Cosée-le-Vivien, Francia.- A 18 kilómetros hacia el suroeste de la ciudad de Laval, en la región del Loire y el departamento de Mayenne con su río, el mágico museo Robert Tatin al aire libre abre su paraíso de fantasía.
De apellido igual a la famosa tarta francesa, Tatin fue un pintor cuya memoria apenas y se menciona en reducidos nichos del arte galo; hombre esotérico, decidió eternizar levantando exóticas construcciones de una cosmogonía personal para asombro de propios y extraños.
Nacido con el siglo XX, Tatin se obsesionó por este lugar llamado Cossé-le-Vivien, habitado hoy por alrededor de 3 mil personas, cuyos granjeros declararon persona non grata a este artista, quien vivió en su casa de campo con dos mujeres (una modelo y su amante servicial) hasta su muerte, acaecida el 16 de diciembre de 1983.
Una pasarela de estatuas estilizadas flanquea los pasos del turista hacia la mansión campirana, una veintena de estelas con las que personificó a celebridades como el general Charles De Gaulle (quien en 1962 lo visitó y le presentó a André Malreaux, entonces ministro de Cultura), Picasso, Julio Verne, Jesucristo e, incluso, extraterrestres. Lo verdaderamente maravilloso son los edificios en un lago que él diseñó, con influencias yuxtapuestas de arte “primitivo” africano, hindú, inca, tibetano, romano…
Esas casonas-templo son un homenaje universal de Tatin en los palacetes que denominó La puerta del sol, La puerta de la luna, Nuestra Señora de Todo el Mundo y la Puerta de los gigantes, piedras colosales adornadas con misteriosos simbolismos totémicos y que marcan el encuentro Oriente-Occidente. Lo recuerdan Bruno Dubois y Alan Bry, artistas locales radicados en París:
“Lo conocimos de adolescentes y su filosofía era: si quieres ser genio nunca escuches a los grandes maestros. Era odioso y no le importaba que su arte gustara o no. Como Dalí, vivía en su mundo y en él sólo existían dos tipos de seres humanos: las hembras para parir y los machos con derecho a crear.”
Robert Tatin fue un místico, por lo cual no es considerado un verdadero artista en Francia, a diferencia del grandioso Facteur Cheval (“cartero caballo”), nacido en Provençe, quien sí goza de prestigio y también tuvo su historia romántica: como era un humilde cartero en bicicleta, fue recogiendo las piedras en el camino para construir su castillo de locura y dadaísmo increíbles que llamó El palacio ideal.
André Breton descubrió este palacio antes ignorado que cada verano atiborran niños y turistas.








