Guillermo Correa y Salvador Corro
De la crisis nadie se salva. Ni siquiera los que estudiaron una carrera universitaria pueden dedicarse en la actualidad a ejercer su profesión. El desempleo se extiende a los médicos que, para sobrevivir, optan por la venta de seguros de vida, arquitectos hay que, ahora, diseñan y venden cocinas integrales; ingenieros que prefieren cambiar su especialidad por la de restauranteros, torteros o taqueros; químicos que ofrecen medicinas; agrónomos transformados en empleados de oficinas y, entre otros, sociólogos que se vuelven vendedores de libros o se refugian en la docencia.
Organismos colegiados, asociaciones de profesionales, investigadores, funcionarios universitarios e incluso científicos, describen en el país un panorama crítico. Se quejan del desperdicio de la mano de obra calificada, la inutilidad de millones de pesos invertidos en su capacitación y advierten de los efectos de truncar programas de interés social para la población. El Estado los prepara para no trabajar.
Un ejemplo que es a la vez una ironía: el presidente del Colegio de Arquitectos de México y de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos, Eduardo Rincón Gallardo, quedó desempleado debido al último recorte presupuestal. Igual suerte corrieron todos los arquitectos que con él colaboraban en la Secretaría General de Desarrollo Urbano y Ecología del Departamento del Distrito Federal, José Francisco Reygadas y Antonio Gallardo, vicepresidente y asesor, respectivamente, de este organismo, dicen a Proceso: “Al igual que como ocurre con la industria de la construcción, los arquitectos y todos los que tienen que ver con esta rama son los primeros afectados. Nosotros siempre hemos estado en crisis. Sin embargo, la situación es ahora más desfavorable. El ejemplo de nuestro presidente lo dice todo”.
En el país, explican, hay alrededor de 12,000 arquitectos. De éstos sólo el 30% realmente se dedica a la profesión. Otro 30% está subempleado en el ramo, desempeñándose como dibujantes, supervisores de obras o ayudantes de oficina. El resto “simplemente nada tiene que ver con la profesión que estudió”.
El arquitecto, agrega, es aquél que resuelve necesidades de espacio, analizando todos los aspectos que tienen que ver con el mismo y su uso. Es, al mismo tiempo, técnico, humanista, organizador, planificador y ejecutor. Aunque se debe reconocer que todas las profesiones son complementarias unas de otras.
Según sus cálculos, en la actualidad existen 74,000 estudiantes de arquitectura. Pero el problema es que un porcentaje muy bajo de los que salen encuentran trabajo. Además de que son pocos los que se titulan, los que egresan, si logran incorporarse será, por la falta de experiencia, en labores como la venta de materiales de construcción, representantes de equipos de construcción, o bien como vendedores de alfombras, de casas, de terrenos y hasta de cocinas integrales.
“A los arquitectos se nos golpeó por todos lados. Muchos miembros del Colegio estaban empleados como simples burócratas por el gobierno. Obviamente, han quedado sin trabajo. Por otro lado, los asociados en pequeñas empresas se han visto en la necesidad de cerrar por la falta de liquidez del Estado, su principal empleador. En el caso de la construcción de viviendas, demanda permanente de la población, esta posibilidad está prácticamente cancelada por la falta de créditos, encarecimiento de materiales y el alto encaje legal.”
Pero no es todo. La desesperación por la crisis ha convertido a los profesionales del ramo en “víctimas” de economistas, ingenieros, contadores públicos y demás, quienes usurpan y hacen a un lado a los arquitectos.
Antonio Gallardo, optimista, considera que a la crisis hay que convertirla en oportunidades porque, asegura, de esta etapa salen las mejores obras arquitectónicas, ya que sobreviven los mejores.
El Colegio de Arquitectos agrupa en el Distrito Federal a 3,200 profesionales. Se calcula también que otros 2,000 no están colegiados. De todos estos, más del 60% se encuentra afectado por la crisis: o no tiene empleo, es subempleado o se dedica a otra actividad. “Somos los más dañados junto con ingenieros civiles, mecánicos, electricistas y los demás que tienen que ver con el ramo de la construcción”.
Otra cara del desempleo entre los profesionales y sus efectos la presenta Raúl Rojas Soriano, presidente del Colegio de Sociólogos. Dice: “La falta de fuentes de trabajo es grave, sobre todo por la decisión del gobierno federal de reducir personal. La medida afecta principalmente a los universitarios egresados de las carreras relacionadas con las ciencias sociales.
