¡Fingirán… muchos rounds¡

Froylán M. López Narváez

Ya era de suyo grave y premonitorio de lo que ocurrirá en los períodos de la LIII Legislatura Federal, el egreso del recinto de los panistas, voceando su tristeza y su indignación, para que se incrementase aún más con el abandono de los diputados de la oposición a fondo de los partidarios de izquierda.
Si a las ocho y cinco de la noche los panistas decidieron cumplir su pacto de manifestar su encono y su protesta abandonando el palacio otra vez; ¿por qué palacio? –legislativo–, una hora más tarde Heberto Castillo inició otro éxodo, éste de los izquierdistas, como protesta por el oportunismo también desvergonzado de discutir un caso más en entredicho sin la comparecencia de los panistas.
La impericia y la cerrazón de Píndaro Urióstegui había deformado de partida la posibilidad de que, al menos, se cumpliesen formalidades camarales en la calificación de las elecciones y los presuntos elegidos. Primer tumbo por el dolo de la selección de un sobreviviente más de malicias antidemocráticas de viejas y costosas maneras de actuar y hacer política.
En seguida y sobre todo, la aplanadora destartalada pero todavía eficaz para el triunfalismo cínico. La desconsideración de acusaciones, documentos, testimonios y hasta evidencias de corrupción, del cual es ejemplo mayor y ante la vista de todos los del expresidente municipal de Ciudad Nezahualcóyotl, Juan Alvarado Jacco, afamado por abundantes acusaciones en su contra y que, sin reboso ninguno, repartía dineros con insolencia, para que se olvidase la imputación de peculado por 5,000 millones –aunque nada más tenía 4,000, aclaró–-. Fue nombrado diputado.
Ha sido patente que el manejo del Colegio Electoral, con la hegemonía priísta, no corresponde a ningún afán de renovación, no se diga moral, sino política. Anquilosados y dominados por cacicazgos, señoríos de centrales, por más desfallecientes que estén, por compromisos y juegos sucesorios, porque no saben ni entienden otra política, estos ciudadanos se hunden aferrados a su chalupa política, incapacitados para no pensar sino en la dieta, en la posible recompensa de otro cargo, adictos al poder, dependientes de su miedo.
Ya se detectó la estrategia. Se usa a los priístas de lujo para ornar el alegato injustificado, inmoral en el fondo. Diego Valadez pudo impresionar con su retórica, con su información jurídica e histórica pero se descalifica por sus agravios laborales en la UNAM. Dice bien, no existe la ley de la selva. Se impone la ley del cinismo, de la prepotencia, de la marrullería, de la mayoría sumisa y cómplice. Vándalos de cuello blanco sin taparrabos.
Se abarrotan las galerías con ciudadanos pobres, manipulados, comprados con la esperanza de terrenos, de licencias comerciales, de servicios menores. Les regalan chucherías, alimentos baratos. Lo de siempre.
Farsa antidemocrática, befa altisonante, matizada por declaraciones de que “se da oportunidad” para que los otros mexicanos arguyan, hablen, se quejen, muestren, indiquen, pero que no se investigue, que las votaciones económicas, el cansancio, las confusiones, las porras ahoguen las demandas de justicia política o civil.
De nada ha servido que se haya escogido la personalidad mansa, afable, de Eliseo Mendoza Berrueto. Las puñaladas políticas, hieren lo mismo con puñales de Guerrero que con dagas de Coahuila. Fingirán tres años, lo necesario, a pesar del abuso agónico del sistema.