El debate, simple simulacro de juego democrático Cuando actúa la aplanadora, el Colegio Electoral deja de serlo

Elías Chávez

Con sus “pistoleros verbales”, su “oposición de ayuda” y su “oposición independiente”, el Colegio Electoral juega a la democracia:
Deja a la oposición denunciar, gritar, mientras los priístas sordos, echan a andar su aplanadora para conformar, a su antojo, la Cámara de Diputados que el domingo estrenará, con su tercer informe de gobierno, el presidente Miguel de la Madrid.
En momentos el Palacio Legislativo parecería estar a punto de incendiarse –hasta un destacamento de bomberos vigila en el estacionamiento–, pero al final todo se resuelve sin mayor sorpresa: los dictámenes –casi todos– son aprobados tal y como los envió la Comisión Federal Electoral.
Y aunque la oposición protesta y abandona el salón de sesiones, finalmente cae en el juego: termina por convalidar, en la práctica, lo que en la tribuna niega: la legitimidad del Colegio Electoral.
En el juego de la democracia parlamentaria, el PRI usa dos clases de oradores: los llamados “pistoleros verbales”, entre quienes se encuentran Porfirio Cortés, Joaquín Contreras Canto (ahijado político de su tocayo Joaquín –La Quina– Hernández Galicia), Miguel Osorio Marbán, José Angel Pescador y Eliseo Rangel, y los oradores finos, elegantes, como Juan Maldonado, Fernando Ortiz Arana, Beatriz Paredes, Diego Valadez. Unos amagan y otros halagan.
Provocar o conciliar, según el caso a discusión, es la táctica del PRI:
Cuando la “oposición independiente” (PAN, PSUM, PDM, PMT, PRT) trata en la tribuna algún asunto “inconveniente”, el PRI recurre a la “oposición de ayuda” (PST, PPS, PARM) o a sus propios pistoleros verbales para desviar el debate. Y surgen insultos, intimidación, falacias.
También hay los encargados del trabajo sucio, como el expriísta, ahora parmista, Jorge Massó Massó, a quien encargaron defender al hasta hace unos días gobernador de Nuevo León, Alfonso Martínez Domínguez: ningún priísta quería defenderlo.
Y al revés: la táctica del halago, es empleada no sólo en la tribuna por los oradores finos, sino también en los pasillos por los negociadores elegantes, como Antonio Tenorio Adams (priísta, director del Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México)
En una de estas negociaciones tuvo que intervenir directamente el líder de la mayoría priísta, Eliseo Mendoza Berrueto, para evitar que la oposición insistiera en su demanda de destituir al presidente del Colegio, Píndaro Urióstegui Miranda. A cambio, ofreció: los pistoleros verbales respetarían a los oradores de la oposición, y, sobre todo, las claques siempre abarrotadas de acarreados–, serían controladas.
La táctica del cultivo yucateco, para negociar en los pasillos, es empleada también por algunos priístas temerosos de que, en las comisiones dictaminadoras, los representantes de la oposición “ensucien” su dictamen:
–Tú eres un gran orador. Harás historia en la Cámara. Te felicito, hermano… Mira, yo soy hijo de ejidatarios, para comprar el reloj que traigo tuve que vender mi coche. Mi carrera política ha sido limpia. Por favor, hermano, no impugnes mi dictamen, no me pegues. Cuando tú hablas, hasta la bandera se cae…
Perfectamente ubicados, desde siempre, como adláteres del PRI, nada nuevo han aportado en el colegio Electoral el PST, el PARM y el PPS. Así, Graco Ramírez y Jorge Amador (PST) suben a la tribuna para atacar al PAN, “la vieja oligarquía”, en tanto que para Cuauhtémoc Amezcua y Francisco Hernández Juárez (PPS) el PAN en el imperialismo norteamericano metido en México.
Respecto al PMT y el PRT, que debutan en la Cámara, su presencia ha alterado el mecanismo y el juego político, por más que Heberto Castillo (PMT) dice no creer en la democracia parlamentaria cuando ve que el PRI gana de todas todas, en tanto que Pedro Peñaloza (PRT), aunque todavía no domina el escenario, causa problemas a la mayoría.
Estos dos partidos, juntos, con el PAN y, el PSUM, rompieron la semana pasada el juego sucio y fijaron la actitud de la oposición independiente: abandonaron el salón de sesiones en protesta por la cerrazón priísta que se negó a reconocer el triunfo del PAN en Mexicali.
Con documentos probatorios de su supuesto triunfo, el panista Alfredo Arenas denunció, además, la falsificación de actas de escrutinio, delito en el que involucró a su contrincante, el priísta López Moctezuma, exrector de la Universidad Autónoma de Baja California.
Surgió el debate. En apoyo de Alfredo Arenas subieron a la tribuna Esperanza Morelos y Enrique Gabriel Jiménez Remus (también panistas). Y el PRI, en voz de Porfirio Cortés, respondió con la táctica del halago:
“Aquí ha intervenido –dijo–, entre otras personas, una dama cuya voz produce armonía, cuya buena intención es inconfundible. El respeto para ella y para su sinceridad.”
A Jiménez Remus lo llamó “el distinguido abogado y tribuno” cuya “bonhomía a todos nos ha impresionado, por su trato respetuoso y caballeroso”.
Y como si no hubiera escuchado los argumentos de los panistas, Porfirio Cortés limitó la defensa de su compañero de partido a un hecho: el de Mexicali es una ciudad fronteriza y, en aras del nacionalismo, “debemos cuidarla porque allí, a veces, el fenómeno de imitación produce efectos de simpatía al país extranjero”. Con esto daba a entender que la mejor garantía para salvaguardar la mexicanidad de Mexicali era no reconocer el triunfo del panista.
