Policías, funcionarios y hasta un exministro, en el tráfico de drogas en Perú Durazo, Félix Gallardo y Arturo Izquierdo, contactos aquí; un vicecónsul implicado

Carlos Fazio

La cacería de narcotraficantes desencadenada por el gobierno de Alan García en el Perú, podría dejar al descubierto una poderosa red internacional con ramificaciones insospechadas.
Por lo pronto, las huellas de la conexión mexicana parecen ser claramente localizables en Lima. Nombres como los de Arturo Durazo Moreno, Miguel Félix Gallardo y Arturo Izquierdo Hebrard comienzan a ser familiares para la población limeña.
Todo empezó a las 10:30 de la mañana del 24 de julio cuando una fuerte explosión sacudió a los habitantes del barrio de Higuereta, un suburbio residencial de Lima. En el número 395 de la calle Gerona, asiento de un conjunto de viviendas intercomunicadas, rodeadas de altos muros y vecinas a varios baldíos, el estallido dejó al descubierto un laboratorio clandestino de pasta básica de cocaína.
“Villa Coca”, como ha dado en llamarle la prensa peruana, era un complejo de once casas, con puertas internas de comunicación y una piscina común y cuya arquitectura y decorado ha sido bautizada como “estilo narco chic”. La instalación contaba con una central telefónica de 57 anexos, un potente equipo de radiotransmisión e inclusive una perrera alfombrada con canes entrenados… para contestar teléfonos.
El propietario del centro habitacional, Reynaldo Rodríguez López, era hasta entonces, para el gran público, un desconocido. Sin embargo, este “magnate criollo perfumado de éter y billete” (como lo describe la revista Caretas), cuyo paradero es actualmente desconocido, retumba, y fuerte en los círculos especializados.
Nacido en Lima en febrero de 1942, Reynaldo Rodríguez López figuraba como contador y asesor tributario de escasa distinción. Ciertos antecedentes judiciales lo vinculaban a un juicio penal por delito contra el patrimonio, en 1977, y otro similar en 1979. No tiene, obviamente, la imagen del “padrino”. La información comercial, en cambio, revela que Rodríguez López y sus hermanos Manuel y Alberto figuran como dueños de la agencia de viajes Saturin, de la cual parecen depender varias otras agencias pequeñas. Y también en el directorio de un instituto de formación para profesionales de turismo, otro de enseñanza de idiomas, el “ELS” (International Peru Language School, con sede central en Estados Unidos), una inmobiliaria y una vieja compañía de asesores contables y tributarios. Al parecer, nada en especial.
Sin embargo, el ahora fugitivo Rodríguez López fue, hasta el día de la explosión, “asesor informal” de la Dirección Superior de la Policía de Investigaciones del Perú (PIP), con oficina en el propio Ministerio del Interior. Con una fortuna estimada actualmente en 60 millones de dólares, este hombre de costumbres “pasmosamente serenas” tenía conexiones insospechadas en el más alto nivel político y policial del país. Y precisamente allí, según las informaciones, radicaba la fuerza de Rodríguez López; en el apoyo de presuntos cómplices en la Policía de Investigaciones, quienes no sólo le proporcionaban “protección”, sino eventualmente lo aprovisionaban con parte de la droga incautada en otros operativos. Inclusive se afirma que recibía amable protección del mismísimo exministro del Interior de Belaúnde, Luis Pércovich.
Pércovich es, precisamente, el personaje de mayor relieve presuntamente implicado en el affaire de “Villa Coca”. Oscuro boticario del puerto norteño de Chimbote, Pércovich obtuvo una diputación con el Partido Acción Popular, en 1980. Luego fue nombrado ministro del Interior –a cargo de las fuerzas policiales–, posteriormente ministro de Pesquería y finalmente Premier y ministro de Relaciones Exteriores. El exhombre fuerte del régimen de Belaúnde viajó a Estados Unidos al día siguiente de la transferencia del mando y se asegura que compró una lujosa residencia en Miami, en un exclusivo lugar llamado “Boca Ratón”.