“Ahora, alcanzar una enseñanza superior es imposible. Con la crisis muchas carreras universitarias se ven truncadas. Importante es el número de sociólogos que han sido desalojados de sus puestos de asesores, investigadores y responsables de programas. Se refugian en el área de la docencia, pero la verdad es que caen en el subempleo, pues no se les contrata por tiempo completo y sólo a través de contratos. Aceptan todo: plazas de maestros o suplentes, aunque sea por horas.”
Rojas Soriano afirma que todo se ha agravado por los criterios de eficientismo que imperan en el gobierno, los de racionalización de recursos y el impulso de la tecnocracia. Sólo se atiende el incremento de la productividad, pero no se ha analizado la problemática social, que se ha relegado a un segundo plano.
Advierte sobre otra situación más grave: “los estudiantes que están a nivel medio en las universidades ven que el hecho de seguir estudiando no les garantiza ya una mejoría económica y social, mucho menos un empleo. La angustia y las tensiones se extienden entre la población universitaria de las ciencias sociales, porque los egresados no saben dónde se van a colocar. Entre los profesionales hay temor por el continuo desempleo. No ven claro el panorama. La frustración comienza a imperar”.
DESAPROVECHAMIENTO PROFESIONAL
Lo peor, dice, es que las experiencias y conocimientos profesionales de las ciencias sociales no se pueden aprovechar, y al reducirse los programas de acción comunitaria, tendientes al bienestar colectivo, el pueblo resulta perjudicado. No puede recuperar lo que ha invertido en las universidades. Mientras el gobierno cae en el empirismo, la que sufre es la población.
“Se improvisa, se repiten errores y los conflictos se agravan. Aquellos proyectos sociales que logren salvarse no estarán debidamente justificados, porque su ejecución dependería de improvisados.”
Rojas Soriano informa que el 70% de los sociólogos en el país depende del gobierno, que ha comenzado a despedirlos y que sólo el 1% labora autónomamente. El resto se dedica a otras labores, como la venta de libros en las propias universidades donde estudiaron, en empresas editoriales o “establecen negocios pequeños”.
En 1984, la población que cursaba carreras de Ciencias Sociales en todas las universidades e instituciones de Educación Superior ascendía a más de 30,000 estudiantes, según el anuario de ese año de la ANUIES, los que de una u otra forma están amenazados por el fantasma del desempleo.
El panorama no es diferente para los ingenieros mecánicos electricistas. Hay mucha demanda, pero poca oferta de empleo. Ramón García, de la Asociación de Ingenieros Universitarios Mecánicos Electricistas, explica que para todo puesto en el gobierno se piden como mínimo ocho años de experiencia y la aceptación de sueldos bajos. “Muchos han sido echados a la calle. Nosotros, en nuestra bolsa de trabajo, de cada cien profesionales que buscan ayuda para colocarse únicamente lo logran 10. La falta de empleo se agrava porque a la mayoría se le pide tiempo completo, sin problemas escolares y radicar fuera del Distrito Federal. Son pocos los que reúnen los requisitos. Hay muchos restauranteros. Conozco quienes sobreviven con la venta de tortas y tacos asociados en locales con otros colegas y todo este panorama tiende a agravarse”.
No es todo, apunta el Colegio respectivo, ya que con la paralización de las obras hidroeléctricas, los más perjudicados son los trabajadores eventuales y los ingenieros del ramo.
El presidente de la Asociación de Ingenieros de Minas, Metalurgistas y Geólogos de México, Estanislao Zárate Lujano, dice que mientras en otros ramos profesionales la situación es crítica, “en el ramo minero sólo puede considerarse grave”. Pero no deja de reconocer que la situación actual no es la más propicia para el sector, debido al alto índice inflacionario y a los bajos precios de los metales.
A pesar de todo, la industria minera ha podido absorber algunos conflictos, por ser moderna y la primera que se instaló en el país. Su crecimiento, afirma, ha sido del 1% cuando en otros sectores no ha superado su desarrollo negativo. “En la actualidad hay cerca de 5,000 profesionales en esta actividad. Pocos con problemas de ocupación, aunque podrá haber dificultades con los geólogos, ya que es grande la generación y pocas las posibilidades de generar empleo. Se pasa por una etapa muy difícil”.
El dirigente reconoce que el desempleo en el ramo afecta más que a profesionales, a la mano de obra no calificada. No obstante, “muchas pequeñas empresas han cerrado y las que subsisten se modernizan, con todo lo que significa para los trabajadores profesionales o no”.
Para el vicepresidente del Colegio Nacional de Licenciados en Administración de Empresas, Fernando Ramírez, la pregunta de que si se ha provocado desempleo por los recortes presupuestales “sale sobrando”. No sabemos con exactitud cuántos –advierte– por la repentina decisión de reducir personal, pero es evidente que la agudización de la crisis afecta a todos y que nosotros no somos la excepción. No se puede soslayar que los sectores de profesionales han sido afectados con un mayor índice de desempleo”.
