En la recomposición de fuerzas que dejó como resultado la jornada electoral del domingo 2 en la Ciudad de México, el Partido Acción Nacional (PAN) resultó, sin duda, el más beneficiado.
En cambio, PRD y PRI perdieron capital político, sobre todo el tricolor, pues bajó su votación y no ganó ninguna posición por segunda vez consecutiva.
El PAN, a pesar de haber llegado a la contienda con una estructura artificial, sostenida fundamentalmente por “Amigos de Fox” y en aparentes condiciones adversas, obtuvo, en alianza con el Verde Ecologista de México (PVEM), la mejor cosecha de su historia en el DF: 24 de 30 distritos federales, 21 de 40 distritos locales, cinco de 16 jefaturas delegacionales, las dos senadurías de mayoría y la cifra récord de casi millón y medio de votos, apenas 5.52% menos que los alcanzados por el jefe de Gobierno electo, Andrés Manuel López Obrador.
Además, aseguró, así sea sólo de forma, la mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa (ALDF) y, con ello, se colocó, automáticamente, como factor de contrapeso real del Ejecutivo local.
Contra el escenario que habían prefigurado las encuestas antes de las elecciones, el voto diferenciado terminó con el predominio perredista y, de paso, resucitó al panismo en la capital del país que, después de las elecciones de 1997, había desaparecido virtualmente del mapa político del DF.
En ese entonces, obtuvo la más baja votación en la elección para jefe de Gobierno, 15.58% de un total de 3 millones 948 mil 691, y apenas alcanzó un par de lugares por mayoría en la ALDF. Disputas internas lo llevaron posteriormente a la inanición política.
José Luis Luege Tamargo, presidente del Comité Directivo Regional del PAN, reconoce, sin regateos, que la figura de Fox fue fundamental en el repunte panista. “Vicente estaba 20 puntos arriba en las encuestas en la capital, por lo que nunca tuve dudas de que jalaría la votación”.
Sin embargo, prevé un serio problema: “El PAN adolece de una estructura a la altura de lo que demanda su nueva realidad política. Reconozco que el PAN tiene una estructura pequeña para dar respuesta a las exigencias del elector”.
Frente a esa realidad, adelanta que cuanto antes promoverá una “reestructuración a fondo” del partido, para convertirlo en un “instrumento eficaz, en un vehículo capaz de ayudar a resolver los problemas en la ciudad”.
Explica que una de las primeras acciones será aprovechar el capital humano, de 65 mil personas, entre simpatizantes, Amigos de Fox y militantes que colaboraron en las últimas campañas. “Tenemos que vincular esta fuerza con el partido, con la sociedad y con el gobierno para lograr que la ciudad regrese a los caminos del orden, la justicia, la tranquilidad”.
Entrevistado en sus oficinas de la calle de Durango, el dirigente del PAN no cabe de gusto. A pesar de sumar varios días sin dormir bien por el ajetreo pre y poselectoral, mantiene un intenso ritmo de actividades: ultima detalles con Santiago Creel -quien se incorporó ya al equipo de trabajo de Vicente Fox-; recibe visitas, acuerda con los candidatos a diputados federales y locales, y jefes delegacionales, y concede entrevistas.
Luege descarta de antemano que en las delegaciones Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Cuajimalpa y Venustiano Carranza -aunque esta última la peleara todavía el PRD- vayan a repetirse vicios de priístas y perredistas, con la disputa por espacios de poder.
Advierte: “No se permitirá que los jefes delegacionales jalen a sus cuates de los comités jurisdiccionales ni, mucho menos, que repartan cuotas; deben entrar los mejores, porque lo que buscamos es que el trabajo sea ejemplar, que se note el trabajo de un gobierno panista”.
Establece también desde ahora que el PAN “no será obstáculo para el gobierno de López Obrador. Gobernar con una Asamblea opositora enriquece el ejercicio de gobierno, no tiene por qué entorpecerlo. Privilegia, por el contrario, el diálogo, la negociación, el consenso”.
Exdiputado federal y local, Luege está consciente de que su fuerza mayoritaria en la ALDF está sujeta a que el PVEM quiera alargar la vida de la Alianza por el Cambio, una vez instalada la Legislatura, puesto que, como grupo parlamentario, por sí solo, tendrá 24 representantes por 26 del PRD. El PVEM se ubicó en tercer sitio, con 10 curules, y el PRI quedó relegado al cuarto lugar, con cinco posiciones, cuatro más que Democracia Social.
Piensa que esa división de fuerzas evitará que sigan aprobándose leyes al vapor. “El PRD se jacta de haber aprobado más de 83 leyes, pero, pregunto, en qué se tradujo eso; las cosas en la ciudad siguen igual o peor que antes”.
-Por lo que me dice, el PAN modificaría, entonces, la base jurídica que armó el PRD.
-Sí, pero el proceso para reformar una ley, cualquiera, no será nada fácil. Implicará mayor discusión y nadie podrá decir que eso es negativo.
-¿Qué garantía hay de que la cláusula de gobernabilidad no provoque al final de cuentas un clima de ingobernabilidad?
