Francisco Ponce
GUADALAJARA.- Se está convirtiendo en una buena costumbre. Y lo que es mejor, es un buen ejemplo. No se trata ya de tener un equipo nada más porque sí, como ha ocurrido tradicionalmente en el futbol mexicano.
No es trata de formar, a través, del futbol profesional, solamente a pateadores de pelota. Se trata, por lo contrario, de que a través de la Universidad, quienes se dediquen al balompié ejerzan su trabajo de la mejor manera posible. Y transitoria. A final de cuentas, ejercer la profesión para la que se ha estudiado es la mejor manera de contribuir personalmente a integrar una sociedad desfutbolizada.
No es un contrasentido.
Se ha visto en los ejemplos más contundentes con los conjuntos más representativos: Pumas de la UNAM, Tigres de la Universidad de Nuevo León y Leones Negros de la Universidad de Guadalajara.
“Se trata, nos dice el entrenador José Francisco “Médico” Ríos, de que el futbol sirva también como un proceso de superación personal. Porque en el futbol hay muchos vicios y entre los más frecuentes está el desamor por el trabajo. Apenas un jugador se siente estrella y comienza a regatear el entrenamiento, el aprendizaje, la preparación.”
Le hacen el feo al trabajo pues.
Y entonces todo se convierte en algo penosamente molesto. Es más importante asumir los síntomas de prestigio actuales: un auto último modelo, una videocasetera, un viaje a Cancún… y derrochar rostro con las muchachas.
Por esto, para el “Médico” Ríos –egresado de la U. de G., en medicina, diez años como futbolista, dos como técnico de los Leones y especialista activo en ortopedia– el futbol mexicano como otras actividades de la vida cotidiana están deterioradas.
Y también por ello, las universidades, al ingresar activamente en el futbol, han modificado, en virtud de sus principios, al futbolista. Hasta ahora, la labor más productiva en cuanto a resultados en el campeonato, la ha obtenido la escuadra de los Pumas, al obtener el subcampeonato, pero la maravillosa idea de Universidad es en sí lo que anima a estos nuevos futbolistas.
Y no sólo el dinero, como ocurre en la mayoría de los equipos patrocinados por empresarios meramente mercantiles.
“Nosotros aquí, explica Ríos, hemos hecho un gran esfuerzo. Bueno, la Universidad de Guadalajara, que está empeñada en crear en el equipo una infraestructura humana a base de estudiantes y no un equipo de futbol con lo intrascendente que puede significar al verlo nada más como tal.”
Ahora, sólo cuatro jugadores no son universitarios. Pero a partir de su retiro, la base contará con muchachos estudiantes. Y para ello, junto al fraccionamiento Hacienda de la Herradura, a unos treinta kilómetros de esta ciudad se ubica el club deportivo más moderno de México, propiedad de los Leones Negros. Con campos deportivos, canchas de tenis, albercas, gimnasio, casa club y hasta hotel.
Las intenciones, pues, del rector Enrique Alfaro Anguiano son las de continuar con la tradición universitaria en el campo del futbol.
Así, con futbolistas mejor preparados, conscientes de su papel no sólo como jugadores que cubren el sagrado cometido de divertir en los estadios, sino como personas obligadas a ejercer profesionalmente su trabajo, así, con ellos, será posible el mejoramiento del futbol nacional.
“Porque hasta ahora, comenta el “Médico” Ríos, sólo hemos dado lástimas y engaños a millones de aficionados.”








