La sacerdotisa de los hongos, enferma y en el abandono “Se han hecho ricos conmigo mientras yo me muero de hambre”: María Sabina

Ignacio Ramírez

HUAUTLA, OAX.- A sus 96 años de edad, frente al altar de su pequeña casa de madera enclavada en el cerro El Fortín, el más alto de la sierra mazateca, desde donde domina el alucinante mundo de los hongos –los teonanácatl, la “carne de Dios”–, María Sabina mastica la amargura de su pobreza y abandono: “Se han hecho ricos conmigo, mientras yo me muero aquí de hambre y de sed. ¿Por qué tanta ingratitud? Allá su conciencia, porque a mí me salva el espíritu”.
Humo de incienso y copal, flores y veladoras, nichos e imágenes religiosas, de vírgenes y santos. La voz débil, apagada, de la sacerdotisa, la chamana, la sabia, apenas se escucha en rezos y cánticos ante los crucifijos, mientras bendice a los “niños santos”:
Tú Jesucristo
Tú María
Soy mujer estrella de la mañana
Porque soy la mujer pura
Porque puedo entrar y puedo salir
en el reino de la muerte
(Traduce Juan García Carrera, indígena mazateco, que desde hace cinco años es el intérprete fiel de su madrina y guía y quien escribe el libro La otra vida de María Sabina.)
Huautla de Jiménez: 35,000 habitantes y la mismísima miseria ancestral. El último de los pueblos fantasmagóricos de esta región: Puerto de Soledad, Calputitla, Plan de Guadalupe, San Jerónimo Tecoatl, Santa Cruz Acatepec, le anteceden en el monte. Huautla de Jiménez, poblado elevado eufemísticamente a la categoría de “ciudad”, sin ninguna calle asfaltada, polvoriento, seco: desde hace tres meses no hay agua.
Ya ni siquiera abundan los hongos, se queja la gente. Ahora hay que traerlos de San Bartolomé Ayautla, de San Miguel, de Santa Catarina.
“Se los están acabando…”, dice Sabí, como cariñosamente le llaman a María Sabina.
Permite el tuteo. “Por sus venas corre sangre indígena”, dice al reportero.
–¿Qué han hecho de ti, María?
–Me han enfermado. Estoy débil, me obligo para hablar. Estoy abandonada. De mi gente no recibo ni una sonrisa. Creen que soy rica o me tienen envidia. Lo único que tengo es esta casa. dicen que soy bruja, pero no me conocen. Yo quiero el camino de la paz y de la bondad, no de la maldad. Creo que estoy pagando las consecuencias. Cargo las enfermedades de todos los que curé. Ya casi ni duermo.
María Sabina es bajita de estatura, tiene el rostro lleno de arrugas, los ojos pequeños y el pelo nublado. viste un viejo y raído huipil, rebozo y zapatos de tela y plástico. De su estado de salud, el último dictamen médico, cuando estuvo internada en el hospital del Seguro Social en la ciudad de Oaxaca, del 12 al 24 de junio de este año, habla por sí solo: anemia aguda y úlcera gastrointestinal.
No es ni la sombra de aquella mujer que deslumbró al mundo con sus rituales. Eran los años 50-60: los hippies se daban cita en San Francisco; los beat-kins, los románticos y místicos artistas, quedaban atrás reunidos en Hyde Park. Fue entonces cuando el especialista en micología (estudio de los hongos), el norteamericano Robert Gordon Wasson llegó a Huautla en busca de los Ndi-xitjo, los “pequeños que brotan”, palabra mágica que le abrió las puertas al mundo de Sabí, al cual penetró por primera vez la noche del 29 al 30 de junio de 1955.
Wasson fue desplazado de su cátedra en la Universidad de Harvard a raíz del proselitismo que hizo entre sus alumnos de los hongos alucinógenos, pero su libro Les champignons hallucinogenes du Mexique le dio la vuelta al mundo.
Y vino la desbandada.