Sin embargo, al estallar la “cocina” de la calle Gerona, en Lima, la policía peruana, conectada con Interpol y con la Drug Enforcement Administration (DEA) de Estados Unidos, lo ubicó en Guadalajara, México. Desde esta ciudad. Pércovich envió un télex a Lima negando los cargos y anunció que regresaría al Perú, cosa que ya hizo.
Fuentes diplomáticas peruanas confirmaron que Pércovich viajaba con frecuencia a México. Revelaron, también, que el viaje a la capital de Jalisco tuvo como objetivo la inscripción de su hijo, en la carrera de medicina, en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), conocida por su orientación derechista. Pero en los hoteles de Guadalajara no hay registro de su estadía.
Pércovich fue involucrado en forma indirecta en el caso Rodríguez López, al comprobarse que uno de los vehículos capturados en “Villa Coca” pertenecía a su asesor personal, Luis López, quien ha sido ubicado como el “contacto” entre el político y los narcos. Guillermo Olivera, exsecretario general de la Fiscalía de la Nación y hoy diputado, reclamó la presencia en Lima de Pércovich, para que aclarara el origen de su reciente fortuna; según Olivera, el exministro realizó importantes inversiones en los últimos meses. El diario La República, por su parte, dirigió una dura campaña contra Pércovich. Algunos titulares dan cuenta del tenor de la misma: “La investigación de Rodríguez López podría demostrar la existencia de conexiones con poder político” (domingo 4); ¿Secretos de Estado en poder de un narco? ¡El colmo! ASESOR DE PERCOVICH CON LA MAFIA. Su automóvil estaba en el laboratorio de cocaína de Rodríguez López. Fue consejero de Pesquería, Interior, Cancillería y en la Oficina del Primer Ministro” (lunes 5); “Narcos tenían protección de Pércovich. MINISTERIO DEL INTERIOR EN LA MAFIA” (martes 6); “Narcopopulismo se estremece. En Parlamento piden que lo traigan. ¡PERCOVICH FUGITIVO! En 1984 ocultó denuncia fiscal contra la mafia” (miércoles 7); “Sabotaje narcopopulista a la democracia. Mafia editó programa `Los caminos del Poder’, FISCALIA INVOLUCRA A PERCOVICH” (jueves 8).

LA CONEXION MEXICANA

Según la revista Caretas, el fiscal de la Nación, César Elejalde, estaba tras de los pasos de Reynaldo Rodríguez López desde junio del año pasado. Ya entonces, la Fiscalía de la Nación comenzaba a recibir información anónima sobre la existencia de un “racket” importante de narcotraficantes, dirigido por un tal Reynaldo Rodríguez López, con quien colaboraban, según las denuncias, altos miembros de la Policía de Investigaciones, tanto en actividad como en retiro. La información fue centralizada por el entonces secretario general de la Fiscalía, Fernando Olivera. Olivera, ahora como diputado, reveló que una de las denuncias demostraba que el teléfono 402582, perteneciente según el directorio telefónico a la oficina de asesoramiento de la Policía de Investigaciones, figuraba, también, páginas más adelante, junto al nombre “Rodríguez López, Reynaldo” y con una referencia adicional: “Ministerio del Interior”.
Olivera y el fiscal de la Nación, Alvaro Rey de Castro, decidieron profundizar la investigación. Solicitaron información a los agregados policiales extranjeros especializados en drogas. En julio de 1984, la DEA proporcionó datos que delineaban una organización extremadamente activa y ramificada. Su cabeza, Reynaldo Rodríguez López (también conocido como “Marcial” o “el padrino” por los agentes norteamericanos), manejaba algunos contactos en Bolivia y mantenía una exportación constante de cocaína a Estados Unidos y Canadá, a través de México.
En México, según las revelaciones de Olivera, un detallado organigrama de la DEA señalaba que los principales intermediarios eran Arturo Izquierdo Hebrard, el exjefe de la policía mexicana Arturo Durazo Moreno y, sobre todo, Miguel Félix Gallardo, uno de los principales capos de la mafia mexicana y vinculado al asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena.