-El PAN no será obstáculo para un buen gobierno en la ciudad, eso lo garantizo. Fox gobernó Guanajuato con un Congreso de oposición, con la mayoría de las presidencias municipales en manos del PRI y del PRD, y no pasó nada.
La autonomía de las delegaciones
Donde sí vislumbra problemas es en las jefaturas delegacionales, a partir de la subordinación total de éstos al jefe de Gobierno del DF.
Dice: “Como el Ejecutivo local concentra todavía muchas funciones y atribuciones, tendrán que superarse atavismos y complejos; tendrá que privilegiarse la comunicación”.
El artículo 112 del Estatuto de Gobierno del DF establece que “el jefe de Gobierno deberá proponer a la Asamblea Legislativa asignaciones presupuestales para que las delegaciones cumplan con el ejercicio de las actividades a su cargo”.
Además, señala que los responsables de las unidades administrativas estarán obligados a rendir cuentas del gasto al jefe de Gobierno, y que las controversias de carácter administrativo en que se vean envueltas las delegaciones con distintas dependencias de la administración local serán resueltas única y exclusivamente por el jefe de Gobierno.
Delegado político en Iztapalapa, una de las más grandes en superficie y población del DF, Ramón Sosamontes, refuerza esa tesis a la luz de su experiencia personal.
“Existen lagunas en normas y leyes que limitan e impiden, en ocasiones, una coordinación entre las delegaciones y las diferentes áreas del sector central en diversos rubros: agua, servicio de limpia, policía, jueces cívicos. El problema de los tianguistas, por ejemplo, no se resuelve en las delegaciones, se resuelve en el centro. No me imagino que al jefe delegacional ordenando una acción y que desde el centro venga otra orden en sentido contrario. La Central de Abasto es otro caso. Está ubicada en Iztapalapa, causa problemas, pero la autoridad delegacional no tiene ninguna competencia, puesto que legalmente depende de un Fideicomiso.”
-¿Considera que se puede caer en la ingobernabilidad?
-Sí, claro que sí. Imagínate que por equis razón, política o no, la autoridad delegacional en Venustiano Carranza decidiera cerrar el acceso al aeropuerto. Sería un desastre.
Sosamontes sostiene que, por el bien de la ciudad, las dos fuerzas predominantes en el DF -PRD y PAN- deben poner los pies sobre la tierra y aprender a coexistir porque, de lo contrario, la única perjudicada será la población.
Martí Batres, presidente saliente de la Comisión de Gobierno de la ALDF y próximo diputado federal, opina en la misma dirección. En entrevista por separado, considera que el nuevo escenario político en la capital impone a panistas y perredistas el reto de trabajar con responsabilidad, de privilegiar los acuerdos.
Por lo tanto, no cree que el PAN haga uso de su fuerza numérica en la Asamblea para cambiar el basamento jurídico estructurado en la actual Legislatura por el PRD. “La conquista de derechos no puede echarse atrás, sería ir contra el interés ciudadano”.
Recuerda que parte importante del nuevo marco jurídico se construyó, bien o mal, con el consenso de todas las fuerzas políticas.
Sin embargo, Luege Tamargo refuta: “El PRD no puede presumir de su trabajo en la ALDF. La verdad, fue deficiente”.
El PAN, dice, demostrará que un sistema plural puede funcionar mejor que “un sistema sectario, hegemónico”.
Y reitera: “No seremos obstáculo. Mediante el diálogo es como resolveremos las cosas”.
Santiago Creel, el excandidato de la Alianza por el Cambio que sorprendió en la elección del domingo 2, refrenda también la importancia de dejar atrás actitudes beligerantes, por el bien de la ciudad y de los capitalinos: “El 2 de julio se cerró la etapa de las diferencias. Ahora debe buscarse el consenso, las coincidencias”.
Cuenta que la semana pasada sostuvo una reunión con los candidatos electos para exhortarlos a abandonar resentimientos y a trabajar por los capitalinos. “Es hora de dejar las confrontaciones, las polarizaciones, y de buscar las coincidencias”.
Con el respaldo de un trabajo de 12 años por la transición y de casi millón y medio de votos, el exconsejero ciudadano promete desde ahora que los diputados de su partido en la ALDF tienen la encomienda de “crear un clima de trabajo favorable al gobierno del DF para que pueda resolver los problemas, para que tenga éxito”.
En la conversación telefónica que sostuvo hace unos días con el jefe de Gobierno electo, el perredista Andrés Manuel López Obrador, así se lo hizo saber. “Tenemos que establecer las bases de una relación institucional con miras a ser un gobierno eficiente. Queremos que se resuelvan los problemas de la ciudad. Eso es lo que nos interesa, no otra cosa”.
El huracán
A pesar de haber conservado la jefatura de Gobierno, el PRD tuvo un notable retroceso: perdió cinco delegaciones, la mitad de los distritos locales, la mayoría en la ALDF y obtuvo 300 mil votos menos que en 1997.
