Para los amigos, viajes, vinos, relojes, cuadros, marfiles…Díaz Serrano regaló como aladino, pero a cuenta de Pemex

Francisco Ortiz Pinchetti

Eran tiempos felices.
La abundancia se cernía ya sobre las cabezas de los mexicanos. El autor del milagro –”México es rico”– se alistaba para la sucesión presidencial. Jorge Díaz Serrano se sentía, se creía el hombre. Y como tal actuaba: viajaba por el mundo, se promovía, gastaba millonadas en regalos, fiestas, lujos mil. Como jeque, que a su modo lo era el sonorense.
Todo con cargo a la tesorería de su reino: Petróleos Mexicanos.
Viajes en primera clase, hoteles de 500 dólares la noche, bodegas colmadas de champán y coñac, vodka y güisqui, vinos blancos y rojos de las más caras cepas alemanas, francesas, españolas; marfiles, pinturas, relojes de oro para obsequiar a sus amigos, para ganar simpatías y voluntades; compras y atención médica para su familia en los mejores centros de Houston; suntuosas recepciones y opíparas cenas parisienses para su séquito infaltable.
Como todo un señor.
Un datito: en la compra de vinos y licores importados, la dirección general de Pemex gastó en 32 meses el equivalente a un millón 78,000 dólares. Al cambio actual, apenas unos 362 millones de pesos.
Otro: para obsequiar a sus amistades con motivo del fin de e año de 1980, Díaz Serrano hizo comprar siete pinturas al óleo que costaron 80,000 dólares. Además de casi ocho millones de pesos –de los de entonces– en marfiles, cuadros, candeleros, tapetes persas, esculturas, lámparas, grabados chinos…
De su estilo de viajar da muestra este ejemplo: en sólo tres noches de hospedaje en el hotel Intercontinental de París –uno de sus favoritos– él y sus siete acompañantes gastaron 9,818 dólares, en mayo de 1980. Hoy equivaldrían a 3.28 millones de pesos.
Documentos hechos llegar a Proceso por fuentes oficiales demuestran estos y otros pequeños despilfarros del hombre que llegó a sentirse sucesor de José López Portillo, su amigo, compadre y protector, y que hoy está preso por un presunto fraude a Pemex de 34 millones de dólares.
Facturas, cheques, recibos, memorandas, cuentas de hotel, vales y relaciones de gastos prueban ahora que Díaz Serrano disponía sin limitación del dinero de la paraestatal para sus lujos personales y para la proyección pública de su imagen.
En el legajo de casi 200 hojas hay papeles que prueban también cómo utilizaba a su arbitrio recursos nacionales para obsequiar a sus amigos, para invitarlos o compartir la buena vida que caracterizaba sus giras por el mundo.
La periodista Manú Dornbierer, por ejemplo, aparece en repetidas ocasiones entre sus invitados. Hay cuentas a su nombre, pagadas por Pemex, en hoteles de París, Madrid, Palma de Mallorca, Bucarest. Ella y el caricaturista Abel Quezada están inclusive enlistados como “funcionarios” (sic) en la comitiva de Pemex que viajó a Cuba en diciembre de 1980.
Díaz Serrano se encontraba entonces en la cumbre y daba las pinceladas finales a sus aspiraciones presidencialistas. Ligado desde muy joven a empresas estadunidenses, amigo y socio del exdirector de la CIA y actual vicepresidente George Bush, el director de Pemex buscaba contrarrestar esa imagen de pronorteamericano con un acercamiento al gobierno socialista de Fidel Castro. Durante ese viaje a la isla, firmó acuerdos de cooperación favorables a Cuba, como consta en el protocolo respectivo.
Eran, sí, tiempos felices.

