Ladrones y jueces electorales

Juan José Hinojosa

Las sesiones del Colegio Electoral, que inician el 15 de agosto y se cierran el 30 del mismo mes, determinan la culminación de un largo proceso cuyas normas y procedimientos están contenidas en la Ley Electoral. Conviene traer a unidad y presencia este largo proceso para evaluar en balance objetivo los resultados. La Ley acumula en pirámide una serie de organismos y distribuye entre ellos funciones y atribuciones.
La cadena de los tribunales se inicia en el Comité Distrital que se encarga de realizar el trabajo administrativo de la elección; distribuye padrones, nombra funcionarios de casillas, autoriza a los partidos políticos sus representantes, recibe las actas de escrutinio y entrega al ganador una constancia de mayoría. Estos Comités sesionaron puntualmente y cumplieron en eficacia sus tareas; fueron 300, y en el desenlace expidieron 293 constancias de mayoría a candidatos del PRI, seis a los de Acción Nacional y dos a los del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana.
Sobre los Comités Distritales se organiza el funcionamiento de Comisiones Locales Electorales, una por cada Estado de la República y otra por el Distrito Federal; en la elección intermedia para la renovación de la Cámara de Diputados la Ley le otorga facultades para el nombramiento de los Comités Distritales, la vigilancia de las tareas encomendadas a esos Comités, privilegios de instancia o revisión dentro del Estado o del Distrito Federal, recolección de las constancias de mayoría y entrega de las mismas a la Comisión Federal Electoral.
La Comisión Federal Electoral es el organismo cúpula en la preparación y vigilancia de los procesos electorales; es instancia final para conocer y resolver protestas de los partidos contendientes contra procedimientos o resoluciones de Comités y Comisiones. En su integración el gobierno se asegura mayoría lo que resta a su función majestad de tribunal y respeto de imparcialidad. El gobierno la domina; la preside el secretario de Gobernación, y durante el proceso administra en la forma de administración del cosmético que disimula en alardes de solemnidad estudiada la alianza entre el gobierno y su partido. Entre sus funciones finales se le asigna la revisión de las constancias de mayoría expedidas por los Comités Distritales. Recibió en tiempo las 300 procedentes de los distritos en disputa durante la elección, ratificó las ocho expedidas a candidatos de oposición, cuestionó cinco, y reconoció al partido del gobierno las 287 restantes.
El máximo tribunal cuya función es calificar la elección, cuyo veredicto es definitivo, lo constituye el Colegio Electoral. El partido del gobierno se reserva las dos terceras partes de sus integrantes; como en la Comisión Federal Electoral esta integración mayoritaria soporta y asegura la parcialidad en las decisiones. Además, los ladrones de los votos se erigen en jueces severos del robo. Al terminar sus tareas confirma en favor del partido del gobierno las 287 constancias aceptadas por la Comisión Federal Electoral. De las cinco cuestionadas, rechaza en favor del PRI tres y convoca a elecciones extraordinarias en dos distritos de la República.
A través de este proceso, de estos tribunales, de esta pirámide que remata en el Colegio Electoral el resultado final otorga al partido del gobierno el 97% de los 300 puestos de elección popular.
Durante todo el proceso los medios de comunicación clientes obedientes del sistema, dedicaron noticia, columna, comentario a la democracia mexicana; dijeron que en México los mexicanos tienen derecho a votar y por lo tanto a elegir, que deben estar muy contentos porque hay países en la tierra que no disfrutan de ese deslumbrante derecho, que la democracia es una realidad perfectible, que el Presidente dio su aval personal a la limpieza y honradez del proceso. Frente a este inventario de información queda la certidumbre de que México es la Suiza de América, espejo y ejemplo de respeto fiel a las instituciones democráticas.
Más allá de las palabras, habladas o escritas, del torrente de información de las sesiones puntuales que los tribunales celebraron, de la solemnidad impresionante expresada por el secretario de Gobernación en su función de presidente de la Comisión Federal Electoral, los resultados evidencian un contraste dramático entre la teoría y la práctica.
¿Para qué sirvieron los 300 Comités Distritales? Para otorgar 293 constancias de mayoría a los candidatos del gobierno, para ratificar que el 98% de los puestos disputados por los partidos contendientes en la elección fueron ganados por un solo Partido.
¿Para qué sirvieron las 33 Comisiones Electorales? Para recoger las 293 constancias de mayoría expedidas por los Comités Distritales en favor de los candidatos del gobierno.
¿Para qué sirvió la Comisión Federal Electoral? Para ratificar en favor de los candidatos del gobierno 288 constancias de mayoría –el 99% de las reconocidas por los tribunales inferiores– y cuestionar el 1% restante en un marco de punto de vista que no involucra decisión.
¿Para qué sirvió el Colegio electoral? Para ratificar las 288 constancias de mayoría que la Comisión Federal Electoral reconoció en favor de los candidatos del gobierno, añadir tres más al PRI, y convocar a elecciones extraordinarias en dos distritos de 300.
En resumen, ¿para qué sirvieron las elecciones, los tribunales, los funcionarios de casilla, los representantes de los partidos, las boletas, las actas de escrutinio, las convocatorias a votar, las palabras de la clientela zalamera y sumisa y obediente, las instancias, las protestas, la solemnidad del secretario de Gobernación, el aval de honradez y limpieza, los padrones, las credenciales de elector, los llamados a empadronarse, las sesiones puntuales, los plazos, el calendario, las horas de televisión, la propaganda? Todo esto sirvió para que los candidatos del gobierno ganaran el 97% de los puestos sujetos a elección.
Y a esto le llaman los priístas, su clientela, sus patriarcas, sus santones, “las elecciones más limpias en la historia de México”.