Francisco Ponce
Se habla de la soledad de los corredores de largas distancias. Y el dolor que suele atenazarlos cuando los músculos del abdomen comienzan a endurecerse y los tobillos a desgajarse y la voluntad se ciñe al microuniverso de 42 kilómetros 195 metros.
Es la maratón; no una tragedia.
Porque desde la antigüedad helénica, “el hombre intenta retos”, dice el entrenador polaco de los marchistas mexicanos Herzy Hausleber. Y, fundamentalmente, se trata de la competencia del hombre: un esfuerzo constante para reconocerse, para superarse. Es, como siempre, la capacidad de desarrollar los movimientos naturales que propone el atletismo: caminar, correr, saltar, mover los brazos, pensar: todo.
Por esto, y porque la ciudad necesita de alientos para el tiempo libre, el 22 de septiembre se efectuará la maratón más nutrida –unos 20,000 competidores– de más de diez países, en lo que se pretende sea la competencia masiva más grande del mundo.
“Será, agrega Hausleber, la carrera que se celebre a la mayor altitud sobre el nivel del mar”. El único otro evento más allá de los 2,100 metros sobre el nivel del mar –en La Paz el reto se convierte en una doble angustia–, tiene lugar en Bolivia, pero carece, debido a las condiciones en las que se da, en una prueba tan difícil, que son muy pocos los participantes.
Para Hausleber, el desarrollo de este tipo de eventos se identifica con las necesidades de una población numerosa –cercana ya a los 20 millones de habitantes–, que está agobiada por todos los problemas cotidianos.
Dice el técnico polaco:
–Muchas personas se preguntan cuál puede ser el beneficio de esta monstruosidad. Los ejemplos están en el mundo, sobre todo en las grandes congregaciones urbanas: Tokio, Boston, Nueva York, Río de Janeiro… México ¿por qué debe de quedarse a un lado, cuando el atletismo cada vez más ocupa la atención de quienes desean desarrollar la armonía de su cuerpo? Europa ha sido siempre un ejemplo.
La razón, de acuerdo con el entrenador Hausleber, es que se da la posibilidad de distraer la atención del ciudadano que siempre está metido en el futbol, llenando su hoja de pronósticos y que a la larga es un ser receptivo.
“La maratón”, explica Hausleber, “influye en el hábito de la práctica deportiva de la gente. México, además, ha sido tradicionalmente un país de grandes corredores. Su historia lo dice. Actualmente dos marchistas mexicanos son los dueños de las medallas de oro en caminata. Y también tenemos el ejemplo de otros atletas de fondo. Porque la promoción y propaganda del deporte hace que las masas participen. Es un espectáculo de lo más sano…”
Y en este sentido, la carrera de maratón se desarrolla por calles principales de las ciudades –el 22 de septiembre arrancará del autódromo de la Magdalena Mixhuca y culminará en el Monumento a la Revolución–, único espectáculo que permite la participación abierta del público durante más de los 42 kilómetros de recorrido.
Rodolfo Gómez, cuya persistencia lo ha mantenido como uno de los atletas mexicanos más constantes –inclusive fundó el primer club de pista y campo que lleva su nombre–, estima que particularmente en México la maratón se aprecia como en pocos lugares del mundo.
Gómez, quien señaló al presidente De la Madrid los problemas a los que está sujeto un deportista aficionado por falta de ayuda, y triunfador en las maratones de Tokio y Atenas, y segundo sitio en el de Nueva York– le fue imposible vencer al cubanoestadunidense Alberto Salazar–, dice:
–Es una fiesta hermosa. Uno, en México, siente a la gente. Desde las vallas, escucha uno las voces: “échale ganas”, “vamos, vamos”, “mucho, mucho”, sin importar si va en primero o en último lugar. Hay una especie de solidaridad con el esfuerzo que desarrolla uno en el trayecto. Y esto se da en muy pocos países. La participación del público en mi país es la más generosa.
Claro: se olvida del futbol, porque a lo largo de los 42,195 metros, no nada más es la fila de corredores que pasa por las calles. Hay variedades artísticas, eventos deportivos paralelos.
“La verdad, comenta Rodolfo, la mayoría de los maratones a los que he asistido, son muy fríos.”
Y Rodolfo sabe un rato de esto porque, entre sus logros, está el sexto sitio en la maratón de los Juegos Olímpicos en Moscú, el mejor papel de un corredor mexicano en la historia olímpica, en esa especialidad.