SIBARITA PETROLERO

Jorge Díaz Serrano llegó a la Dirección de Pemex en diciembre de 1976, cuando José López Portillo, su amigo desde la infancia, asumió la Presidencia de la República. Desde un principio anticipó el advenimiento de una era de prosperidad para el país, basada en el descubrimiento de gigantescos yacimientos petroleros, cuyo crédito él reclamaba.
Mientras en sus declaraciones y discursos las reservas petroleras se multiplicaban mágicamente, su prepotencia iba en aumento. Pronto empezó a ser considerado en medios internacionales como “el segundo hombre” de México. Y en octubre de 1977 proclamó: “México es rico”.
Ello ocurrió durante la comparecencia ante la Cámara de Diputados. Ahí, Díaz Serrano dio a la nación “una de las noticias económicas más importantes del siglo”, según sus palabras. Teníamos, dijo, suficiente riqueza acumulada en el subsuelo para resolver no sólo los problemas económicos por los que atravesaba el país, sino también para crear “un nuevo país permanentemente próspero, un país rico donde el derecho al trabajo sea una realidad”.
Sólo en ese contexto pueden saborearse cabalmente los excesos del director de Pemex evidenciados por los papeles sobre sus despilfarros personales.
Las compras de vinos y licores importados, por ejemplo. en el expediente aparecen 81 facturas de ese rubro, ordenadas y pagadas por Pemex entre agosto de 1978 y junio de 1981, mes éste último en que ocurrió la renuncia de Díaz Serrano. De esas facturas, 75 son de la empresa Distribuidora Puig, S.A. dedicada a la compra venta e importación de vinos y licores.
El total de esas cuentas, en moneda nacional, suma 25,877,984 pesos, de los de entonces, cuando el tipo de cambio era de 24 pesos por dólar. Es decir, las compras equivalen a un millón 78,000 dólares, aproximadamente.
Hay de todo, dentro de lo mejor: champán (Laurent Perrier, Mercier, Pontet Canet, Grand Siecle, Pauillac), coñac (Hine Imperial, Courvosier Napoleón, Remy Martin VSOP, Remy Martin Louis XIII, Napoleón Decante), güisqui (Cutty Sark, St. James 12 años, Bourbon Early Times, Vat 69), todo tipo de vinos (Chablis, Marques de Riscal, Gevrey Chambertin, Blanc de Blancs, Pulygny Montrachet, Marqués de Cáceres, Chateauneuf du Pape, Latache, Chateau Margaux, Saint Emilión, Poully Fuisse, Mouton Baron Philipe), ginebra (Beefeater), vodka (Borzoi, Wiborowa), jerez, anís, oporto, brandy español, licor de almendra italiano, cremas…
Emborracha la pura lista.
Y asombra la cantidad:46,398 botellas en total. Hay que imaginar lo que son 46,398 botellas de vinos y licores importados.
Una sola factura sirve para ejemplificar el tamaño de los pedidos de la dirección de Pemex. El 25 de enero de 1979, Distribuidora Puig surtió, según su factura 128016: 2,532 botellas de coñac Hine, 2,448 botellas de escocés Cutty Sark 12 años, 3,179 botellas de champán Brut Laurent Perrier y 1,080 más de Grand Siecle; 240 botellas de ginebra inglesa Beefeater y 72 botellas de vinos blancos y rojos de diferentes marcas. El pedido de ese día importó en total 5,286,691 pesos de aquellos, que Pemex pagó puntualmente.
Similar opulencia se observa en los viajes de Díaz Serrano y su comitiva. Sólo hoteles de gran lujo: el Palace y el Ritz, en Madrid; el George V y el Intercontinental, en París, el Son Vida, en Palma de Mallorca; el Dom, en Colonia.
Según las facturas respectivas, Díaz Serrano ocupaba invariablemente suites de lujo. En el Intercontinental de París, su aposento costó a Pemex 548 dólares por noche. En el George V su suite costó 578 dólares.
Entre los acompañantes más asiduos del director de Pemex en esos viajes aparecen Jesús Chavarría e Ignacio de León (ambos actualmente prófugos); César Baptista, José García Martínez, Enrique Mendoza Morales y otros funcionarios de la paraestatal, así como la señorita Helvia Martínez y la periodista Manú Dornbierer. Estas dos últimas estuvieron también, a cuenta de Pemex, en el hotel Intercontinental de Bucarest, en mayo de 1981.
Hay muchos otros ejemplos de la forma en que Díaz Serrano y sus acompañantes botaban el dinero ajeno. Por un coctel-recepción que ofrecieron en el hotel Ritz de Madrid, Pemex pagó 9,802 dólares. Hay también notas de consumo de cenas en restaurantes de gran lujo: en el Chapelle Saint Blaise gastaron el 16 de enero de 1981 poco más de 1,261 dólares. Asistían también al Alsece aux Galles, al Alcazar de Pais, al Drouant.

