Habla Van Doesburg, encargado de su rescate Los archivos municipales de Oaxaca, subvalorados y en mal estado

OAXACA, OAX.- Los archivos históricos aún no son valorados. Las autoridades, los arqueólogos e incluso los historiadores no han mostrado el interés necesario en este patrimonio cultural.
El etnohistoriador Sebastián van Doesburg, de la Universidad de Leyden, Países Bajos, y colaborador en el proyecto para rescatar archivos municipales en Oaxaca del Archivo General de la Nación (AGN), destaca que a los historiadores de “renombre” no les interesa rescatar los acervos regionales:
“Sólo trabajan los procesos muy generales y grandes que ocurrieron en el desarrollo de México antes del virreinato o la nueva España. No ponen atención a situaciones locales. El peligro es que no podemos llegar a buenas generalidades si no vemos primero los casos particulares de las regiones mismas. No podemos generalizar el desarrollo de Oaxaca durante la Colonia si no conocemos los sucesos de los diferentes lugares durante esa época.”
En entrevista con Proceso -durante la Segunda mesa redonda de Monte Albán, realizada del 29 de junio al 1 de julio en esta ciudad-, expresa la necesidad de que otras personas se interesen en estudiar la historia regional, sobre todo cuando hay mucha generalización:
“Nos hemos dado cuenta de que lo que hace falta son estudios de casos específicos, porque los temas históricos generales en muchos casos no funcionan.”

Los diferentes archivos

El especialista explica los tipos de archivos que existen en Oaxaca: del estado, las alcaldías mayores -que ahora se encuentran como parte del Archivo General del Poder Judicial de Oaxaca-, los exdistritos, los municipales y los privados.
Todos se encuentran en situaciones distintas. Los archivos del estado, señala, tienen por ley, un lugar de concentración, hay programas para su conservación y ordenamiento.
Pero para los demás archivos, la situación cambia:
“Los municipales enfrentan un severo problema: su mal estado de conservación. Se considera a los archivos municipales como parte del patrimonio nacional, son bienes de la nación, existen leyes federales que protegen ese patrimonio y obligan a las poblaciones y a las administraciones a cuidarlo, pero esas leyes en ningún momento se implantaron a nivel municipio, se hicieron pero nunca se difundieron.”
Lamenta que las autoridades de los municipios destruyan los documentos antiguos: se encuentran deteriorados, abandonados, muchas veces concentrados en bóvedas, sin ningún orden, ningún mantenimiento, “y esa situación es general en el estado.”
Pero también acepta que hay individuos en los pueblos que han reconocido el valor de los antiguos documentos como testimonios del pasado del pueblo:
“Estas personas han tomado la iniciativa privada de conservar, rescatar esos archivos, como es el caso de San Miguel Texquitepec, que guarda documentos desde 1535 hasta el día de hoy y está bastante completo. Incluso se encuentran tres documentos pictográficos, dos en tela y uno en papel, en los que se aprecian una escritura anterior a la Conquista.”
Pero en otros casos se necesita sólo una administración que no reconoce el valor de la documentación antigua para tirar o quemar los documentos.
Eso ha pasado, agrega, en muchos municipios por cuestiones de espacio, los tiran o queman, “lamentablemente ésa es una práctica muy común en el estado de Oaxaca por la falta de difusión que existe de las leyes federales, que, incluso, dicen que es un delito federal destruir parte de este patrimonio, por ello no podemos culpar a la gente”.

El rescate

El proyecto del Archivo General de la Nación, que se llama Rescate a archivos municipales, consiste en sacar todos los papeles de diferentes archivos. Van Doesburg resalta que “los pueblos van indicando cuáles archivos van a poner a nuestro alcance, puede ser el de la  presidencia, del comisariado y bienes comunales, de la alcaldía, incluso si hay interés del párroco o de los fiscales de la Iglesia podrían también incluir la documentación de la Iglesia. Se reúne, se procede a la clasificación por décadas, luego por grupos.”
Regularmente trabaja un equipo de seis u ocho personas entre dos o tres días, dependiendo del tamaño del archivo, se entrega el archivo junto con el  inventario y se empieza a trabajar en otra población. Por la falta de fondos, dice el investigador, sólo se trabaja una semana al mes, “si sabemos que hay 570 municipios en Oaxaca, será imposible terminar”. Y agrega:
“Siempre tratamos de involucrar a los miembros del ayuntamiento en el trabajo mismo para que se capaciten y que puedan llevar un orden en la documentación.”
Preocupado, destaca que urge un esfuerzo serio, bien planeado, comprometido para salvar los archivos que todavía quedan:
“Sabemos más o menos qué es lo que hay en los archivos nacionales, estatales, regionales, pero no sabemos absolutamente nada de lo que hay en los archivos municipales.”
Aquéllos, expresa,  por lo regular están en lugares grandes y se trabajan de alguna forma, por ejemplo los archivos de Tepozcolula y Vía Alta, que son los más valiosos para Oaxaca “y sabemos más o menos lo que contienen porque han sido ordenados”. Pero de los archivos municipales nadie se ocupa. Y dice que a  veces hay enormes sorpresas:
“Muchos de ellos contienen documentos de pictografía, y hay pueblos que por su ubicación o su relación con ciertos negocios o ciertos desarrollos históricos tienen información muy particular sobre algunos procesos históricos, como el archivo de Cuicatlán, que tiene mucha información sobre la construcción del ferrocarril.”
Menciona que para encontrar nuevos materiales y para poder seguir con el trabajo de interpretación de la reconstrucción a la historia de Oaxaca, esos archivos regionales toman gran importancia porque ahí es exactamente donde se refleja la diversidad en los procesos de desarrollo político, social, económico.
Se queja:
“Lo sitios arqueológicos, los edificios históricos, incluso actualmente los paisajes de cierto valor ecológico, todos han sido reconocidos como elementos importantes del patrimonio cultural histórico cultural de Oaxaca; lo que en muchos casos queda ausente es señalar la importancia de la documentación. Si hay un sitio arqueológico en peligro pues todo el mundo protesta, si hay un archivo que se quema, no hay problema.”
-¿Por qué existe ese problema?
-Porque por lo general un archivo antiguo es menos accesible para el público en general que una ruina arqueológica, porque ésta  estimula la fantasía, la imaginación, es algo bastante concreto, como algo que dejaron las generaciones anteriores. Un edificio histórico también es algo muy visible y visitable, incluso se presta para varios usos, adecuaciones a las necesidades de la modernidad como centros culturales, hoteles, en fin. Los documentos antiguos no son espectaculares, no es algo que se puede usar, ahí está guardado y no tiene ningún uso. Pero en su contenido, en algunas ocasiones, los archivos nos dicen más que una zona arqueológica o un monumento. Esa letra escrita nos habla del pensamiento del ser humano, que es mucho más difícil de extraer de las minas. Por desgracia es más fácil convencer a un funcionario público o a una institución de que un sitio arqueológico necesita ser rescatado.
Critica:
“Los historiadores, por lo general, prefieren trabajar en los archivos ordenados, accesibles, para no tener que enfrentarse a un montón de papeles desordenados. Los programas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)se enfocan por lo general en el rescate de construcciones eclesiásticas del estado, raras veces en construcciones civiles, como puentes, casi nunca en la cuestión de los archivos.”