Peter Despart, veterano promotor atlético estadunidense, elogia la capacidad de organización y las características que reviste la maratón de la Ciudad de México, sin desmerecer de la de Puebla, cuyo éxito ha sido inobjetable. Despart, cuyo contacto con atletas mexicanos radica de más de veinte años, pues él ha sido el impulsor de los tradicionales relevos del Mount San Antonio College entre competidores mexicanos y estadunidenses, piensa que en unos pocos años la de México será la maratón más importante del mundo.
“Se cuenta con servicios médicos de primera, agrega el técnico, y además los competidores están muy bien atendidos y el público puede disfrutar otros eventos. Claro, no hay que olvidar que estamos a más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar y ello significa un esfuerzo radial entre los competidores. Se dice que ven la maratón unos tres millones de personas, y no por televisión, sino en la calle. Ni en Nueva York.”
Naturalmente, para Sandalio Sáenz de la Maza, titular de Promoción Deportiva del DDF, este tipo de eventos, aunque populistas, posee la virtud de reordenar los hábitos de los espectadores mexicanos. Es decir, hacia la participación en los escenarios y no desde las tribunas o la butaca en casa frente al televisor.
“Esto no quiere decir, reconoce el profesor De la Maza, que estamos haciendo deporte. Nuestro objetivo es la participación de los habitantes de la ciudad, porque a través de la práctica deportiva se pueden palpar y analizar mejor los problemas que padecemos. Y, claro, también da mayor sensibilidad para solucionarlos. Sin la participación de la gente es difícil pretender una ciudad con calor humano. El deporte, y está demostrado, permite a la gente la convivencia. No queremos que sea gente de escritorio, de café, de bar…”.
Sin embargo, la organización de este evento implica muchísimos problemas, entre otros el de vigilancia –durante la primera edición de la maratón un vivales cruzó las vallas y quiso aparecer como el ganador y el de los servicios no sólo a los atletas sino a los espectadores. Y los errores podrían revertirse en otro descrédito más para el país, abonando argumentos al narcotráfico y al desorden social.
“Contra lo que pueda decirse, comenta De la Maza, en la maratón no se han dado casos de vandalismo, de delincuencia… Al contrario, hemos visto que la gente se comporta extraordinariamente, pues tiene una fiesta en la calle. Hay que reconocer que la maratón, el esfuerzo de los corredores, su sacrificio, impactan a quienes están presentes y por ello pocos toman partido: es el esfuerzo que cualquiera de nosotros puede hacer en un momento dado. Por esto, el atletismo en general, brinda estas cualidades.”
Claro que no está descartada la probabilidad de abusos, robos y otras calamidades. Pero ello puede ocurrir cualquier día de la semana, en cualquier parte y en cualquier país.
“Si uno tuviera que prejuzgar los acontecimientos, dice Sandalio, nadie emprendería ninguna empresa. La ventaja es que hemos alcanzado buen éxito en los dos primeros maratones. La gente lo ha hecho posible debido a su comportamiento. Y éste, aunque con 22,000 atletas, nos exigirá todo nuestro esfuerzo, pero ya tenemos los sistemas modernos de computación para organizar bien la jornada.”
Gerardo Alcalá, campeón de la maratón de 1984, estima que no sólo como fiesta, sino como prueba para los mismos atletas mexicanos, la maratón permitirá correr contra los mejores del mundo, sin necesidad de viajar a Nueva York, Tokio u otros lugares.
“En casa nos mediremos con los mejores”, piensa Gerardo. “Además, a quienes vengan a competir, la altitud de la ciudad les servirá para reconocer sus capacidades reales. Porque nuestra altitud es una prueba para cualquier ser humano, sin llegar a mayores alturas donde la competencia podría ser inclusive mortal. Creo que si me quieren ganar no deberán hacer más de las dos horas, 23 minutos y 32 segundos, que fue el tiempo que realicé el año pasado. Muchos vienen con buenos tiempos, pero cuidado: hay que hacerlos aquí, no a nivel del mar”.
Es una prueba de sacrificio, indudablemente, piensa Rodolfo Gómez. Y también, estima, debe correrse con talento, no con ráfagas. “Es consistencia y exige, correr la maratón, orden, tranquilidad, fuerza. Todo, quizá, lo que necesitamos en la vida para triunfar, aunque no lleguemos en primer lugar. Por eso creo que no existe soledad alguna en la carrera. Al contrario: piensa uno tantas cosas no sólo durante las dos horas y media de la carrera, sino desde cuando comienza uno a ponerse los tenis para ir a la montaña a prepararse… La prueba no está en la maratón. Sino desde que uno decide meterse en la bronca…”