AMIGO GENEROSO

Díaz Serrano vivió su momento estelar el 5 de febrero de 1981. Ese día, en Hermosillo, fue el orador único, en nombre de los tres poderes de la Unión, en la IV Reunión de la República. Y ahí habló ya con franco tono de mandatario. “Este es el momento decisivo, en que está en nuestras manos iniciar el despegue”, dijo. “Dejemos atrás la época de los proyectos tímidos y pequeños, lanzándonos a una existencia plena con mayores alcances… Entre el México de 1976 y el de hoy existen enormes diferencias: aquel era un país lleno de zozobra; esta es una nación segura de su destino”.
Seguro de su destino estaba el propio director de Pemex, cuando, poco más de un mes antes, en diciembre de 1980, despilfarró dinero como nunca en obsequios navideños y de fin de año.
Recibos y facturas pagadas por Pemex así lo prueban.
Para “atenciones de fin de año”, se compraron siete pinturas al óleo. El recibo respectivo, firmado por Ricardo Martínez de Hoyos, no especifica el autor o autores de esos cuadros, pero sí la cantidad total que la paraestatal pagó por ellos: 80,000 dólares exactos. Al cambio actual, eso significaría 26.8 millones de pesos. El recibo está fechado el 22 de diciembre de 1980.
También regaló esa vez 197 “cavas navideñas”, de diferentes tipos, por las cuales Pemex pagó 1.804,231 pesos a la Compañía Distribuidora de Cavas y Vinos, de Fernando Martín del Campo (factura 337, del 17 de diciembre de 1980).
Hay 18 facturas de la tienda Delarte, S.A., que se refieren a un total de 594 regalos comprados por Pemex para las atenciones de su director en esa feliz navidad del 80. El total pagado fue de otros 7.723,500 pesos. Entre los objetos hay una variedad inmensa: manteles chinos, tapetes persas, esculturas de cristal, figuras de marfil, candeleros, especieros, acuarelas, ceniceros de cristal y plata, esculturas africanas, litografías, vajillas, charolas, lámparas griegas, juegos de dominó, óleos, marcos de plata, platones de porcelana, grabados chinos y egipcios, esculturas de bronce, jarras, floreros, aretes, pulseras, mecheros…
Los regalos están clasificados por categorías: AAA, AA, A, B, C y D – según el sapo es la pedrada– y entre ellos predominan los marfiles, reflejo de la predilección de Díaz Serrano por esos objetos, de los que reunió extraordinaria colección.
Una nota adicional, de la misma casa pero de fecha 20 de abril de 1981, consigna la compra por la dirección de Pemex de un grabado de Rufino Tamayo, por 30,000 pesos, y una litografía original de Dalí, por 28,000 pesos.
Para la navidad del año anterior, 1979, se encargaron a Novacriluno, S.A., 220 barricas de cuarenta litros cada una de vino tinto Beaujolais, para los obsequios de don Jorge. Pemex pagó 1.650,000 pesos por ellas.
También regalaba relojes finos, de oro. Reynaldo Jáuregui Zentella, gerente de Relaciones Públicas de Pemex, firmó dos recibos que amparan un total de 28,490 dólares por 14 relojes, el 15 d octubre de 1979. Todos ellos son Piaguet “Royal Oak” y Rolex de oro de diferentes tipos, para dama y para caballero. El más caro es el Audemar Piaguet “Royal Oak”, de oro-acero, que costó 3,500 dólares. Curiosamente, la compra no está amparada por factura alguna.
Hay más: compras en la exclusiva tienda de ropa Neiman Marcus, de Houston, Texas; reembolsos por “gastos de viaje”; pagos de atención médica en el extranjero. Todo, pagado por Pemex.
Un oficio firmado el 6 de octubre de 1980 por el presidente de Pemex en Houston, Oscar A. Villarreal, da cuenta al tesorero general de la paraestatal, Salvador de León, de los “gastos de la cuenta especial que mantenemos en el Banco de Woodlake”. La relación incluye cheques emitidos entre el 19 de agosto y la fecha del oficio –poco más de un mes– y suma en total de 30,658 dólares (algo más de 10 millones de pesos actualmente).
Entre los gastos ahí enlistados están: servicio de limousine para la señora María Elvia Díaz Moreno (hija de don Jorge); reembolso del regalo de aniversario a la señora Adriana Díaz de Bates; Hospedaje de María Elvia Díaz Moreno y Guillermo Fridman, pago al Methodist Hospital; limousines para las señoras Elvia de Díaz Serrano y Roqueñí Serrano…
De cómo Díaz Serrano disponía sin límite –y sin norma– de dinero de la paraestatal dan idea 39 “vales” firmados por su secretario particular por diversas cantidades por “gastos de representación y pagados “por orden de la dirección general”. Entre esos documentos, fechados todos ellos entre enero de 1978 y diciembre de 1980″, hay algunos por cantidades pequeñas y otros en cambio amparan pagos hasta de 100,000 pesos, sin ninguna comprobación.
Hay tres recibos por “atenciones de la dirección general”, que suman 11,590 dólares. Y uno particularmente llamativo, por “atenciones de navidad”, de 63,401 dólares (unos 21 millones de pesos hoy). Este último está firmado por el gerente de Relaciones Públicas, Jáuregui Zentella, el 19 de diciembre de 1979.
Dinero a manos llenas, como se dice.
Claro, aquellos eran tiempos felices.