Max Beckmann y su obra gráfica

En los últimos años, los principales escenarios artísticos internacionales han demostrado un creciente interés por el arte moderno, tanto en exposiciones como en subastas.
En México, la presencia gráfica del expresionismo alemán se ha impuesto desde el año pasado. Primero con la
exposición
Otto Dix, gráfica crítica y La guerra en el Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Antiguo Palacio del Arzobispado en la Ciudad de México y, en mayo de este año, con la muestra Max Beckmann, obra gráfica en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y en el Centro Cultural Santo Domingo de la misma ciudad.
Esta última llegó ahora al Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México (MAM), con 159 piezas realizadas entre 1909 y 1948. La colección pertenece al Museo Sprengel Hannover y, aun cuando no tiene la importancia de la obra pictórica, es relevante porque forma parte de un género que caracterizó a los expresionistas de principios del siglo XX, quienes utilizaron la gráfica no sólo por sus posibilidades expresivas y su origen medieval, sino también por considerarla un medio idóneo para integrar la plástica y el quehacer literario.
Considerado por la historiografía del arte como uno de los más grandes artistas del siglo XX, Max Beckmann (Leipzig 1884-Nueva York 1950) ha complicado a los especialistas por haberse mantenido siempre al margen de los grupos expresionistas de principios de siglo (Die Brücke, Dresde, 1905, y Der blaue Reiter, Munich, 1911). Sin embargo, sí compartió ideas, ideales e intereses de la juventud alemana de esos años. Las obras expuestas en el MAM descubren estas resonancias, así como también las transformaciones que tuvieron los lenguajes plásticos de Max Beckmann hasta llegar a sus formas más características.
En las xilografías, aguafuertes y litografías, se hace evidente su preferencia por las representaciones realistas: en las obras influidas por el impresionismo alemán (1909-1913), en los grabados que introducen las formas expresionistas (1914-1917), en las piezas que lo llevaron a exponer como parte de la Nueva Objetividad (1918-1922); y queda expuesto que a partir de los años treinta, el realismo se diluyó en función del simbolismo que lo hizo famoso (1933-1950).
Con sus contemporáneos comparte la sensibilidad hacia las emociones de la colectividad, las cuales representa en la calle, en espacios caseros, en cárceles. También coincide en las temáticas relacionadas con la religiosidad, la guerra, el paisaje, el circo y el teatro. Siempre se refiere a los sentimientos del ser humano, a sus pasiones que expresa a través de escenas en las que los personajes se aprietan en el espacio bidimensional. Sus rostros y cuerpos son vistos por el espectador desde arriba y desde abajo, encontrando en las muecas y en los miembros una insolente y caricaturesca elegancia.
Muchas de sus pinturas fueron impresas en alguna de las técnicas que más utilizó; en la exposición, La noche (1919) de la serie “El Infierno”, reproduce en litografía una de sus piezas más afamadas. Su talento artístico y su talento promocional lograron que alcanzara el reconocimiento de la sociedad alemana durante los años veinte. Además de haber sido galardonado en 1928 con el Premio Honorífico de Arte Alemán, y en 1929 con el Premio Honorífico de la Ciudad de Francfort, representó dos veces a su país en la Bienal de Venecia (1922 y 1929).
Los cambios de carácter que le trajo el éxito se reflejan en los múltiples autorretratos que realizó a lo largo de su vida, en los que el atuendo y los objetos que lo rodean se convierten en una metáfora de su estado anímico; en la exposición se encuentran varios ejemplos de este género.
La llegada de Hitler al poder alteró el bienestar del artista. En 1937 lo declaró como “degenerado” y confiscó 600 de sus obras. Los próximos 10 años vivió en Amsterdam y en 1947 emigró a Estados Unidos. En 1950 representó de nuevo a su país en la Bienal de Venecia y se le otorgó el Gran Premio de Pintura; al poco tiempo murió.
En 1933 cambió por última vez su lenguaje plástico con la producción de su famoso tríptico La partida; desde entonces fue muy poco lo que trabajó en la gráfica. En el MAM se presenta la serie “Día y Sueño” con litografías de 1946. A diferencia de las impresiones realizadas de 1909 a 1924, estas obras ya no coinciden con la calidad y espectacularidad de su pintura.
Después de la vorágine de los posmodernismos y en paralelo con la cantidad de “neos” que conforman el arte contemporáneo de vanguardia, es gratificante tener la posibilidad de revisar estas propuestas plásticas de principios de siglo, creadas a partir de conceptos que integraban las ideas con los ideales y las formas con las funciones del arte. En 1996, los famosos trípticos de Max Beckmann estuvieron en el Museo Guggenheim de Nueva York;  en 1998 su obra pictórica ocupó las salas de la Kunsthalle de Zurich y en 1999 las del Museo de Arte de Sant Louis en Estados Unidos.
Es deseable que los mexicanos no sólo conozcamos la obra gráfica del expresionismo alemán, sino que también podamos disfrutar de sus extraordinarias expresiones pictóricas. Esperemos que en un futuro no tan lejano, podamos recibirlas también.