Ahora, a “justificar” el fracaso Labastida no ganó ni en los bastiones del PRI

Agustín Ambriz, Gabriela Hernández, Martín Morita y Rosa Santana

El PRI no pudo evitar la derrota aun en estados que consideraba sus bastiones: Estado de México, Tamaulipas, Campeche, Quintana Roo  y Yucatán.
La maquinaria, ciertamente, operó. Logró con ello algunas diputaciones y senadurías. Pero fue incapaz de cumplir su promesa de votos para la candidatura presidencial: Francisco Labastida fue arrasado allí donde le dijeron que tenía asegurado el triunfo.
Para los responsables estatales del priísmo sobran justificaciones: que fue el candidato, que las divisiones del partido, que el desgaste de los cuadros, que el abandono de las demandas populares, que el fenómeno Fox, que…
En el Estado de México, pese al triunfalismo que sus líderes pregonaron antes del 2 de julio -“ganaremos los municipios y distritos en poder de la oposición”, celebraban-, la Fuerza Mexiquense 2000 se dobló.
De nada sirvió el tradicional dispendio económico a través de los programas sociales para inducir el voto de los pobres, ni el abierto activismo político del gobernador Arturo Montiel a favor de Labastida y mucho menos los spots que mostraban a un partido renovado. Al final, el PRI perdió su hegemonía y cayó al segundo lugar de las preferencias electorales en este que antaño fue su bastión más importante.
PAN y PRD conquistaron, en conjunto, el triunfo en 46 de los 122 ayuntamientos, así como en 27 de los 45 distritos locales, con lo cual desde diciembre próximo gobernarán a 70% de la población (superior a los 13 millones de habitantes).
Aunque aún falta por definir los resultados oficiales de las elecciones en ocho municipios donde la semana pasada se desataron actos de inconformidad y violencia, el PRI se adjudicó el triunfo en 67 municipios y 18 diputaciones. Y en lo que se refiere a los escaños y curules federales, el PRI perdió ante el PAN las dos senadurías de mayoría relativa y sólo ganó 11 de las 36 diputaciones (el PAN obtuvo 22 y el PRD 3).
Bajo este desolador panorama, el priísmo mexiquense mostró su impotencia al intentar arrebatar por la fuerza el triunfo obtenido por el PAN y el PRD en las alcaldías de Ecatepec, Huixquilucan, Amecameca, Cuautitlán, Tepozotlán, Lerma, Huhuetoca, Teoloyucán, Nezahualcóyotl, San Vicente Chicoloapan y Los Reyes La Paz.
En tanto, panistas y perredistas se inconformaron con los resultados obtenidos en los municipios de San Felipe del Progreso, Ixtlahuaca y Chimalhuacán. En los dos primeros, militantes de Acción Nacional de plano quemaron las urnas y las actas en respuesta al “fraude” cometido por el PRI para adjudicarse ambas alcaldías.
Sin embargo, fue en Chimalhuacán donde la violencia se desbordó. El miércoles 5, integrantes del grupo priísta Antorcha Campesina se enfrentaron a golpes y pedradas con simpatizantes del candidato perredista a la alcaldía, Raúl Carpinteiro Buendía, dejando como saldo dos decenas de heridos y varios automóviles destrozados.
La gresca se suscitó alrededor de las 16:00 horas cuando el candidato vencedor, el priísta Jesús Tolentino Román Bojórques, asistía a la entrega de su constancia de mayoría. En entrevista telefónica, Román Bojórquez responsabilizó de lo sucedido a su correligionaria Guadalupe Buendía, La Loba, y consideró que la batalla política que asomó en este municipio se dio entre el viejo y el nuevo PRI.
Recordó que la disputa entre ambos grupos priístas se inició en febrero cuando el PRI realizó su proceso de selección interna para la alcaldía. En esta contienda Román Bojórquez compitió con Salomón Herrera Buendía, hijo de La Loba, para quien los resultados fueron adversos.
El alcalde electo, a quien ya le fue entregada su constancia de mayoría, señaló que durante la campaña tanto La Loba como su hijo -a quien de consuelo le dieron la candidatura para la diputación local de la región- abierta y públicamente pidieron al electorado diferir su voto para presidente municipal en favor del candidato perredista Raúl Carpinteiro Buendía.
“A pesar de todas las piedras que La Loba nos puso en el camino, de que hubo gente dentro del partido que nos jugó las contras, afortunadamente el trabajo de gestoría que realizamos ya desde hace muchos años, de estar al lado de la gente, logramos pasar sobre cualquier obstáculo y ganamos a la buena”, dijo.

Falsas promesas

En Tamaulipas, el gobernador Tomás Yarrington le aseguró a  Labastida que en ese estado no necesitaba ni siquiera hacer campaña, que la tenía ganada. Pero los tamaulipecos dieron el triunfo a Vicente Fox, con 48.32% contra 41.21% de Labastida.
-Usted le aseguró a Labastida que aquí en Tamaulipas la tenía ganada, ¿a qué atribuye que no se haya cumplido su pronóstico? -se le preguntó a Yarrington en su primera aparición pública después de las elecciones.
-Bueno, yo creo que ahí están las decisiones en las urnas ¿no?… ¿algo más?
El PRI estatal había proyectado que aportaría más de 500 mil votos para la causa labastidista y que ganaría todas las posiciones en juego, pero a pesar de que obtuvo la senaduría y cinco de las ocho diputaciones federales en disputa, el que rebasó la marca de los 500 mil fue Fox.
Labastida perdió en cinco distritos: Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Madero y Tampico. El PRI obtuvo una votación diferente en cada elección: en la presidencial sacó 445 mil 250 votos,  y en la de diputados sumó 494 mil 689.
Álvaro Garza Cantú, dirigente estatal del PRI, rechaza que la estructura del partido haya fallado, porque el “voto duro” histórico del partido se cumplió con los 445 mil votos que se obtuvieron (Yarrington sacó 484 mil en 1998).
“La ola foxista pegó duro. Nosotros consideramos que el trabajo de las estructuras del partido funcionó. El voto duro priísta lo tuvimos en esta elección, pero no fue suficiente para la participación que se dio en este proceso”, dice.
Garza Cantú enumera los factores que contribuyeron a la derrota: la penetración que tuvo la propaganda de Fox; el voto de “castigo” contra el PRI a nivel nacional; la insuficiente penetración del PRI en sectores civiles ajenos a su voto duro; y la división interna, principalmente en el distrito de Reynosa.