La revista Oiga reveló (5 de agosto) la conexión entre la familia de Rodríguez López y Carlos Langberg, otro conocido narcotraficante peruano, hoy recluido en una clínica cercana al Palacio de Justicia de Lima. Según la publicación, Langberg y Rodríguez López tenían una antigua vinculación. A comienzos de los años 80, ambos solían reunirse en… México. Al respecto, la revista reprodujo una serie de fotos donde aparecen los dos narcotraficantes retratados en una zona arqueológica mexicana. Un pie de foto hace alusión al “cónclave de México”.
Carlos Langberg es un viejo conocido de la policía mexicana. Por lo menos así lo demuestra su detención, en el puerto de Acapulco, en septiembre de 1980. Entonces, el yate de Langberg, el “Daydreamer”, fue allanado por la policía mexicana y al propietario se le encontraron 200 gramos de cocaína. Langberg, quien se hallaba en compañía de Nora Cornejo y el dirigente priísta Jorge Idiáquez, fue procesado.
Nora Cornejo, actual esposa de Langberg, estaba entonces casada con Daniel Núñez Baráybar, hermano del “mudo” Enrique Núñez, a quien Langberg alquiló un departamento en México. Las relaciones entre Langberg y los hermanos Núñez fueron señaladas por agentes de la DEA mediante informes de sus oficinas de México y Lima.
Pero los vínculos habían tomado estado público el 2 de enero de 1980, cuando miembros de la Dirección contra el Tráfico Ilícito de Drogas (DINTID), de la Policía de Investigaciones peruana, detuvieron en Chosica, Perú, a Enrique Núñez Baráybar con un cargamento de 475 kilos de pasta básica de cocaína. Núñez dijo que el dinero para comprar la droga había sido suministrado por Langberg.
Langberg fue sentenciado en diciembre de 1984 a 15 años de prisión. Durante el juicio salieron a relucir sus vinculaciones con Arturo Izquierdo Hebrard. El presidente del II Tribunal, Carlos Hermoza Moya, durante el interrogatorio, adujo que Izquierdo Hebrard, según informes de la policía mexicana, es dueño del rancho Camino Real, donde se dice “se encuentra explotando un laboratorio de procesamiento de heroína y cocaína”. Langberg declaró conocerlo y que “había realizado negocios con él. Le vendí un equipo de tratamiento de agua para su rancho”. (Izquierdo Hebrard volvió a la notoriedad en México a raíz del asesinato del diputado y líder cañero Roque Spinozo, en noviembre último. Extraoficialmente se sabe que, actualmente, Izquierdo Hebrard, excuñado de Durazo Moreno, está en Puerto Rico (Proceso No. 431). Está sindicado como uno de los más poderosos narcos mexicanos y su rancho Camino Real, en la carretera costera que va de Cardel a Nautla, en Veracruz, aparentemente dedicado a la cría de ganado, es el mismo que menciona la justicia peruana).
La predilección de Langberg por México está ampliamente comprobada. Por ejemplo, el 20 de marzo de 1978, asistió aquí, en la capital, a la boda civil de Marín Salomón con Zinnia Ocampo. El general de la PIP (r) Carlos Carpio Olín, exsecretario general del Ministerio del Interior peruano firmó el registro como testigo. También vino entonces el general (r) Carlos Palacios. Carpio Olín fue el principal testigo llamado en el juicio contra Langberg, y Marín Salomón fue vinculado, también, en el asunto de Chosica. A raíz del asunto, cayó el entonces ministro del Interior, general (r) Fernando Velit Sabattini, cuyo caso llegó hasta la Corte Suprema.
