francisco Ramírez Acuña tampoco fue fácil arribar a la postulación. Tuvo que enfrentarse a por lo menos media docena de precandidatos opusdeístas, exdhiacos (del DHIAC) e integrantes del llamado Grupo Zapopan que, en conjunto, habían impulsado, en los pasados comicios por la gubernatura, la postulación de Cárdenas Jiménez, quien, una vez en el poder, se rodeó de “neopanistas” y de algunos empresarios más cercanos al PRI que a su partido.
En la contienda interna, el gobernador había dejado fuera de la jugada a su contrincante, el senador Gabriel Jiménez Remus -prácticamente autoexiliado en el Distrito Federal- y, con él, a los militantes tradicionalistas del PAN, como el actual candidato panista.
Por eso el diputado local Silviano Urzúa Ochoa, entre otros, tronó: “Los que han gobernado Jalisco en estos años son los neopanistas y los empresarios, no el PAN, y menos su doctrina”.
Y aunque el propio Ramírez Acuña lo niega, su candidatura representa el regreso de los doctrinarios panistas a las riendas del partido.
En la más nutrida convención convocada por el panismo (unos 7 mil asistentes) y adelantada en tiempo (16 de abril) por el ritmo que marcaban las campañas presidenciales, Ramírez Acuña ganó en segunda vuelta la elección con 56.19% de los votos, contra 43.81% de su opositor más fuerte, el senador José Guadalupe Tarcisio Rodríguez.
En el camino quedaron el diputado federal Fernando González Corona, exalcalde de Puerto Vallarta (tuvo 20% en la primera vuelta y en la segunda se retiró); Raúl Octavio Espinoza Martínez, exsecretario general de Gobierno y artífice del triunfo de Cárdenas Jiménez, y el propio “hermano incómodo” del triunfador, José Cornelio Ramírez Acuña, alcalde de Zapopan, quien tuvo serios problemas en la administración de su municipio y un enconado pleito con los regidores de oposición, quienes lo acusan -en especial los priístas- de malos manejos de los recursos públicos.
Sin ser propiamente neopanista, aunque él era presidente del Comité Directivo Estatal del PAN cuando se dio cabida a esa corriente, el senador Tarcisio Rodríguez, el más joven de los contendientes, fue apoyado esencialmente por neopanistas, porque vieron en él al único que podría contener la fuerza de Francisco Ramírez.
El actual candidato de Acción Nacional era desde antes el más conocido de los cinco aspirantes. Desde hace más de un año, las encuestas del Centro de Estudios de Opinión (CEO) y de los diarios locales le daban ocasionalmente una ligera ventaja en la intención del voto interno de su partido, pero una ventaja muy amplia en las preferencias electorales externas. Oscilaba entre  49 y 54%.
Una encuesta de El Informador, publicada a principios de marzo pasado, le confería al PAN, con Ramírez Acuña a la cabeza, 46.6% de los votos, mientras que el PRI recibiría 39% si el candidato fuera Jorge Arana.
En su gestión de casi dos años y medio como presidente municipal,  Ramírez Acuña prácticamente no tuvo contratiempos, y aunque gozaba de una clara ventaja, la directiva actual del PAN, dominada por gente de la nueva corriente, se inclinaba por Tarcisio Rodríguez.
-Este proceso no fue fácil. ¿Viene la revancha, la reivindicación de los panistas de tradición, de los doctrinarios con los que se le  identifica a usted?
-No -responde Ramírez Acuña-. Lo mismo se dijo cuando ganamos la candidatura al ayuntamiento de Guadalajara. Los partidos políticos van desarrollándose, van creciendo. Evidentemente que llega cada día gente con visiones distintas, y yo creo que desde hace años hay en el partido ajustes que no permiten esas distinciones entre tradicionalistas y neopanistas. No, yo creo que ahora Acción Nacional es una institución política que camina en razón y en pro de un gran proyecto de nación.
Recuerda que, en el proceso de selección, en el PAN se mencionó que no había que fijarse tanto en la ideología como en la práctica, pero quienes tenían tal postura hoy concuerdan en que se requiere la idea, el proyecto, la plataforma.
“Por eso, ni tanta doctrina que haga a un gobierno inoperante, ni tanta administración que deje a un gobierno sin proyecto, sin idea. El sentido común y la buena política indican que un presidente municipal debe gobernar con sus regidores y administrar con sus funcionarios”, que son cosas diferentes. De lo contrario, “comete errores garrafales”.