Extensión universitaria y difusión cultural, “zona de desastre”: Alicia Urreta

Sonia Morales

Diferencias entre la directora de Actividades Musicales, Alicia Urreta y el director de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, Jorge Velazco, así como la falta de apoyo del director de Difusión Cultural y el coordinador de Extensión Universitaria, René Avilés Fabila y Fernando Curiel, respectivamente, decidieron a la pianista y compositora a presentar su renuncia con carácter de irrevocable el pasado 15 de agosto.
Sustituida en su cargo por el también pianista Raúl Herrera, en una carta de dos cuartillas dirigida al director general de Difusión Cultural, Alicia Urreta explica cuál era su proyecto musical para la UNAM según los lineamientos de política cultural marcados por el propio rector Jorge Carpizo en su discurso del 18 de mayo pasado.
En el documento obtenido por Proceso, Urreta acusa a Jorge Velazco de no respetar esos lineamientos, programando la OFUNAM de una manera unilateral y de acuerdo a su “privilegio personal”.
La pianista de la Orquesta Sinfónica Nacional escribe:
“Cuando acepté la Dirección de Actividades Musicales lo hice a conciencia de que, al aceptar, estaba postergando mi propio proyecto personal como compositora y pianista, en un momento de madurez profesional definitivo para mi carrera.
“La experiencia de estos siete meses ha sido muy diferente a lo planteado, por lo que respecta a la dirección de la OFUNAM: Ya he explicado a usted, en mi informe fechado el 22 de julio, cuál es y será el camino de OFUNAM, mis conclusiones y proposiciones al respecto. A todas las irregularidades, arbitrariedades, falta de respeto a las instancias y a las jerarquías institucionales, antinacionalismo, que fueron explicitados en el documento arriba citado del cual tiene copia tanto la Coordinación de Extensión Universitaria como la Rectoría, se añade ahora la separación de OFUNAM de la Dirección de Actividades Musicales quedando este organismo exclusivamente en manos de una persona, el Lic. Velazco, que como se puede ver por la programación, ya impresa de la temporada de septiembre de 85 a junio de 86, siente que su privilegio personal le permite marginarse de la realidad económica y social de México, de la música mexicana y de la UNAM misma.”
Urreta dice que “no me es posible aceptar la responsabilidad que representa la desmembración de la Dirección de Actividades Musicales con las acciones delirantes del `hombre fuerte’ e influyente de la música de la UNAM que dice ser el Lic. Velazco. No puedo aceptar que en el futuro se me acuse de haber propiciado la desaparición de la OFUNAM como una orquesta institucional”.
Recalca la falta de apoyo institucional a la dirección de Actividades Musicales prevaleciendo el “interés y la carrera personal de un Lic. que quiere ser director de orquesta, y cuyo capricho cuesta, y mucho, a la UNAM y al país; de una persona que desprecia profundamente a lo mexicano y a los mexicanos, que es, consecuentemente, adorador patético de los extranjeros, de Herbert Von Karajan, de Busoni, de `pensar en alemán’ y tener que hacer un esfuerzo para `bajar de las alturas’ y regresar al `tercermundista’ idioma español; de una persona que ha abordado con `todóloga mediocridad’ la administración, la programación la investigación, la dirección, etc. de la música porque `lo que Natura non da, Salamanca non presta’. Vista la cantidad de problemas, o mejor dicho conflictos, que su arbitrariedad e influyentismo han creado, no sería mala idea declarar `zona de desastre’ a la dirección de Actividades Musicales y ¿por qué no? a la propia Dirección General de Difusión Cultural y a la coordinación de Extensión Universitaria”.
En la primera parte de su carta-renuncia Alicia Urreta explica el cuidado que tuvo de precisar cuáles serían sus responsabilidades, la autoridad que representaba, su organigrama, y el área de trabajo en Actividades Musicales.
“Se me ofreció todo el apoyo para la realización de un programa relativo a la prioridad de la música mexicana en todos sus aspectos: difusión, edición, promoción, grabación y acción múltiple”, señala y refiere que también preguntó quién sería el director de la OFUNAM “que es un organismo clave para la difusión de la música” y se le aclaró que la OFUNAM participaría en estos proyectos, bajo su dirección.
Sin embargo, el director de Difusión Cultural afirma a Proceso: “Yo lo que le ofrecí es lo que le di. Nunca le dije que iba a programar la OFUNAM”.
La programación de la OFUNAM durante la administración pasada no recaía solamente en los directores asociados. La aprobación de los programas era hecha por un Consejo integrado por los dos directores asociados, la directora de Actividades Musicales, el director de Difusión Cultural, el coordinador de Extensión Universitaria y el director de la Escuela Nacional de Música.
