Antonio Jáquez
Congruente con su militancia panista sin ataduras, Vicente Fox ya pintó su raya ante el Partido Acción Nacional (PAN), que a su vez tuvo que deslindarse del futuro presidente de la República.
-Gobernaré yo, no el PAN -declaró Fox tres días después de los comicios del 2 de julio.
Y en esa ruta, empezó a tomar medidas al margen de criterios partidistas, en particular para integrar su gabinete y el equipo de transición, siguiendo, más bien, el estilo pragmático de su campaña y de su gobierno en Guanajuato, que fue cobrando forma durante sus años de empresario, según ha contado el propio Fox.
Los cuadros panistas justifican la decisión de Fox de tomar distancia del PAN e incluso la elogian -“es de una gran envergadura democrática”, dijo el senador Gabriel Jiménez Remus-, pero expertos entrevistados por Proceso dudan que esa separación se dé en los hechos o que se produzca sin consecuencias.
Fox puede prescindir del PAN en la formación de su gabinete, pero requerirá del partido en las instancias legislativas, comenta Jean-Francois Prud’homme, investigador de El Colegio de México. De hecho, afirma, Fox necesitará, además, el apoyo del PRI y del PRD. “El sistema está diseñado para operar con tres partidos fuertes. Mientras no se cambie esto, el presidente tiene que negociar con todos”.
Para Soledad Loaeza, el que se distancien Fox y el PAN no es garantía de que no habrá priísmo, que fue el argumento del dirigente Felipe Bravo Mena, “porque la verdad es que muchos presidentes priístas ignoraron olímpicamente al partido en todas las decisiones de gobierno. Al deslindarse de esa manera, el PAN está abriendo la puerta a que Fox gobierne solo o con grupos de poder externos al partido”.
Más que divorcio de Fox con el partido, “lo que veo es una distancia necesaria, como la que se dio en Guanajuato”, dice Tatiana Clouthier. “Vicente no es un panista ortodoxo, como no lo son la mayoría de los empresarios que empezaron a participar en política después de que López Portillo expropió la banca, como mi padre, que reclutaría a futuros alcaldes y gobernadores por el PAN”.
Entre los reclutados, desde luego, estuvo Fox, quien, en su autobiografía (A Los Pinos), relata: El 3 de noviembre de 1987 “recibí un telefonazo que cambió mi vida para siempre: al otro lado de la línea estaba mi viejo amigo Maquío, en ese entonces flamante candidato a la Presidencia por el PAN.
-Oye, Fox -le dijo Clouthier-, en México siempre nos quejamos del sistema, de la deshonestidad y la corrupción, pero no hacemos nada para cambiarlo; hagamos algo ahora.
En ese texto, Fox refiere que, después de consultar a su familia, decidió “entrarle” a la política. Confía que, “a diferencia de mi padre, a mi madre siempre le ha entusiasmado la política y podría afirmar que hasta se apasiona por ella. Quizá lo panista me llegó por ella y por mi tía Luisi, una convencida simpatizante blanquiazul que apoyaba al partido desde las épocas en que nadie le tiraba ni un lazo”.
La politización de Fox, sin embargo, fue impulsada más por las medidas antiempresariales del gobierno de López Portillo que por los principios doctrinarios panistas, como él mismo lo dice:
“La estatización bancaria de 1982 provocó un grave conflicto al interior del sistema y debilitó a una de sus piezas clave: el sector empresarial (…) Empresarios de todo el país, principalmente medianos y pequeños, reconocieron que no era posible mantener una postura apartidista, porque hacerlo los dejaría en una posición tan vulnerable o más que a los señores del dinero.”
Fue entonces cuando se incorporaron al PAN empresarios como Clouthier, Ernesto Ruffo, Francisco Barrio, Fernando Canales, Rodolfo Elizondo. Estas figuras, dice Fox, renovaron a un partido que se había alimentado, hasta entonces, de “grandes hombres y grandes doctrinas, pero que carecía de hambre de triunfo”. Los nuevos panistas, “con su estilo más pragmático y con técnicas empresariales aplicadas a las campañas políticas, comenzaron a ganar espacios de poder, aunque el proceso no fue nada fácil”.
Más aún, “la crisis de 82 originó el florecimiento de nuevos liderazgos y propició el movimiento de una clase media educada, con un renovado proyecto de nación. El PAN se nutrió de sangre nueva que le brindó equilibrio y pragmatismo; se conjugaron ética y política, lo que nos abrió, por primera vez en la historia, una posibilidad real de dirigir los destinos del país”.