Aunque el actual Gobierno del DF, la cúpula perredista y López Obrador minimizaron el inesperado tropiezo, el líder de la ALDF, Martí Batres, acepta: “Pasó un huracán, pero el edificio sigue en pié”.
Sosamontes va al fondo del asunto: “Esto debe servirnos de experiencia para desterrar del partido el corporativismo y el clientelismo. El partido debe hacer un examen a fondo para acabar con esas prácticas antidemocráticas que, como quedó demostrado, no aseguran el triunfo en una elección”.
El delegado de Iztapalapa -una de las pocas delegaciones donde el PRD refrendó su hegemonía- establece que el partido debe replantear su futuro, refundarse, si pretende conservar su presencia en la ciudad y en el país.
“Tenemos que mejorar la forma de gobernar, así como renovar cuadros, dirigencias, lenguaje y relación con la ciudadanía.”
Y de antemano reprueba la propuesta de la dirigente nacional de su partido, Amalia García, de convocar a una conferencia de organizaciones para trazar la ruta que seguirá el PRD frente a la nueva realidad política en los niveles nacional y local.
“Eso es ver el problema en su mínima expresión; lo que se tiene que hacer es revalorar el papel de la izquierda para poder enfrentar, con éxito, al régimen que no está derrotado. Ganó Fox, pero eso no quiere decir que la estructura de complicidades, de corruptela, montada por el PRI esté destruida. Nosotros lo vivimos en la ciudad hace tres años y, a pesar de haber emprendido una cruzada para limpiar la casa, aún quedan residuos.”
El PRI, en picada
Con los 998 mil 351 votos obtenidos por el candidato a la jefatura de Gobierno, Jesús Silva Herzog, 8 mil 117 menos que en el proceso de 1997 y 300 mil menos de los pronosticados, y ningún distrito federal ni local ganado, y tampoco alguna jefatura delegacional, el PRI siguió en picada.
Apenas tendrá cinco diputados en la ALDF, lo que lo colocará como cuarta fuerza política en el órgano legislativo.
Óscar Levín, presidente del PRI en la capital, analiza las causas del nuevo fracaso:
“Cualquiera que hubiera sido el candidato, en cualquier circunstancia, hubiera tenido el mismo resultado. Es un asunto de estructura: el priísmo en la capital no da para más.”
Recuerda que el PRI lleva 12 años sacando 1 millón de votos en la Ciudad de México, y aunque esa cantidad representa uno de cuatro votos del padrón electoral, son insuficientes ya para ganar una elección. “Somos un partido que en lugar de crecer, se empequeñece”.
En su oficina de Puente de Alvarado, donde priístas inconformes con la actual dirigencia capitalina han hecho llegar ataúdes y coronas por la muerte electoral del priísmo, acepta que su partido no supo y no tuvo comunicación con el electorado capitalino, sobre todo con los jóvenes.
El miércoles 5, Levín encabezó una reunión privada en el salón Orquídea del hotel Camino Real con los candidatos a puestos de elección popular perdedores, incluido Silva Herzog, y con la futura coordinadora de la fracción priísta en la ALDF, María de los Ángeles Moreno. Ahí reconoció abiertamente que los resultados del 2 de julio lo sorprendieron.
Pero también aceptó que “el cansancio mostrado por la sociedad con nuestros métodos organizativos, métodos y formas de actuar, fue contundente”.
En la entrevista con Proceso, refuerza:
“Necesitamos hacer un cambio total en el PRI. Estamos dispuestos a cambiarle todo: nombre, escudo y colores si es necesario. A partir de ahora, el que quiere algo, se lo tiene que ganar con trabajo”.
Como secretario general del partido, Levín se jactó en más de una ocasión de haber emprendido un trabajo de organización sin precedentes, de tener a punto la maquinaria para recuperar la capital.
Pero, como en 1997, el PRI se fue en blanco y, peor aún: Cayó del segundo al cuarto puesto en importancia en la ALDF.
El ahora presidente del PRI en el DF prefiere ver las cosas de otro modo y dice: “Lo más importante es que dejaremos de ser los malos de la feria; el costo de gobernar lo van a pagar otros ahora”.
Y ya tiene un nuevo plan para hacer resucitar al PRI en el DF. El proyecto va en tres direcciones: recuperar la confianza de la población, acercarse a los jóvenes y actuar consecuentemente “ahora que seremos el brazo de la gobernabilidad”.
Resume:
“El PRI tiene que virar hacia el centro-izquierda; tiene que llenar el lugar que no ha podido ocupar el PRD. Ante una derecha claramente perfilada, tenemos oportunidad de volvernos una especie de partido socialdemócrata moderno.”
A partir de la recomposición política en la ciudad, Levín espera que panistas y perredistas mantengan una actitud de respeto con el priísmo. Un priísmo que quedó dolido después de la segunda derrota electoral consecutiva en menos de tres años.
Y las repercusiones no se han hecho esperar: Roberto Campa, exdirigente capitalino y coordinador de la campaña del candidato a la Presidencia, Francisco Labastida, anunció su retiro de la política y el exlíder juvenil del PRI, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, pretende derrocar a Levín.