El cobro de facturas

Perplejos aún por la derrota, los priístas de Campeche, Yucatán y Quintana Roo intentan desesperadamente justificar el revés. Denuncian “traiciones” y señalan al presidente Ernesto Zedillo.
Al mismo tiempo, sacan provecho de que en esta región el triunfo de Vicente Fox fue a medias. De hecho, el saldo fue más favorable a los candidatos del PRI que a los de la Alianza por el Cambio.
De acuerdo con los resultados finales del IFE, en la elección para presidente de la República Fox ganó en Yucatán y Quintana Roo, y sólo en Campeche Labastida pudo imponerse con apenas mil 954 votos.
En lo que hace a la elección para senadores, las fórmulas priístas triunfaron en los tres estados, mientras que en la de diputados federales el PRI ganó tres de los cinco distritos de Yucatán, los dos de Campeche y uno de dos en Quintana Roo.
En Yucatán, ni las miles de bicicletas, lavadoras, pisos de cemento, máquinas de coser, implementos agrícolas y dinero en efectivo que el gobernador Víctor Cervera Pacheco regaló a miles de yucatecos, evitaron la derrota de Labastida.
“Cervera me dio una bicicleta y a mi esposa una máquina de coser, pero nosotros votamos por Fox”, presume Juan Nicolás Dzib Castillo, campesino del pueblo de Motul, quien el 2 de julio, antes de depositar sus boletas en las urnas dijo al reportero de Proceso: “Tú eres periodista, ¿verdad? Pues mira, mi boleta, yo acabo de votar por Fox”.
Aparentemente, ni Cervera Pacheco ni los gobernadores Antonio González Curi (Campeche) y Joaquín Hendricks Díaz (Quintana Roo) se han sumado a la rebelión priísta que encabezan algunos mandatarios, como Roberto Madrazo y José Murat, así como otros personajes de la “vieja guardia” de ese partido.
Sin embargo, dirigentes, legisladores federales electos y diputados locales del PRI en los tres estados -varios de ellos estrechamente vinculados con sus gobernadores- se han convertido en sus voceros “disfrazados” y han formulado severas críticas, en particular contra el presidente Zedillo.
En una reunión con los directivos estatales del PRI en Yucatán efectuada el lunes 3, Cervera Pacheco -el único gobernador que no asistió ese día al encuentro con el presidente Zedillo- descargó su coraje y llamó a sus correligionarios a “identificar” a los “traidores” que hicieron perder a Labastida en ese estado.
Algunos de los asistentes a esa reunión, como el caso del virtual candidato electo a senador, Orlando Paredes Lara, uno de los hombres de más confianza de Cervera, despotricó contra el presidente Zedillo y sugirió que el priísmo yucateco “encabece una gran cruzada nacional para expulsarlo del partido, porque él es el gran responsable de la derrota del partido y un traidor que entregó la presidencia a la ultraderecha”.
En Quintana Roo, el presidente estatal del PRI, Roberto Coral García, político cercano a Hendricks, pero también “muy amigo” del gobernador de Tabasco, Roberto Madrazo, igualmente acusó al presidente Zedillo de ser el “gran culpable” de la derrota “debido a que nunca sacó las manos del proceso electoral de nuestro partido, al cual manejó a su capricho y antojo”.
Y considera que como el sur del país es la zona que mayor número de votos aportó a Labastida, “por legítimo derecho nos corresponde que el próximo presidente del partido sea un distinguido militante de la región, porque los del centro y los del norte de plano fracasaron”.
En Campeche, a pesar de que el PRI logró el “carro completo” -ganó las elecciones para presidente, senadores y las dos diputaciones de mayoría-, José Luis Brito Pech, quien será presidente municipal priísta de Hecelchakán gracias al apoyo que recibió del gobernador González Curi, afirmó que “Ernesto Zedillo no sólo traicionó a los priístas, sino a todos los mexicanos, al entregar el país a Vicente Fox, con lo que se pone en riesgo la soberanía del país”.
Para muchos, en Yucatán ocurrió también el cobro de facturas a Cervera Pacheco, incluso de propios priístas.
“En Yucatán no perdió el PRI, el que perdió fue Cervera”, asegura Guillermo Vela Román, uno de los coordinadores del Frente Cívico Familiar, agrupación que documentó decenas de irregularidades cometidas por el PRI y el gobernador yucateco, antes y durante el proceso electoral.
Llega al extremo el enojo priísta: la presidenta de la Gran Comisión y líder de la mayoría priísta en el Congreso de Yucatán, Myrna Esther Hoyos Schlamme, sugirió que “tal vez nos agrupemos con otros grupos o partidos progresistas… sería conveniente invitar a Cuahtémoc Cárdenas y a Gilberto Rincón Gallardo para aliarnos en una gran fuerza, para que los conservadores que en esta ocasión ganaron no lo vuelvan a repetir”.