Al iniciarse la nueva administración desapareció, de hecho, ese Consejo. Avilés Fabila explica que al llegar a la dirección “me encontré ya sin dos directores y en la necesidad de nombrar uno”; y sin Consejo.
Sin embargo, él mismo aclara que “curiosamente todas las demás áreas tienen consejos: editorial, de teatro, de danza. Música no tiene Consejo, de tal manera que la responsabilidad se le dejó al director”.
Urreta explica que en el documento que envió al director el 22 de julio pasado explicaba la necesidad de crear un Consejo que se encargara de programar la OFUNAM acorde a los lineamientos de política cultural expresados por el rector en su discurso fechado el 18 de mayo, “para que ésta se manejara como un organismo institucional y no privado”, y que incluía, por supuesto, al director de la OFUNAM dentro del nuevo organismo.
Nunca se respondió a su propuesta –cuenta– “e inesperadamente para mí me enteré que se había tomado la decisión, ignoro por quién, de separar la OFUNAM de la dirección de Actividades Musicales”.
Avilés Fabila asegura que el proyecto es “tratar de darle una cierta autonomía administrativa y presupuestaria a la OFUNAM” que ahora absorbe parte del presupuesto de Actividades Musicales y para ello se está estudiando la posibilidad de crear un patronato para la orquesta.
Para Alicia Urreta la realidad es otra; Jorge Velazco programó la temporada 85-86 “de una manera arbitraria, independiente y completamente ajena, ya no sólo a la política de la rectoría sino a la situación económica de México”.
Desglosa: Concretamente en la programación hay 30 solistas extranjeros y 10 mexicanos, nueve directores de fuera y cuatro de aquí; hay una escasez enorme de música nacional y una preeminencia en el repertorio de lo que se conoce como `caballitos de batalla’ de lo que se desprende que se trata de una programación pensada y presupuestada en dólares”.
Un solista o director extranjero cobra como mínimo 800 dólares y puede llegar hasta más de los 7,000; mientras que un solista mexicano no llega a cobrar más de 200,000 pesos por pares de conciertos, tal fue el caso de María Teresa Rodríguez y Guadalupe Parrando, informa.
“De esta situación hablé con el director de Difusión Cultural, con el Coordinador de Extensión Universitaria y con el propio Jorge Velazco. Me parecía que la tarea nacional es tan importante como para dejar ninguna puerta sin abrir. Hablé con él y definitivamente no hubo posibilidad de diálogo. Por razones que ignoro Jorge Velazco se considera con una influencia enorme en la universidad y en estos siete meses constantemente ha tomado decisiones individuales, laterales, sin importarle ni la dirección de Actividades Musicales ni ninguna otra autoridad.”
Ante este panorama su renuncia no podía esperar porque se estaba ya trabajando con el presupuesto de 1986 y Jorge Velazco ha solicitado 100 millones de pesos “para honorarios, independientemente de los sueldos de los músicos y vista la cantidad de situaciones que ha prevalecido es probable que esta petición sea considerada como prioritaria”, dice Alicia Urreta.
Además Velazco, en alguna ocasión, manifestó que una orquesta necesita por lo menos 50 personas en la administración “porque así lo tiene Ika de Berlín”, cuenta Urreta. Por esto –continúa– solicitó 17 plazas más, de las cuales ya le aprobaron 5.
Según Avilés Fabila y Urreta, contra su opinión se desapareció la galería Juan O’Gorman para albergar las oficinas de Actividades Musicales y dejar las de la Sala Nezahualcóyotl sólo para la orquesta.
La inconformidad contra Jorge Velazco también es de los empleados, quienes enviaron una carta a Avilés Fabila el pasado 19 de agosto en la que protestan por la relación “realmente arbitraria, déspota y frívola” de Velazco “ya que siempre pretendió vernos como un mueble más del activo fijo. Razón por la cual No estamos dispuestos a laborar con una persona que no respeta la dignidad humana”.
Alicia Urreta añade que Velazco solicitó ya la renuncia al maestro Armando Zayas, quien por años ha sido director residente de la OFUNAN. Incluso hay rumores de que Velazco amenazó en levantarles un acta a los empleados que firmaron la carta en su contra.
La decisión de dar a Jorge Velazco todo el poder sobre la OFUNAM, es en opinión de Alicia Urreta un retroceso al “chavismo”, a la época en que Carlos Chávez desmembró la Orquesta Sinfónica de México; aunque aclara que “hay una gran diferencia entre Carlos Chávez y Jorge Velazco”.