La ofensiva del Congreso estadunidense no preocupa a Marcos

María Eugenia Villarreal

El gobierno de Ferdinand Marcos protestó enérgicamente por la reciente resolución emitida por el Congreso norteamericano, en la que se condicionó la ayuda económica y la asistencia militar a este país, a llevar a cabo elecciones libres, justas y honestas antes de 1986; garantizar la libertad de prensa y de expresión; llevar a juicio a los involucrados en el asesinato de Benigno Aquino, así como a los que han tratado de encubrir el crimen.
El Presidente Marcos calificó esta medida de intromisión en los asuntos internos de Filipinas y recurrió, como en ocasiones anteriores, a una vieja táctica: manipular el nacionalismo a través de la amenaza de abrogar el Acuerdo de las Bases Militares con el que el gobierno estadunidense obtuvo derechos extraterritoriales sobre 23 bases militares.
Esta postura “nacionalista” sólo trata de encubrir su subordinación a las exigencias de EU debido a la gran dependencia de la ayuda norteamericana que consiste en 70 millones de dólares en ayuda militar y 110 millones de dólares más en asistencia económica para el año fiscal de 1986.
Las 23 bases militares son propiedad filipina, pero están sujetas al uso “ilimitado” de EU hasta 1991.
El editorial del períodico Times Journal del 9 de junio pasado, propiedad del hermano de la señora Imelda Marcos, se pregunta si ¿la suspensión de la “ayuda” por parte del Congreso norteamericano implica la suspensión del uso de las bases militares? o si ¿piensan utilizarlas en forma gratuita?.
Asimismo, el editorial argumenta que la “ayuda” de EU es en realidad el pago por el usufructo de grandes extensiones de territorio nacional, así como de las aguas y espacio aéreo filipino. En 1983 se fijó la renta, renegociable cada 5 años, en 900 millones de dólares por un periodo que se vence en 1989.
No obstante la supuesta intervención en los asuntos domésticos filipinos, el Presidente Marcos declaró en una entrevista con la Televisión Gamma de París, que “si la infiltración y subversión llegaran a ser incontrolables, él invitaría a tropas de combate estadunidenses”.
Aún más, durante la celebración del Día de la Amistad Filipino-Norteamericano, el 4 de julio, el Presidente Marcos recalcó que la relación entre los dos países es “sólida y estable” debido a que “ésta ha sido forjada con grandes sacrificios”. También señaló “que los dos países tienen metas comunes” debido a que ambos “desean el progreso en la concordancia, el ser socios en la libertad y el desarrollo y el poner la amistad encima de los intereses personales”. Concluyó su discurso alabando “la grandeza de Estados Unidos”, la que consiste, según Marcos, en su “compromiso sin titubeos por la libertad”.
Bien sabe el Presidente Marcos que mientras cuente con el apoyo personal de su homólogo estadunidense importan poco las supuestas inquietudes de los otros órganos del gobierno, sea el Pentágono, el Departamento de Estado, la CIA o el Congreso, sobre el carácter no democrático de su régimen.
En efecto, en 1983, cuando su gobierno no se encontraba en total bancarrota y trataba de negociar el “paquete de rescate” del FMI, fue el Presidente Reagan quien lo sacó a flote con préstamos de emergencia. Parece, pues, que el apoyo incondicional se debe fundamentalmente a que el Presidente Reagan no cuenta todavía con una alternativa para el gobierno de Marcos.
En el momento actual Marcos sigue siendo la mejor carta de Washington y el fiel guardián de los intereses norteamericanos.
Filipinas, por su localización geográfica, ofrece particulares ventajas estratégicas, debido a que desde este país se pueden facilitar operaciones militares en el este y sureste asiático; en la región del Océano Pacífico, Indico y en el Golfo Pérsico.
Ya desde hace más de 80 años el General Arthur MacArthur, jefe del ejército colonial estadunidense, declaraba que Filipinas constituía el mejor conjunto de islas del mundo para la protección de los intereses norteamericanos.
La presencia militar de EU se ha legalizado con el Acuerdo de las Bases Militares (14 de marzo de 1947 hasta 1992); el Acuerdo de Asistencia Militar (21 de marzo de 1947); el Tratado de Defensa Mutua (30 de agosto de 1950) y el Pacto de Manila (8 de septiembre de 1954).
De acuerdo con el primer Tratado, EU tiene el derecho de mantener 16 bases (240,000 hectáreas en total) más 7 en reserva, así como de construir nuevas cuando sea necesario.
Dos bases militares son de extrema importancia, ya que son las instalaciones estadunidenses más grandes en el oeste del Pacífico. La Base Clark, que es el cuartel de la decimotercera fuerza aérea y el centro de comunicación de las fuerzas aéreas de EU que operan desde el oeste del Océano Pacífico hasta el Indico. En sus 55,000 hectáreas recibe todo tipo de naves aéreas, incluyendo los bombarderos B52 y los aviones nodriza C135.
La segunda es la Base Naval Subic, cuartel de la séptima flota, armada por 70,000 hombres, 550 aeronaves y 90 barcos. En la estación naval de Cubi Point, junto a la de Subic, está la escuadrilla de naves aéreas P-3 Orion, equipada para rastrear submarinos en el Océano Indico. Además, en ambas bases se encuentra la red de vigilancia de satélites dirigida a la URSS y operada por la CIA y el Pentágono.
Estas bases militares, que son el resultado de la dominación estadunidense, han convertido a Filipinas en un arsenal de guerra; en un trampolin de las estrategias nucleares de “primer ataque” hacia la URSS y del “despliegue adelante” de fuerzas convencionales para la rápida intervención en Asia, Africa y el Medio Oriente.
En efecto, existen múltiples ejemplos de intervención de EU en la región a partir de estas bases militares. Las Bases Clark y Subic tuvieron un rol logístico durante la Guerra de Corea y en la actualidad continúan apoyando a las fuerzas de EU en Corea del Sur. Navíos estadunidenses despegaron de la base Clark para apoyar a los rebeldes derechistas contra el gobierno del presidente Sukarno en Indonesia; y estas dos bases sirvieron para la intervención en Vietnam.
De Subic han zarpado fuerzas navales de EU hacia la Bahía de Bengala durante la guerra Indopaquistaní; al Medio Oriente durante el embargo petrolero de los árabes; al Océano Indico durante la Revolución Iraní; al Mar de Arabia durante la guerra entre el norte y el sur de Yemén y a Afganistán.
Además, estas bases han sido la sede de la instrumentación de la política de contrainsurgencia del gobierno de Marcos y de la intervención militar de EU en suelo filipino.
En los años de 1930 a 1950, desde el Fuerte Stotsenberg, ahora base aérea Clark, EU reprimió los movimientos laborales y campesinos tales como los Sakdal y los HUK; en 1969 Clark prestó sus helicópteros al gobierno de Marcos con el fin de bombardear a los rebeldes HUG en la provincia de Battan; en 1972 Fuerzas Especiales de Clark participaron directamente en operaciones en contra del Nuevo Ejército Popular (NEP) en la provincia de Isabela y en Mindanao y desde 1981 los “marines” estadunidenses apoyan al ejército filipino en la contrainsurgencia.
* Centro de Investigación de Derechos Humanos