Hasta los Beatles llegaron, sin faltar los jóvenes “graduados” en Avándaro, todos dispuestos al llamado buen viaje. “Pero hemos tenido malas experiencias –comenta Juan García–, por ejemplo “La Tigresa” Irma Serrano se fue enojadísima. Yo creo que por tacaña no se dirigió a María Sabina y se tragó los hongos por otro lado. Viajó mal y salió echando madres. Cuando la vi me regañó porque le pedí ayuda para mi madrina”.
–¿Y yo por qué? Que le ayude su pueblo y el gobierno, a mí que me importa.
La verdad es que todos tienen en el olvido a María Sabina. En estos momentos, una demanda interpuesta por el uso indebido de su nombre en un restaurant y hotel de Teotitlán, da pie para que ella y su ahijado muestren al reportero documentos y fotografías que conforman un rosario de denuncias por el abuso y la explotación de que ha sido objeto.
Desde su descubridor, el propio Wasson.
Del libro La otra vida de María Sabina:
“Mucha gente se aprovechó de mí. No sé leer ni escribir. Nunca tuve un cuaderno ni un lápiz. La forma en que nos criamos fue muy pobre. No quisiera recordar esos tiempos tan tristes y mejor sería contar mi vida… Recuerdo aquella vez cuando volvió a llegar Wasson. Me regaló un disco en el que venían mis cantos. Le pregunté que cómo le había hecho. Nunca imaginé oírme a mí misma. La maestra Herlinda me dijo que había sido durante una ceremonia en la que yo me encontraba muy concentrada en el efecto de los hongos. Estaba disgustada porque en ningún momento le había pedido a Wasson que robase mis cantos. Mucho tiempo anduve llorando por esto y el insomnio no me dejaba dormir.”
En 1957 Gordon Wasson –”acaso María Sabina no esté mal situada para volverse la más famosa entre los mexicanos de su tiempo”– grabó los rezos y cantos de la sacerdotisa durante una velada con ella. Así quedó registrado el disco en los Estados Unidos: Folkways Records Album No. FR 8975. Copyright (c) 1957 By F. Records Service. Corp. 165w46 St. NYC. USA, “MUSHRROM CEREMONY OF THE MAZATEC INDIANS OF MEXICO”, Recorded by V.P. & R.G. Wasson at Huautla de Jiménez, Oax.
Del acetato María Sabina no recibió nunca ni un centavo.
“Bí” –como le decía su madre a María– vive en una casa de madera de tres cuartos pequeños, una casa que tiene estufa pero no hay gas, una casa que tiene baño pero no hay agua. En su cuarto sólo hay algunos cuadros y un petate. Allí convalece de su enfermedad prácticamente sola, únicamente le acompañan ocasionalmente alguno de sus nietos o bisnietos.
Nunca imaginó su destino casi fatal: enviudó dos veces, de sus 13 hijos sobreviven tres mujeres y un hombre, fue balaceada en una ocasión por defender la vida de su hijo mayor y siempre ha vivido en la miseria. “A los indios Dios nos da sabiduría, pero no dinero”.
Un día, ingenuamente, creyó que su signo cambiaría. Eran los tiempos del jolgorio lopezportillista. “Viene a verte la hermana del presidente”, le anunciaron. En efecto, había llegado Margarita López Portillo, directora de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC):
“María Sabina, admiro tu sabiduría, he oído hablar de tus curaciones, de tu mundo mágico. Y vengo a aprender de ti. Vamos a filmar una película de tu vida y vivirás igual que yo, no te faltará nada.”
La película se filmó: María Sabina, Mujer Espíritu, dirigida por Nicolás Echaverría, actualmente becario de la fundación John Simon Guggenheim de Nueva York. En el filme que se exhibió en el Festival Cinematográfico de Berlín, el escritor y político oaxaqueño Andrés Henestrosa lee –voz en off-los cánticos ceremoniales de María Sabina.
Aún se recuerda la escena grotesca de la premiére, de smokins y vestidos largos, de abrigos y perfumes, cuando doña Margarita elegantemente vestida entró a la sala cinematográfica acompañada del brazo de la misma María Sabina de huipil y huaraches. “Al estreno –relata Sabí– me acompañaron mi nieto Eduardo y mis hijas María Apolonia y María Viana. De regreso a Teotitlán teníamos mucha sed y no llevábamos dinero”.
