Edgardo Jiménez y María Scherer Ibarra
Con el fin de la campaña presidencial terminó la tregua en el PRD. Fueron vanos los llamados de su líder moral, Cuauhtémoc Cárdenas, -el mismo día de la elección- para que el partido se mantuviera unido.
Abatidos por el resultado de la elección, dirigentes y militantes se repartieron la culpa: algunos achacaron la responsabilidad a la dirigencia nacional, y ésta la dividió entre las pugnas de las corrientes de expresión y la inoperancia de los partidos que formaron la Alianza por México.
Al tiempo, las diferencias se profundizaron, se hicieron públicos los desencuentros y cundió el rumor de que la presidenta nacional, Amalia García, sería sustituida.
Fuera y dentro del partido, apenas se especulaba acerca de una separación de Cuauhtémoc Cárdenas que permitiera el surgimiento de liderazgos “frescos”, el excandidato presidencial se hizo presente: El 7 de julio, en La Jornada, escribió un artículo titulado “¿Cuáles son nuestras tareas?”. La interpretación en el PRD fue que “Cuauhtémoc dio línea”.
En el contexto de la división, los perredistas discuten también sobre el futuro de su partido, disminuido tanto en el ánimo como en el porcentaje.
El porvenir del PRD no está en las manos de su líder moral, Cuauhtémoc Cárdenas, ni en las de su figura más popular, Rosario Robles. Quedan dos caminos para ese instituto político: “O se institucionaliza o se extingue”, afirma Antonio Soto, testigo de las confrontaciones y discordancias históricas de su partido.
No desestima el virtual senador el papel aglutinador de Cuauhtémoc Cárdenas. Sin embargo, opina, en el marco del respeto a su figura “el partido debe perfilarse hacia la institucionalización porque sólo así llegará a una auténtica consolidación nacional”.
Expresidente municipal de Tumbiscatío, Michoacán; exdiputado local, expresidente estatal del PRD, exdiputado federal y ahora senador plurinominal electo, Soto agrega: “Aunque su peso es invaluable, el partido no debe depender de él. Me parece que él lo entiende así”.
Soto, entre otros dirigentes, se opone al relevo de la dirigencia nacional. Sin embargo, suenan ya los nombres de los posibles sucesores de Amalia García. Entre ellos está la jefa de gobierno, Rosario Robles, a quien el Comité Ejecutivo Estatal del PRD en el Distrito Federal impulsaría.
Robles, indica, “no tiene una varita mágica”, y “ha sido una gran gobernante, pero no necesariamente sería una gran dirigente”.
Y aunque considera que “es una pieza importante para la transformación del partido”, no comparte la idea de la renovación inmediata de la dirigencia perredista, pues “no debe romperse el grado de institucionalidad que hemos alcanzado. Deben respetarse los tiempos”.
Amalistas y orteguistas
Hastiada de las versiones periodísticas en torno de su separo del cargo, Amalia García declaró el 11 de julio al diario Reforma, en alusión a la corriente encabezada por Jesús Ortega: “Por su puesto que sé de dónde ha surgido la versión que habla de la necesidad de mi renuncia, se trata de esa expresión que perdió las elecciones el 14 de marzo”.
Ortega respondió, en un comunicado, que la presidenta debía constituirse en factor de cohesión en el partido. “Pierde tiempo quien se empeñe en andar a la caza de fantasmas o pretenda materializar sombras”, dijo.
Hasta entonces, García achacaba el descalabro electoral a la campaña a favor del voto útil y al divisionismo propiciado por las corrientes de opinión dentro del partido.
Soto, miembro de la corriente Nueva Izquierda -cuyo líder es Jesús Ortega- disiente:
“La institucionalidad del partido es más fuerte que las corrientes. López Obrador no tuvo ese problema, ¿o acaso dejaron de existir en su período?”
A su juicio, varios “elementos” provocaron el magro resultado, del que el perredismo aún no se repone.
Primero, “algunos miembros de la dirigencia no supieron aplicar un programa integral de trabajo” que contemplara los puntos de vista político, electoral y financiero. “Andaban dando palos de ciego”.
“Quizá la dirigencia tuvo voluntad, pero le faltó oficio. No se supo adecuar a las nuevas circunstancias del país, no se enteró de que la sociedad estaba cambiando. Se mostró como un partido anticuado, premoderno, que no incorpora instrumentos novedosos de carácter político que busquen llegar a los electores.”