Es necesario, considera, realizar un estudio para saber en qué medida ha impactado el desempleo. No lo hemos hecho porque ese no es uno de los objetivos de nuestra organización, pero no es necesario que seamos expertos en economía para saber su comportamiento y los efectos que produce.”
Cauto, Fernando Ramírez le da vueltas al asunto y dice: “Es evidente que ha habido mala administración del país. Si hubiera ocurrido lo contrario no estaríamos en esta situación. Ha habido falta de continuidad, pero también se debe reconocer que el problema fundamental es que debemos casi 100,000 millones de dólares y que se hacen esfuerzos para pagarlos”.
De acuerdo con los problemas que tienen que ver con los administradores, el dirigente reconoce que hay más de 30,000 egresados de las instituciones de educación superior y que si anteriormente el 40% no lograba colocarse, ahora la cifra es mucho mayor, por los despidos.
LOS MEDICOS MAL CRONICO
El problema del desempleo entre los médicos es ya una enfermedad crónica. La crisis reciente no ha hecho más que hacer evidente la situación. En el transcurso de los últimos tres años los profesionales de la medicina “nos hemos enfrentado a una política en la que, atrás del ahorro presupuestal, se encuentra la supresión de los servicios de salud para la población”.
Todo esto, dice Francisco Molina, dirigente de la Corriente Democrática Sindical de la SSA, se demuestra por el desempleo y subempleo que se han agudizado con las recientes medidas. Si anteriormente el gobierno no daba empleo a todos los egresados de las universidades, ahora muchos de los médicos colocados han sido echados a la calle.
Proceso se comunicó telefónicamente con la Asociación de Médicos Mexicanos. Su dirección es Doctor Vértiz 662 y su presidente, el licenciado De la Garza, “no se encuentra en la ciudad”, respondió la secretaria. Y a las peticiones de informes sobre estadísticas de desempleo en el ramo, respondió: “Esta asociación surgió hace varios años, con la finalidad de que los médicos afiliados se dedicaran a la venta de seguros de vida. Nos ha ido bien, pues ya tenemos más de 15,000 afiliados”.
Para la Unión Nacional de Médicos, la falta de fuentes de trabajo afecta a más de 55,000 profesionales de este ramo, sin incluir odontólogos, licenciados en enfermería, obstetricia, medicina física y de rehabilitación, cirujano partero y optometristas, entre otros.
De acuerdo con la información de la ANUIES, el año pasado en todas esas áreas estudiaban cerca de 200,000 personas. La mayoría de ellas, dice la UNM, tiene problemas de colocación y es fácil distinguir el fenómeno, porque a diario un ejército de ellos recorre los consultorios particulares para vender a sus colegas los productos medicinales fabricados por empresas trasnacionales.
Francisco Molina indica que la situación, lejos de solucionarse, se agrava, debido a que, por ejemplo, Guillermo Soberón Acevedo, titular de la SSA, desapareció, por medio de `reestructuraciones’, `reformas’, `descentralizaciones’ y hasta de `estudios científicos de eficiencia’, varias áreas dedicadas a los servicios de salud del pueblo.
Los impactos de la crisis también se registran entre los científicos. El ingeniero Manuel Ledesma Moreno, presidente de la Asociación Mexicana de Ciencia y Tecnología, el gobierno aplica una política equivocada que abre las puertas a la tecnología extranjera y limita la nacional. Quizá por ahora no se refleje en un desempleo de nuestros científicos, pero sí se siente que no los están aprovechando.
Se queja de que su organización (que agrupa a los más destacados en la ciencia y la tecnología) no ha sido consultada para fijar la política que se sigue en el ramo. “Nada más se nos toma en cuenta para efectos de campaña política, cuando hay elecciones. Actualmente hacemos planteamientos que deben ser tomados en cuenta”.
“Existe una desvinculación entre el sector productivo y el sector que se dedica al desarrollo de la tecnología. En este momento ya está afectando a los sectores de educación media y básica. A nosotros, por ahora, todavía nos ayudan los estudios de posgrado. Aunque a muchos científicos e investigadores les ha resultado mejor irse del país.”
El presidente de la Asociación Mexicana de Ciencia y Tecnología recuerda que en el pasado hubo un intento de traer al país a todos esos científicos que se encuentran trabajando en el extranjero. No quisieron regresar porque aquí no se les brindan todas las facilidades para que desempeñen su trabajo. Ahora, con la crisis, menos regresarían, tampoco se dan los apoyos necesarios. No hay desempleo, pero sí una política que desalienta a los profesionistas de esta área”.