Por la película, en la cual me obligaron a tomar hongos, pues ella no quería, dice María Sabina, recibió tan sólo 25 pesos. Y muestra una carta que, a través de Juan García, quien hizo la traducción del mazateco al español, envió a doña Margarita el 6 de mayo de 1981:
“Yo no sé si usted ya se olvidó de mí porque al igual que otros me tienen sin comunicación, ya que de mi película sólo obtuve $25.00. Y yo no sé como estuvo el asunto entre usted y el señor Alvaro Estrada porque él fue quien me dio la cantidad antes mencionada. Y cuando regresé a mi tierra natal de Huautla no tuve ni para tortillas en la población de Teotitlán. ¿En dónde están los fondos recaudados por mi película?.”
También se queja en la misiva de Estrada, quien fuera su traductor y autor del libro Vida de María Sabina, la sabia de los hongos, publicado por la Editorial Siglo XXI, del cual tampoco recibió ni un peso por concepto de regalías o derechos de autor. “Alvaro me dio nada más diez libros, fue todo el pago que recibí por contar mi vida en esa ocasión”, se queja María.
En otra carta, desesperada, ella pidió la ayuda del gobernador Pedro Vázquez Colmenares, dado que nunca recibió ayuda y no tenía ni qué comer. No solicitaba más que un poco de maíz o frijol. “Por clemencia, tiéndame su mano…”.
Nunca recibió respuesta.
“A María la han utilizado hasta con fines políticos –afirma Juan García–. Cuando llega alguien importante de México o de Oaxaca la traen de acá para allá. Así sucedió en la campaña del candidato a diputado federal en las pasadas elecciones, Adolfo Linares González. ¿Cómo es posible que estés tan abandonada, tú que eras tan famosa?, le dijo. Prometió ayudarla y la llevó a sus mítines. Total, nada. Eso sí, pegaron mucha propaganda del PRI en su casa. Con el anterior diputado, Luis Manríquez del Campo, sucedió lo mismo, dizque le iba a componer su casa. María sigue igual o peor que antes.”
Juan refiere que en 1983 vio al poeta Homero Aridjis, organizador del Festival Internacional de Poesía en Morelia y exembajador de México en Holanda, en la capital de la República. Se interesó por cantos inéditos de María Sabina a cambio de 10,000 pesos.
–Quiero que la traigas.
–Está bien, la voy a traer, porque además está enferma.
María fue internada en el Hospital de Cardiología. La visitaron, entre otros, Aridjis, Alí Chumacero, Juan Bañuelos, Eraclio Zepeda.
Luego fue trasladada al Hospital General. “A los ocho días de estar ahí un doctor me dijo que hacían falta tres radiografías de la paciente, que el Hospital no podía financiar. Entonces le hablé a Aridjis, le comenté que las placas costaban 3,000 pesos. Quién lo iba a decir, él, que vive en las Lomas de Chapultepec, de mala gana me dio 1,000 pesos. A los 21 días nos invadió la tristeza, salimos y nadie se paró por ahí”.
En otra ocasión le habló a Juan el periodista y crítico teatral Fernando de Ita.
–Mira muchacho, no te preocupes. Yo quiero irle a tomar fotos a María Sabina, pero cuando esté enferma allá en su petate. Avísame.
“Lo esperé tres días –prosigue Juan García–, pero no lo iba a estar esperando hasta que María se muriera. Eso le molestó. Como no le dieron permiso de entrar al hospital, inventó una entrevista con mi madrina. Y me criticó en su periódico, que me hacía pasar por nieto de la sabia de los hongos y no sé cuántas cosas más.”
Después, en 1983, llegaron a Huautla el reportero Juan Manuel Rentería y camarógrafos del noticiero 24 Horas. Iban a filmar el retiro de los hongos de María Sabina. Ella no quería tomarlos ya, pero accedió de buena fe, que dizque porque sería un testimonio histórico, “documental que sirvió más a Televisa para explotarlo comercialmente. Volvemos con más información, volvemos con más información, eran los cortes que a cada rato pasaban”.