Otra perla: en declaraciones a Caretas (Oct. 15/84), Langberg se describió a sí mismo como “el cónsul” del Perú “que faltaba en México”. Según él, era “el nexo entre el Ejército y el APRA. Fíjese que en el anterior gobierno me ofrecieron ser ministro de Economía; también me ofrecieron tres veces ser embajador del Perú en México”. Sería precisamente, como “cónsul” en México, que conoció a Daniel Núñez Baráybar, en el Centro Peruano de México (Monterrey 375, colonia Roma), como “a tantos otros”. Según Langberg en sus declaraciones al fiscal, Daniel Núñez era un “espía de China”, “el contacto de México del espionaje sobre el Perú”. Dijo Langberg: “Mire, mi querido señor fiscal, como usted, que es una persona culta, debe saber, México es el sexto lugar en el mundo en espionaje…” e indicó que aclaraba todo ello para “ayudar a disipar dudas”.

LAS CONTRADICCIONES DE SEDANO

La explosión de “Villa Coca” reveló otras posibles conexiones. Entre los hallazgos se registró una libreta roja que se encontraba en uno de los cajones de Reynaldo Rodríguez López. Contenía nombres, direcciones, teléfonos. Como el del general de la PIP, José Jorge Zárate, director de la Policía Fiscal (pasado a retiro inmediatamente) y el del exdirector superior de la PIP, Eduardo Ipinza Rebatta, y un hijo de éste, Fredy, quien murió en un accidente de aviación en México (las autoridades mexicanas encontraron restos de cocaína entre los escombros del avión carguero caído). También un fajo de tarjetas con el nombre de un notario político, que inclusive se postuló a la presidencia de la República en abril (sería Javier Alba Orlandini, uno de los líderes de Acción Popular, el partido de Belaúnde).
Otra de las pruebas del caso sería la central telefónica. La central no sólo enlazaba las 11 viviendas de “Villa Coca”. También estaba conectada directamente con la casa del general José Jorge Zárate, con la Jefatura de Migraciones de la PIP, con Migraciones en el aeropuerto, y según los peritos de la Fiscalía, con una vivienda de la calle Gerona, contigua a “Villa Coca”. Una vivienda amplia, con una puerta de rejas blancas. ¿Quién reside allí? Ricardo Sedano Varona. Según la revista Oiga. Sedano es el vicecónsul de México. Dice la publicación: “¿La conexión mexicana? Aún no hay pruebas al respecto. Sin embargo, la policía sigue investigando por qué el automóvil de placa HG-2801 del vicecónsul aparece en fotografías de la familia Rodríguez López, en numerosas reuniones amistosas e inclusive en cocheras de `Villa Coca’. Seguramente el vicecónsul aclarará en los próximos días su posición”.
Una información complementaria del corresponsal de la agencia italiana ANSA, Alberto Ku King M., señala que Sedano Varona vivía en uno de los complejos habitacionales de Rodríguez López. “Se sabe que uno de sus teléfonos privados se conectaba directamente con la casa de Rodríguez López”. Y agrega: “El rey de la mafia tenía bajo su control una agencia de viajes internacionales que enviaba frecuentemente a jóvenes peruanos a México para su posterior embarque como `ilegales’ a Estados Unidos. Estos `ilegales’, que recibieron visa legal mexicana en Lima fueron considerados como “correos” de la mafia en el envío de droga a Estados Unidos. Se afirma que muchos habrían sido asesinados en México para ocultar el paso de la cocaína. Algunos medios de prensa señalan que Sedano llevaba un tren de vida excesivamente lujoso como para justificar el cargo administrativo en la legación de su país”.
Según el corresponsal de ANSA, la DEA “habría proporcionado a las autoridades peruanas una serie de documentos gráficos (fotografías) que vinculan no sólo a Sedano con Rodríguez López, sino también a otros ciudadanos mexicanos”.
Proceso, de acuerdo con el Directorio Consular de la SRE, Tlatelolco, 1977-82 (el canciller era Santiago Roel), puede informar que Ricardo Sedano Varona figura como canciller y su domicilio, entonces era Av. Benavides 414, Depto. 402, Miraflores. En el mismo directorio figura como subdirector general de Asuntos consulares Jesús Sedano Varona. Actualmente, Sedano aparece en la página 123 del directorio, con cargo de canciller; pero su nuevo domicilio es: Calle Gerona, Manzana K, Lote 9, urbanización Higuereta, Surco Lima.