Cercano a Clouthier desde sus años de estudiantes en el Tec de Monterrey, Alejandro Gurza recuerda que en realidad el hartazgo del sector empresarial con el sistema priísta estalló con Echeverría. “En su sexenio hubo toda clases de excesos contra la propiedad privada. Echeverría se sentía el redentor de los oprimidos de México y del Tercer Mundo. López Portillo empezó bien, pero luego se volvió loco, como su antecesor; era difícil tratar con él desde los organismos empresariales. Maquío, al principio, se llevó bien con él, pero al final acabaron confrontados”.
Tras la expropiación de la banca, Clouthier organizó, por medio de los centros patronales de la Coparmex y los consejos coordinadores empresariales, los foros México en la Libertad, que sirvieron como canales para desahogar la furia de los empresarios contra el régimen y como vehículos de entrenamiento de futuros cuadros panistas. “Los principios de la Coparmex sobre la libre empresa se inspiran en la doctrina social cristiana, como ocurre con los principios de Acción Nacional”, apunta Tatiana Clouthier.
Amigo de Fox que fue expulsado del PAN de Nuevo León por señalar errores del procurador Antonio Lozano, Javier Livas dice que “Clouthier era, en esencia, más prototipo panista que Vicente. Maquío era un soñador, un idealista; le gustaba, incluso, filosofar; le encantaba la poesía; era un tipo que leía mucho, que se cultivaba. Vicente es el tipo pragmático; él está en principio de acuerdo con lo que representa la doctrina, pero no creo que se haya pulido mucho en la materia”.
Las fuentes de inspiración
Francote, Fox reconoce, en su recuento autobiográfico, que desde el inicio de su carrera política, como candidato a diputado federal, chocó con las tradiciones panistas:
“Lo primero que hice al integrarme a sus filas fue convocar a una junta de planeación estratégica; era como hablar en el vacío, porque nadie en Acción Nacional entendía de qué se trataba aquello y mucho menos sabían cómo aplicar esa herramienta. Nos reunimos para hacer un ambicioso plan de trabajo con objetivos perfectamente definidos: ganar las tres diputaciones federales y las tres locales a disputarse el 6 de julio de 1988; ganar la presidencia municipal de León en diciembre y obtener la gubernatura en 1991.”
Todos los objetivos se cumplieron, si bien la gubernatura se logró por la vía de un interinato forzado y Fox tuvo que esperar cuatro años para contender de nuevo por esa posición y alcanzarla sin problemas. En esos años de espera, parte de los cuales dijo estar en “huelga política”, Fox amplió sus horizontes ideológicos:
“Aunque me retiré de la política activa, esos años me dieron la oportunidad -relata en su libro- de reflexionar y de reunirme con políticos de diversas corrientes de pensamiento; hasta ese momento no conocía nada ni a nadie que no estuviera relacionado con Acción Nacional. Pero cuando tuve oportunidad de hacerlo, me di cuenta de la gran riqueza que puede existir bajo cualquier bandera, sea de centro o de izquierda, del PRD o del propio PRI; me encontré con raíces e intereses en común, así como con una nueva fuente de inspiración.”
Entonces sostuvo “conversaciones intensas con Cuauhtémoc Cárdenas y Fernando Gutiérrez Barrios; descubrí que la maestra Elba Esther Gordillo es una mujer profesional; y resultó interesante discutir con priístas tecnócratas, como José Sidaoui y Tomás Ruiz. Del PRD recuerdo a Jesús Ortega, Amalia García y Pablo Gómez; incluso íbamos a cenar juntos para platicar horas y horas. Mantuve buen contacto con Adolfo Aguilar Zinser, Jorge Castañeda y Carlos Fuentes. Durante las reuniones del Grupo San Ángel descubrí que no sólo Acción Nacional luchaba por el avance democrático en México”.
Regresó a la política activa a finales de 1994 y le entró de lleno a la pelea por la gubernatura… por cuenta propia. “Siguiendo esos consejos -del abogado Javier Pérez-, he procurado no depender de lo que haga o deje de hacer el Comité Ejecutivo Nacional (del PAN). Mi relación con la cúpula panista siempre ha sido la misma, aunque en lo personal había más empatía con don Luis H. Álvarez y menos con Carlos Castillo Peraza -en 1995 todavía no afloraban mis diferencias con él; vinieron más adelante, tras una serie de declaraciones de ambos”.
En ese intercambio, Fox llegó a decir que el PAN “ha sido como la Coca-Cola, estable a través del tiempo”, y Castillo reviró: el partido “no es una caja de Coca-Colas”.
Más allá de las declaraciones, la molestia de Castillo Peraza con Fox tenía su origen en el acercamiento de éste con figuras no panistas y, sobre todo, en el pacto que estuvo a punto de concretar con Cuauhtémoc Cárdenas en 1994 y que se frustró tras la participación errática del candidato perredista en el debate televisivo de mayo de ese año (Proceso 1195).
