Cosío Villegas siempre fue un marginado; antes de morir, se declaro socialista

Durante el homenaje en memoria del doctor Ismael Cosío Villegas, que se llevó a cabo el miércoles 21 de agosto en la sala de juntas de la Subdirección Médica del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, la doctora María Graciela Mendoza Rangel desarrolló el tema de “Veinte años de marginación del maestro Ismael Cosío Villegas”. Los siguientes son algunos párrafos de su texto:
Hablar de marginación es hablar de un proceso social eminentemente político y bien implementado para usarse como una forma de opresión en todos los campos de la actividad humana. Marginar es aislar, enterrar lenta pero cotidianamente, depositando cada día una pala de tierra; es el sometimiento no sólo al ostracismo y a la soledad, y es obligar a un ser a conocer la ingratitud, la traición, el abandono y las carencias. La marginación se da en cualquier actividad social, pero se facilita en el campo de la salud como consecuencia de la inmadurez política de los médicos y demás trabajadores de esta área, ya que los primeros se caracterizan (…) por sus sueños con el aura del ejercicio profesional de corte liberal.
La marginación del médico se da en todas las escalas, desde la segregación de una sesión clínica, que pasa por el confinamiento en áreas y servicio de castigo en áreas insalubres, con sobrecargas de trabajo y bajo presión constante, hasta condicionarlo hasta el oportunismo y el servilismo para escalar puestos de nivel superior. Esa marginación puede llegar a separarlo de la enseñanza, como fue el caso del doctor Ismael Cosío Villegas, víctima de una represalia absoluta y vergonzosa, de una agresión injustificada que separa a un eminente neumólogo arbitrariamente de sus tareas de dirección en el campo de la salud pública; además de la prohibición absurda de pisar cualquier hospital oficial, también de su derecho de cátedra, con una fatídica orden superior, signo de barbarie política que vivió nuestro país y que corta de un tajo una carrera al servicio de México. (…)
La marginación de Cosío Villegas no tiene veinte años. Fue marginado parcialmente desde que se conoció su espíritu rebelde, desde que fue caracterizado como un luchador social, desde que se descubrió que su personalidad irónica y valiente podía condicionar una situación de compromiso para intereses particulares. (…)
Como estudiante de preparatoria hizo una crítica irónica a la premiación de la escuela que obligó a que varios de los premiados no recogieran su premio. Fue marginado después muchas veces, como cuando en 1931 tuvo que presentar su renuncia al puesto de director del Dispensario Central Antituberculoso por la lentitud con que se realizaban los trabajos de Huipulco para resolver los problemas de los enfermos; renuncia que se repitió en 1938 cuando no fue aceptada su proposición de unificar la campaña contra la tuberculosis, como ya había sido prometido. En su lugar fue nombrado el doctor Miguel Jiménez, su más cercano colaborador, que posteriormente ocuparía su lugar en la dirección de Huipulco al ser él cesado.
Fue marginado después de veinte años de la inauguración de Huipulco, en cuya construcción y estudio dejó parte de su vida, mientras el cargo de director fue ocupado por tres médicos antes que él. Parecida es la denuncia que hace el doctor Quijano Pitman durante el homenaje a Cosío Villegas en la Academia Nacional de Medicina, en relación con la construcción del sanatorio Manuel Gea González, planeado, construido, organizado y equipado por el doctor Cosío Villegas, y cuya dirección le fue escamoteada debido a los cambios caprichosos y arbitrarios de la política nacional. (…)
El discurso del doctor Ignacio Chávez fue una denuncia con respuesta, que reveló amistad y solidaridad y una posición ideológica porque el maestro Cosío Villegas diría más tarde: Si esto no hubiera sucedido, yo hubiera renunciado más tarde ante la forma violenta en que se hizo renunciar como rector de la Universidad al doctor Ignacio Chávez o más tarde por la tragedia de Tlatelolco, cuya responsabilidad la aclaró ante la Cámara de Diputados el presidente Días Ordaz. (…)
Cosío Villegas hizo una clara y determinante declaración sobre su persona y su ideología durante el discurso que pronunció en la Universidad de Puebla al agradecer, en 1979, el título de doctor Honoris Causa que se le concedía, refiriendo que su actitud de compromiso era el resultado de ser un hombre socialista y que si no hubiese sido fácilmente catalogado como comunista era porque le hacía falta un carnet que nunca había solicitado, porque sus condiciones de salud, de trabajo, y su misma marginación, no le permitían cumplir con responsabilidad una tarea de ese tipo. Si Cosío Villegas no hubiese tenido en ese momento veinte años de marginación, la burguesía, las clases dominantes, y la infiltración trasnacional en el campo de la salud, hubiesen demandado su marginación. (…)
Su compromiso con las transformaciones del grupo social al que perteneció lo demostró con su participación en el movimiento médico y fue él quien inició la etapa de la insurgencia profesional, porque muchos médicos hemos comprendido que nos hemos transformado en trabajadores, que nuestra labor es labor de asalariados, que cada vez más engrosamos las filas de los trabajadores para proyectar juntos el desarrollo social del país; que tendrá que ser el resultado de nuestro quehacer histórico.
Una de nuestras luchas será contra la marginación, para que no se repita la historia de quienes sin titubeo alguno recibieron los beneficios económicos y de todo género que se derivaron de la huelga, y las grandes masas de trabajadores de la salud guardaron silencio en lugar de que con sus movilizaciones hubiesen logrado la reivindicación del maestro cuando su actividad y creatividad eran prioritarias para los médicos en formación, para la neumología y para el país.
Yo creo que el doctor Alfonso de Gortari tiene razón cuando dice que Ismael Cosío Villegas se ganó el derecho de morir en paz, aunque también creo que la participación en los homenajes y el tardío inicio de su reivindicación tuvieron que ver en esto.
Ismael Cosío Villegas se ganó el derecho de morir en paz por la pureza de su lucha, por su rebeldía, por su amor a la justicia, porque tomó la causa de los pobres, por su lucha por la paz, porque prefirió la soledad y el exilio a la sumisión y el arribismo, y porque antes de morir se declaró un hombre socialista.