Normalmente, desde su adscripción a la embajada mexicana en Lima, Sedano Varona ha expedido las visas. Después de la explosión quien firma las visas es Raúl Cárdenas Hernández, nuevo encargado de la sección consular. Proceso se comunicó por la vía telefónica con Cárdenas Hernández. Este es el breve diálogo:
–Señor, ¿quisiera saber si están investigando la situación de Ricardo Sedano?
–Yo no le puedo proporcionar ninguna información.
–¿Pero Sedano sigue trabajando en la embajada?
–Sí. Sigue trabajando. Pero yo no le puedo informar nada. Hable con el embajador.
El embajador mexicano Ismael Moreno está enfermo. En una nueva comunicación telefónica con la misión diplomática, Proceso pidió hablar con Ricardo Sedano. Afirmó que tiene cargo de agregado civil, con seis años en la embajada mexicana en Lima. Esta fue la conversación:
–¿Señor Sedano? Su nombre ha sido vinculado aquí en México con el escándalo del narcotráfico en Higueretas. ¿Qué nos puede decir al respecto?
–Se trató de un error periodístico. Yo vivía a una cuadra de donde se produjo la explosión.
–¿Usted tenía una línea telefónica directa con la casa de Rodríguez López?
–No hay absolutamente nada de eso. Lo relacionaron los periodistas y otras personas que fueron a hacer un lío. Yo ya informé todo a la cancillería mexicana y, aquí, a la cancillería peruana. Se trata de una difamación.
–Se informó, también, que usted proporcionaba visas para México a supuestos “correos”.
–Eso es falso. Yo no extiendo visas. Las da el cónsul. Además, a los peruanos no se les exige visa para entrar a México. Repito: es una difamación.
–¿Señor, usted está sujeto a investigación por las autoridades peruanas o por la cancillería mexicana?
–No, señor. No estoy sujeto a ninguna investigación. Ya aclaré todo.
Fuentes diplomáticas mexicanas informaron a Proceso que “el agregado diplomático de la Embajada de México en Perú, Ricardo Sedano Varona, vivía en el complejo habitacional donde se encontró un laboratorio para la elaboración de pasta básica de cocaína, propiedad del señor Rey Rodríguez López, Sedano Varona ha manifestado que desconocía las actividades ilícitas del propietario del conjunto habitacional y que las únicas relaciones que mantenía con él eran las derivadas de ser inquilino durante los ocho años que lleva de estar comisionado en el Perú.
Según la fuente diplomática, “la embajada de México en Lima ha informado que Sedano Varona no vive por encima de sus medios económicos y que siempre ha observado buena conducta. La Secretaría de Relaciones Exteriores ha impartido instrucciones a la Embajada de México en el Perú en el sentido de que el agregado diplomático Sedano Varona habrá de colaborar con las autoridades peruanas que investiguen el caso, si es requerido para ello”.
Además, se pudo saber que la Dirección General de Servicio Exterior, a cargo de Víctor Manuel Rodríguez, sí está investigando el caso Sedano Varona.
De la información que recabó Proceso entre residentes peruanos aquí. Sedano Varona incurrió en algunas contradicciones. Los ciudadanos peruanos sí necesitan visa para viajar a México. Y con toda clase de controles; como requisitos se les pide comprobantes de solvencia económica, entre ellos, referencias comerciales, cuentas bancarias y certificados de ingresos. Segundo: Ricardo Sedano Varona sí extendía visas. Pasaportes de peruanos que viven en México revelan que por lo menos entre 1979 y 1984 el encargado de firmar las visas era él. Así lo atestigua su rúbrica al pie de la visa y debajo de la sigla P.O. del Cónsul (Por Orden del Cónsul). También tuvimos acceso a un pasaporte con una visa posterior a la explosión de Higueretas; venía firmada por Raúl Cárdenas Hernández.
Queda la interrogante de por qué mintió Ricardo Sedano Varona.