Lo más doloroso de todo, se lamenta Juan, es que por la filmación, acompañada de una entrevista, a María Sabina la gratificaron con 3,000 pesos y la dejaron aún con los efectos de los alucinógenos, pues el reportero y los camarógrafos estuvieron con ella tan sólo un rato.
Otro de los abusos más escandalosos que se han hecho con Sabí ha sido la utilización de su nombre, desde 1977, en un restaurant y hotel de Teotitlán, donde hasta los menús y las colchas están estampados con hongos. En principio, el licenciado Salvador Salmerón Solano, quien fuera defensor de algunas personalidades, entre ellas Gregorio “Goyo” Cárdenas, Emilio “El Indio” Fernández y Rubén “El Púas” Olivares, aceptó llevar el caso ante los tribunales. Estos son los antecedentes:
Con engaños, Sósimo Ramos y sus hijos Felipe y René, Heliodoro Pereda Ortega y Froylán García le hicieron estampar a María Sabina sus huellas digitales en un documento que, dijeron, era un convenio, del cual no le dieron copia, y en el que supuestamente ella cedía los derechos para que se utilizara su nombre con fines lucrativos y con la promesa de que ganaría mucho dinero.
Según el convenio, María Sabina recibiría 20,000 pesos mensuales a cambio, pero no ha recibido nada, por lo que la demanda interpuesta habla, hasta principios del año pasado, de un fraude por más de dos millones de pesos. “Salmerón Solano tiró el arpa y abandonó el caso al saber que María estaba en la miseria. Más bien quería publicidad, como otros”, afirma Juan García.
Del 7 al 22 de julio de 1984 María Sabina estuvo internada en Oaxaca. Y nuevamente, a mediados de este año. Las autoridades médicas dijeron que iba a estar en observación, pero no le hicieron nada, le daban únicamente calmantes. “Y otra vez que llegan los de Televisa hasta que me cansé. Hablé con Manuel Coello Gordillo, el jefe de prensa del gobierno del Estado. Me respondió con puras groserías.
–”Señor, ya nos queremos ir ahorita a Huautla, no tiene caso tener aquí a María.
–”¿Y tú quien eres hijo de la chingada? Pendejo, ya cállate, me caes mal cabrón ¿por qué hablas tanto?.”
Una ambulancia llevó a María y a Juan a Teotitlán, punto de partida para subir a la sierra mazateca. Luego de tres horas en camión, cuyo pasaje fue pagado con préstamos, llegaron a El Fortín, donde desde entonces convalece la famosa sacerdotista, en pleno abandono.
Habla María Sabina:
“Comí los hongos por primera vez a la edad en que los niños se les caen los dientes. Entonces había muchos y caminaba sobre ellos. Fue como una tortilla y un juguete para mí… Cuando me encendieron, cuando vi su realidad, cuando los empecé a dominar, tenía 30 años. Mi hermana María Ana estaba enferma. Esa vez tomé 30 pares de derrumbes y la curé… Los ‘niños santos’ me dieron un libro y me dijeron; estudia nuestra sabiduría, ahora estás más arriba y ya no puedes regresar… De pronto me vi envuelta en medio de muchos extranjeros, y me llevaron hasta la cárcel, me robaron todo… La última vez que tomé los hongos subí al cielo. Dios me dijo: ¿Qué andas buscando? Ya no comas más hongos, de lo contrario te vas a quedar en el camino y no vas a regresar. Sólo por compromiso los volví a tomar… Ya nunca más, ¿para qué? Si ya me enseñaron el nombre de los ríos y de las montañas. Era cuestión de fe, y así curaba, siempre hice el bien, no el mal… No creo en el infierno, sólo las personas malas creen en ese mundo… A nadie le voy a heredar mi sabiduría, nadie se ha interesado en ello, ni mis hijas, porque nadie está dispuesto a sacrificarse en cuerpo y alma. Cuando muera, me voy a llevar a la tumba mis secretos. Lo que sé nadie lo va a saber, nadie es digno de ello… Ahora tengo pesadillas, estoy muy débil. Creo que hasta los hongos me van a matar… No guardo rencor ni odio a nadie, quienes me hicieron mal allá ellos en su conciencia.”
–¿Volverás, María?
–No, nunca, nunca más, habrá otra María Sabina.