Las tensiones Fox-PAN fueron evidentes menos de un año después de que llegó a la gubernatura, cuando fue acusado por correligionarios de descuidar el gobierno, así como la relación con el partido, por “calenturas prematuras”. En mayo de 1996, por ejemplo, este semanario recogió críticas del senador Alfredo Ling Altamirano en el sentido de que en la entidad partido y gobierno “están desvinculados”. El diputado federal Jorge Dávila dijo que la entrevista de Fox con Echeverría “y su permanente acercamiento con líderes contrarios al PAN, como Porfirio Muñoz Ledo, han producido malestar entre parte del panismo guanajuatense”.
Fox respondió: “La característica de este fin de siglo fue lo dogmático, lo sectario; la gran transformación de la humanidad es, en lo físico, hacia la globalización; en lo espiritual y lo político, hacia la universalidad. Por eso el PAN y su doctrina van a entrar el próximo siglo como ganadores. En términos muy pragmáticos, si quieres ganar una elección necesitas cuando menos tener 45% o 50% de los votos, y si quieres tener gobernabilidad, necesitas 60% o 70%, y para lograr eso se necesita convencer mucho más allá del círculo panista” (Proceso 1021).
Amplia convergencia
Y así procedió desde el arranque de su precampaña a la Presidencia, en julio de 1997, catapultado por la no partidista organización Amigos de Fox. Al parecer, siguió también la recomendación de su amigo Roberto Mangabeira, quien justamente le aconsejó rebasar a su partido. “Todo político serio debe ser capaz de una traición política. La cuestión es de qué manera se traiciona y con qué fines. Yo le expresé a Fox que sería un error ponerse a cumplir con todos los requisitos del PAN, porque le subirían la vara permanentemente, para obligarlo a saltar más y más alto”, reveló a este semanario el filósofo brasileño en septiembre último (Proceso 1193).
El hecho es que, adelantando su precampaña, “le cambió al partido sus ritmos y sus reglas”, dice Alberto Aziz. Pero no sólo al PAN, sino al conjunto de actores políticos: al PRI, a la Presidencia, a los otros partidos. “Esto se vio como un acelere, y, en efecto, eso era, un estilo al que el PAN tradicional, institucional, histórico, no estaba acostumbrado”, afirma el investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIES).
En cuanto al discurso de Fox, comenta que “para nada es panista, lo que más que un defecto es una virtud. Desde los años ochenta se vio que los movimientos cívicos insurgentes, de corte electoral, que tenían fuerza de alguna manera, estaban fundados en una convergencia más amplia; ése fue el caso de Barrio en 86, quien rebasó el discurso histórico tradicional con una propuesta más abarcadora. Ésa fue la clave de su éxito, que se repite con Fox”.
Prud’homme complementa: Es muy claro que la campaña se centró en la figura de Fox, y esto se puede apreciar, además, en los resultados electorales. Fox, como candidato, tuvo una votación bastante más alta que la coalición que incluye a su partido, más de cuatro puntos arriba que la votación que consiguió la Alianza por el Cambio para senadores. “Creo que, deliberadamente, durante la campaña se vio poco al PAN como partido político; no dio la cara hasta el famoso martes negro, cuando de repente vimos que el PAN parecía salir al rescate de su candidato. Esto pasa también luego del triunfo, cuando Fox acapara el escenario y el partido casi no cuenta. Es muy clara la estrategia para que así se vea”.
Al estudioso del PAN no le extraña que Fox haga a un lado a su partido. “Como panista, Fox siempre ha coqueteado con otros sectores de la vida política, cultural, económica y social. Por ejemplo, hay una relación muy especial de Fox con América Latina. Es una relación que pasa por ese grupo de reflexión, inspirado vagamente en la idea de la Tercera Vía de Tony Blair y creado por Roberto Mangabeira y Jorge Castañeda. Mientras que tradicionalmente los vínculos del PAN con América Latina pasaban por la Democracia Cristiana, los de Fox pasan por esa corriente intelectual más orientada a lo que se podría llamar la nueva izquierda”.
Sobre Amigos de Fox, considera que siguió una estrategia “muy distinta a la habitual en el PAN y a las estrategias de los partidos políticos en México. Para empezar, este grupo, al que se afiliaron oficialmente 5 millones de personas, es una comunidad virtual: nadie los ha visto congregados en la plaza pública. Mientras que el PRD y el PRI seguían la estrategia de llenar la plaza pública, lo que se hizo a través de Amigos de Fox fue más bien inventar una comunidad política virtual; me imagino que esos 5 millones usan Internet, compran productos en torno a Fox, pero no los hemos visto juntos, ni siquiera a 1 millón de ellos”.