AGRONOMOS SIN CHAMBA
Lo más dramático de los despidos y el desempleo entre los profesionales se refleja en el gremio de los agrónomos, y tiene graves consecuencias para el campo mexicano. El presidente de la Academia Mexicana de Ciencias Agrícolas, Jesús Huribe Ruiz, expresa: “Se nos vino todo en cascada. Cualquier dato de desempleados en este ramo es obsoleto. No se le ha evaluado ni estimado. No obstante, ha de andar por el 15% y todavía falta más”.
Para la CNC los ingenieros agrónomos desempleados se acercan a los 30,000. Pero sus cifras se quedan cortas ante el panorama que pinta Juan Manuel Zepeda del Valle, que actualmente es consejero en la Universidad Autónoma de Chapingo, de la que ha sido director académico, administrativo y jefe de la unidad de planeación. Las cifras hablan: en este año, dice, de acuerdo con los estudios realizados, 90% de los agrónomos egresados no podrá encontrar empleo. En 1984 el índice fue de 50%; en 1983, del 70%; en 1982, del 60%. Todas estas cifras tomando como base 1981, en que gracias a los programas gubernamentales el desempleo fue de cero.
El funcionario universitario es “realista”, no “pesimista”. Dice: “Esta situación se repite en las 75 instituciones de educación superior que tienen que ver con el campo en el país”. Afirma que de los que se logran colocar, el 50% lo hace por contratos temporales. Desde hace tiempo en el sector agropecuario no se han creado plazas; por el contrario, se han suprimido y debido a esto gran parte de los 60,000 agrónomos ni siquiera está subempleada, simplemente no trabaja. Anteriormente la Secretaría de Educación Pública absorbía 20% de los egresados; ahora, nada: los que tienen una maestría padecen situación similar”.
Zepeda del Valle considera que al gobierno no parece importarle nada esta situación, ya que recientemente desapareció al Colegio Superior de Agricultura Tropical (CSAT), con más de 200 docentes, sin reflexionar en que cada licenciado egresado le cuesta al pueblo dos millones de pesos; de que por cada maestría obtenida se invirtieron seis millones de pesos y de que por un doctorado la erogación rebasa los 10 millones de pesos. Esa inversión no se aprovecha ni genera riqueza.
Por eso, el gobierno, desde el punto de vista médico, padece arterioesclerosis y en lugar de curarse se hace cirugía mayor. El sector privado no puede absorber estos profesionales, por la contracción económica y las compañías trasnacionales que sí pueden han optado por la automatización de la producción.
Lo más grave, a su juicio, es que “el país tiene 97,000 comunidades rurales, a las que ni siquiera les toca un agrónomo por unidad y a pesar de esto el gobierno, con sus medidas, cancela el futuro de un profesional y de una juventud preparada que a nada puede aspirar”.
En el colmo de la crisis, ésta también ejecutó a ejecutivos. Así titula la encuesta que realizó este año la revista especializada Expansión (No. 414: “La situación económica que vive el país desde 1982 afectó a todas las áreas productivas y a todos los niveles de empleo. El sector directivo de las empresas no ha sido una excepción”.
Se refiere a ejecutivos que tienen ingresos hasta de 12 millones de pesos al año. Este sector, “durante los últimos tres años ha enfrentado tanto la liquidación de puestos de trabajo como la pérdida de su poder adquisitivo”.
La situación ha llegado al extremo de que, con la nueva situación económica, varios ejecutivos de alto nivel han sido sustituidos por profesionales mexicanos. “Los motivos fueron que estos expatriados recibían sueldos en dólares y prestaciones especiales por vivir fuera de su país, lo cual hacía que el costo empresarial fuera superior al del personal nacional. De acuerdo con el estudio, el gasto para sostener al ejecutivo extranjero llegó a ser cuatro y media veces lo que pide un mexicano”.
El Colegio Nacional de Economistas, además de que también resiente el problema del desempleo, porque algunos de sus miembros fueron liquidados, fijó su posición con respecto a la política económica en general y en particular con ese punto. Dice:
“El recorte presupuestal lleva a mayores dificultades en la crisis. El desempleo aumentará y también las presiones inflacionarias. El punto toral está en la recaudación más que en el gasto. No se justifica que se aumente el desempleo cuando en muchas ocasiones la evasión fiscal es fuente de crecientes ganancias.”
Ningún profesional está exento de quedarse sin trabajo. Abogados, contadores públicos, químicos, ingenieros petroleros y hasta profesionales de la comunicación se ven ahora deambular por las mismas oficinas burocráticas en que se desempeñaban ofreciendo perfumes, fayuca, ropa, seguros, etcétera.








