Una renuncia

David Huerta

El pasado jueves 15 de agosto, Alicia Urreta presentó su renuncia como directora de Actividades Musicales de la Universidad Nacional. La Dirección General de Difusión Cultural se la aceptó; el titular de dicha dependencia universitaria, el escritor René Avilés Fabila, había llamado a colaborar a la maestra Urreta en enero de este año. Ocho escasos meses, pues, duró la gestión de Alicia Urreta al frente de esta oficina; su renuncia viene a poner de manifiesto el estado de crisis de la política cultural universitaria, parte, desde luego, de la crisis general –pero crisis muy significativa por sus características y por la innegable importancia de la universidad en el ámbito de la difusión cultural de nuestro país.
De la menguada información que ha circulado en torno a la renuncia de Alicia Urreta, puede deducirse que mientras Actividades Musicales estuvo a su cargo la maestra no recibió el apoyo necesario de los funcionarios encargados de dársela y obligados a ello, naturalmente, la responsabilidad recae en el propio director de Difusión Cultural. Avilés Fabila, por supuesto. Pero se sabe cuánto ha tenido que ver en todo este asunto el director titular de la Orquesta Filarmónica de la Universidad (OFUNAM), Jorge Velazco. El rector Carpizo, como autoridad máxima de la UNAM, tiene asimismo una porción considerable de responsabilidad, fundamental, en la crisis que esta renuncia pone al descubierto –una situación sensiblemente mostrada a la opinión pública hace unos meses, cuando el director de Artes Plásticas de la Universidad, el profesor Gerardo Portillo, fue detenido acusado de malversación de los fondos de la escuela a cuyo frente se encontraba.
Se dirá que la renuncia de la maestra Alicia Urreta es uno de los tantos movimientos de la burocracia cultural, en esta triste época de recortes y ajustes de todo tipo. No es así; si algo distinguía a la maestra Urreta en el panorama de la música en México y de la difusión cultural, era precisamente su falta de compromisos políticos o de intereses económicos o burocráticos. Es una mujer que deseaba trabajar, intensamente, para la universidad y para la música de nuestro país: ¿por qué se le impidió?
El rector Carpizo y Avilés Fabila le dieron su apoyo a Jorge Velazco y se lo retiraron a Alicia Urreta; tal es la impresión que se desprende de esta renuncia.
No es una cuestión de organigrama. Es decir, no se trata de que en el papel Alicia Urreta estuviera por encima de Jorge Velasco y, por lo tanto, éste se sometiera sumisamente a las órdenes de su directora de Actividades Musicales; no, desde luego. Lo que llama la atención es la desproporcionada ayuda financiera que reciben la OFUNAM –elemento cardinal de la música universitaria, por otra parte– y su director, de las autoridades. La desproporción se acentúa alarmantemente cuando se comprueba la inclinación de Velasco por contratar un número excesivo de solistas extranjeros, pagados en dólares. Ello quiere decir, ni más ni menos, que Velasco está operando con la Orquesta Filarmónica de la Universidad como si ésta fuera una orquesta privada; y no lo es; se trata de una orquesta institucional, universitaria, creada con fines educativos y de amplia difusión de la música.
Ha habido, pues, favoritismo hacia Velasco y en perjuicio de un proyecto, el de la maestra Alicia Urreta, más razonable y formulado en los términos de austeridad a los cuales obliga la crisis. Es más; la maestra Urreta intentó apegarse en todo momento a los lineamientos fijados por el rector Carpizo en el ámbito de la difusión cultural. En este sentido, la renuncia de la directora de Actividades Musicales de la UNAM representa una severa crítica a la actual gestión de las autoridades universitarias, en los tres niveles directamente responsables de la difusión de la cultura: la Dirección de Difusión Cultural la Coordinación de Extensión Universitaria y la Rectoría. El peso moral de esa crítica reside en la limpieza personal, profesional y artística –para no hablar del talento que la distingue, talento reconocido ampliamente– de la maestra Urreta. Se trataba de trabajar con un criterio universitario, y de hacerlo con intensidad y pasión. Lo que esta renuncia exhibe es una tendencia a la privatización de la cultura universitaria.