La mutua conveniencia
Lo que ahora le parece más interesante a Prud’homme -de origen canadiense- es la forma en la que Fox está diciendo que va a constituir su gabinete, por medio de méritos curriculares. “Lo único que espero para México es que no vayan a contratar japoneses o italianos o españoles, porque son mejores, más capacitados en ciertos aspectos. Llama la atención que ese lenguaje se vende como si fuera un lenguaje apolítico y neutro, un poco la idea de un gabinete de coalición; da la impresión de que va a ser un gabinete no relacionado con los partidos, ni siquiera con el PAN. Esta idea de Fox sobre el gabinete es de presidencialismo muy a la estadunidense, en el sentido de que los secretarios de Estado van a ser sus empleados”.
Cree que “cualquiera que haya sido el acuerdo o la dificultad de la operación entre Fox y el PAN, el hecho es que ambos son ganadores ahora y esa candidatura le ha dado al PAN la mayor representación de su historia, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Independientemente de cierta tensión que se pueda advertir ahora, los nexos Fox-PAN tendrán que armonizar en las cámaras para conveniencia de ambas partes”.
Aziz coincide: “A pesar de todas las distancias, van a tener que establecer una relación política de negociación, que a veces será muy tortuosa y a veces poco fluida, pero necesariamente tendrá que darse. No veo a Fox gobernando sin el apoyo del PAN, pero tampoco veo al PAN subordinado a Fox. Son muy celosos de su autonomía y de su cultura oposicionista”.
Por lo pronto, Fox se apresuró a descargarse de su equipaje partidista:
“¡Al final, quien gobierna es Vicente Fox, no es el PAN”, declaró a La Jornada. “¡El que la riega o comete los errores es Vicente Fox, no es el PAN! ¡El que tiene los aciertos es Vicente Fox, no es el PAN! Al partido yo lo he puesto un poco en el sentido de aquel libro, Abrázalos y déjalos ir. Nos da valores, principios, ideología y nos prepara políticamente para llevarnos al poder (…) Una vez que estamos ahí, nos tiene que dejar ir.”
Unos días después, entrevistado por Joaquín López Dóriga, Fox comparó las ataduras partidistas con las de “una orgullosa gallina que cuida sus pollitos, pero no los deja salir a encontrarse con su proyecto”, y agregó:
“El partido tiene que hacer la tarea de supervisión, tiene que hacer una tarea también como cualquier otro partido, y asegurarse de que sí cumpla con lo prometido este presidente de la República. Y mi partido lo entiende bien. No voy a ser, como ya lo señalé, el primer panista del país, como se acostumbraba ser el primer priísta del país. Aquí no va a haber tal cosa. Vamos a tener una relación sana, una relación política, pero nada más.”
En conferencia de prensa, el dirigente del PAN, Luis Felipe Bravo Mena, aceptó que su partido tendrá una “relación democrática” con el Ejecutivo, libre de “los esquemas mentales del pasado”, y aplaudió la decisión de Fox de seleccionar su gabinete con criterios no partidistas. En entrevistas, Bravo ha justificado la distancia con Fox alegando que el PAN no se convertirá en un nuevo partido de Estado, como lo fue el PRI durante 71 años.
Los panistas “no quieren caer en lo mismo que cayó el PRI, pero, por otro lado, creo que siguen queriendo mantener la pureza del partido”, opina Javier Livas. “Por lo tanto, no querrán la intromisión de funcionarios de gobierno en asuntos de partido, empezando por el mismo Vicente. Siempre habría un riesgo de que Vicente, en el afán de cambio, propulsara también un cambio dentro de Acción Nacional, que buena falta le hace; tendría que ser un partido más incluyente. Pero lo que no quiere el PAN es que Vicente diga cuándo, cómo y por dónde tiene que cambiar el partido”.
Concluye la doctora Loaeza, que ha estudiado al PAN durante dos décadas: El deslinde que hicieron Fox y Bravo Mena “no corresponde a la manera como funcionan las democracias modernas. Peor todavía, Acción Nacional será responsable de las acciones de Fox, mucho más que éste de las del partido. Si Fox falla, también será primeramente responsable ante el partido que lo llevó al poder, que comprometió su capital político, sus recursos, con su proyecto de gobierno.
“Contrariamente a lo que piensan Fox y Bravo Mena, sus declaraciones no tranquilizan porque ponen nuevamente sobre la mesa el tema de la debilidad de las instituciones en México. El principal obstáculo para el desarrollo de la democracia en México fue el presidencialismo. Lo que esto significa es el ejercicio desbordado de un poder personalizado, que desconoce reglas e instituciones, que impone sus decisiones a los demás actores políticos, y que en muchos casos se apoya en una estructura paralela de consejeros que tampoco son responsables.”