En segundo lugar, asevera que el PRD, tanto en su estructura como en su discurso, se mostró anticuado, ajeno al dinamismo de la sociedad:
“Los electores no querían una izquierda gruñona, de posiciones radicales. El PRD no propuso nada fresco para una sociedad avanzada. Le dijo poco a las mujeres y a los jóvenes con un discurso rural y parroquial que no estaba enfocado a las grandes urbes y a sus problemas.”
Así, el partido continúa dividido: un sector dominado por la corriente encabezada por Amalia García, otro por la corriente Nueva Izquierda -con Jesús Ortega a la cabeza-, y uno más dividido en pequeñas fracciones cuyos líderes son los senadores Héctor Sánchez y Félix Salgado, René Bejarano y Gerardo Fernández Noroña y Raúl Álvarez Garín.
Superar el grupismo
No obstante, dirigentes y legisladores coinciden en que el partido requiere un análisis profundo de su situación y un replanteamiento ante el gobierno de Vicente Fox.
Lázaro Cárdenas Batel, senador electo por el estado de Michoacán, reconoce que el partido “no fue capaz de explotar la animadversión de los electores en contra del priísmo y traducirla en votos a favor del PRD”.
Entrevistado la mañana del lunes 10, expone que el partido puede consolidarse como un eje que aglutine a distintas fuerzas políticas y sociales que controlaba el régimen priísta:
“Creo que eso es posible, siempre y cuando el partido comprenda el momento que está viviendo. Hay que superar los grupismos, y esto no quiere decir que se imponga la unanimidad y un criterio único.”
Aunque atribuye la derrota electoral perredista a factores externos pues sus contrincantes “mostraron al PRD como un partido desunido”, acepta que “también dimos motivos para ello”.
Camilo Valenzuela, secretario de Asuntos Agropecuarios de la Producción y el Campo, opina por su parte que son “las prácticas facciosas” el origen de los males del partido.
De no extirparlas de su vida cotidiana, advierte, “el PRD podría convertirse en un ‘nuevo PRI’”, que vive sólo de la búsqueda de espacios de poder. Urge, por lo tanto, “a que el partido se haga de instancias colectivas de decisión, evitando la conducción caudillista”.
Parece que el único punto de convergencia del perredismo -aunque con matices- es el futuro político de su líder moral, Cuauhtémoc Cárdenas: que debe actuar como consejero del partido y vigilante del gobierno foxista.
Se habla, incluso, de la incorporación de una corriente cardenista que integrarían hombres cercanos al excandidato presidencial, entre ellos Julio Moguel y Adolfo Gilly, miembros del disuelto equipo de campaña.
El secretario general del PRD, Jesús Zambrano, desestima dichas versiones, pero en todo caso -dice- “el ingeniero no requiere de una corriente para saber del partido”.
Marta Dalia Gastélum, secretaria de Asuntos Electorales, afirma que dicha corriente “se está conformando como tal”; y más: “Creo que es saludable para el escenario político interno del PRD”.
Lázaro Cárdenas Batel anuncia que su padre trabajará con el partido y con otras “fuerzas democráticas del país” en la vigilancia del gobierno entrante.
Zambrano lo celebra, toda vez que “sería una injusticia y un error político pretender hacer a un lado del escenario nacional al ingeniero considerando que el partido surge del movimiento cardenista de 1988” y, porque ante las nuevas circunstancias políticas del país -gobernado por Vicente Fox y agitado por la crisis del PRI- “varios sectores de la población van a buscar rearticularse en el PRD y encuentran en Cárdenas un factor de cohesión”.
Advierte que el PRD puede convertirse en un partido marginal o bien, renovarse. Para lograrlo, señala, es necesario combinar nuevos liderazgos con la experiencia de políticos como Cárdenas. “No existe ninguna razón para marginar a los líderes maduros”.
Gastélum comparte la opinión de Zambrano, pero ataja:
“Las aportaciones de políticos como Cárdenas no impiden que nazcan y se consoliden otros liderazgos. Además, él no va a someter al PRD porque sabe que iría en contra de su proceso natural de crecimiento.”
Gastélum, cercana a Amalia García, anuncia que la tregua entre Chuchos -como se conoce a los miembros de Nueva Izquierda- y Amalios ha cobrado vigencia de nuevo.
Entrevistada vía telefónica, informa que García inició el diálogo “para realizar un balance de las elecciones en un ambiente de gobernabilidad”.
-¿El partido ya era ingobernable?
-Había amenazas de ruptura, pero ya se dio un primer acuerdo con Jesús Ortega, y eso genera cierta estabilidad.