A continuación, Eduardo Valle (PMT) intensificó el conflicto. En actitud nunca vista en un Colegio Electoral, empezó a reconocer que había cometido un error: como miembro de la comisión dictaminadora firmó el dictamen en favor del priísta. Y explicó: “Más grave sería insistir en el error. Eso sería corrupción intelectual”. Y aunque explicó las “profundas diferencias” entre su partido y el PAN, también criticó la falta de nacionalismo–dijo– del PRI y del gobierno. Finalmente, demandó respeto a la democracia política, para “limpiar los procesos electorales de burdas falsificaciones como las que acaba de demostrar el candidato del PAN en Mexicali”.
Ocho oradores más, del PRI y del PAN, alargaron durante cuatro horas el debate, hasta que Píndaro Urióstegui puso a votación el dictamen. De nada habían servido los argumentos, las pruebas, los gritos. La mayoría priísta aprobó y los trece presuntos diputados panistas optaron por abandonar el salón de sesiones.
Y quince minutos después también salían los del PSUM, del PMT y del PRT, frustrados porque sus reclamos no eran atendidos porque la mayoría priísta “no entiende razones” y el Colegio Electoral es “un vil teatro”.
Hablando solos, sin la “oposición independiente”, se quedaron los priístas y los de la “oposición de ayuda”. Jorge Montúfar Araujo (PRI), doraba la píldora:
“… Sepan nuestros compañeros del PAN que el pensamiento, el corazón y la mano de los presuntos diputados que estamos aquí estarán siempre abiertos para seguir luchando juntos en este camino, para sacar adelante a nuestra patria, que es lo que en este momento debe unirnos en el trabajo y en el esfuerzo.”
A su vez, Cuauhtémoc Amezcua (PPS) tiraba lanzadas al moro ausente:
“Denunciamos la conducta de los integrantes de Acción Nacional. Consideramos que el acto hoy realizado por ellos, de abandonar esta sesión por el simple hecho de no haber obtenido el resultado que ellos hubieran querido en la discusión, viene a comprobar el juicio que reiteradamente hemos expresado en esta tribuna, en el sentido de que los panistas realizan actos de chantaje, maniobras dilatorias, presiones de todo tipo para tratar de arrancar concesiones.”
Jorge Amador Amador (PST) no sólo criticó la conducta de los panistas, sino también la de los presuntos diputados del PSUM, del PMT y del PRT que también abandonaron la sesión:
“Lamentamos que los compañeros de una parte de la izquierda se hayan retirado, sentimos pena por la conducta de ellos, porque nosotros somos parte de la izquierda y también somos corresponsables de lo que la izquierda hace. Nosotros lucharemos por sacar adelante una política de diálogo, una política responsable que contribuya a fortalecer la legitimidad de este órgano, independientemente de los chantajes y de las lamentables confusiones de algunos de nuestros compañeros.”
Al día siguiente –viernes 23– la “oposición independiente” reingresó al “juego democrático”, volvió al Colegio Electoral y dio respuesta al PRI y a sus comparsas:
Jesús González Schmall (PAN) informó haber presentado, en la Procuraduría General de la República, una denuncia de la falsificación de actas de escrutinio en Mexicali, y su compañero de partido, Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, acusaba:
“…este Colegio Electoral se está constituyendo en el último eslabón de una secuencia oprobiosa para la nación. Lo que fue vituperio, burla y falsedad para los electores mexicanos el 7 de julio, se prolonga en este tribunal cuando la mayoría se hace no sólo la dueña de la ley sino la intérprete de la ley y se niega a abrir los caminos de la aceptación de los argumentos de la competencia… Si se continúa con el sistema que hemos estado siguiendo, se estará exhibiendo, una vez más, que el camino de la democracia ofrecida por el presidente Miguel de la Madrid, se ha cerrado en este Colegio Electoral.”
Por su parte, Jorge Alcocer (PSUM) culpaba:
“Mucha cerrazón habíamos experimentado ya en días previos, pero la de ayer desbordó cualquier conducta tolerable… A lo largo de estas largas sesiones, la intolerancia, la política de oídos sordos, la negación de la esencia de cualquier parlamento democrático que es el derecho a ser escuchado para intentar convencer, que supone por necesidad la disposición a escuchar razones, a oír argumentos, a modificar los juicios, ha sido negada. Todas y cada una de las cosas que aquí discutimos traen resolución previa, ya adoptada fuera de este recinto, en los cenáculos del poder… El PSUM sostiene indeclinable su intransigente principio de defensa del voto popular, independientemente de por qué partido sea emitido; esa es nuestra conducta y si con ella coincidimos con otros, eso no nos avergüenza… No nos prestamos ni nos prestaremos a maniobras. Asumimos nuestra conducta y rechazamos tajantemente críticas, abiertas o veladas, de quienes no tienen autoridad moral para criticarnos… Nosotros seguiremos pregonando en el desierto. ¿Seguirá siendo nuestro único derecho el de expresión?.”
Los monólogos continuaron. Y con Juan Maldonado, que contestó en nombre del PRI, el artificio:
La mayoría tiene obligación ineludible de aceptar las decisiones de la minoría, en aquello que tenga derecho y razón, pero la minoría también tiene la obligación de aceptar lo que la mayoría diga, por la fuerza de la mayoría, sino porque en conciencia sepamos que le asisten la razón y el derecho”.