Hay unas doscientas versiones castellanas del Rubaiyat, un best-seller permanente en que varias épocas distintas han leído sus anhelos y desilusiones. Por modesta que sea la sección poética de una librería o biblioteca invariablemente incluirá el Rubaiyat. Para la casi totalidad de sus lectores, es obra de una colaboración póstuma y misteriosa entre Omar Khayyam, el gran matemático y filósofo persa del siglo XII, y Edward Fitzgerald, un poeta de la Inglaterra victoriana. En opinión de Borges llegaron a formar un solo autor. Hay otro Rubaiyat de Franz Toussaint, orientalista francés. La mejor traducción mexicana de ambos fue hecha por Manuel Gallardo (Libro Méx., 1958). Son poemas occidentales con temas persas y difieren entre sí en muchos aspectos. No obstante, sea cual fuere la traducción, Omar Khayyam (o nuestra idea de Omar Khayyam), siempre es reconocible y semejante a sí mismo.
En 1967 Omar Alí-Shah, un poeta sufí y especialista en literatura clásica persa, pidió la ayuda de Robert Graves para traducir al inglés el verdadero Rubaiyat según el manuscrito conservado por su familia, ya que Omar fue suprimido como hereje del canon islámico. Según Graves y Alí-Shah, su libro tiene un sentido esotérico sufí, que sólo puede penetrar el iniciado. Fitzgerald lo presentó como un ebrio hedonista (“Comamos y bebamos que mañana moriremos”). Para tranquilidad de Alcohólicos Anónimos, el vino de Omar es una metáfora del éxtasis en el amor divino. San Juan de la Cruz empleó también esta metáfora porque tuvo influencia sufí a través de Ramón Llul.
A pesar de la demanda continua, nunca que sepamos se ha traducido el Rubaiyat de Graves y Alí-Shah que conserva la forma original (“rubai” que quiere decir simplemente “cuarteta”) pero no mantiene la rima como Fitzgerald. Aunque toda traducción es parafrásica (hasta el intérprete que traduce hi! como “qué tal” está haciendo paráfrasis), a fin de evitar mayores infidelidades se ha elegido la prosa con que están familiarizados casi todos los lectores en castellano de Omar Khayyam. Estos son algunos de sus poemas que se encuentran en forma muy distinta en Fitzgerald y Toussaint, y algunos no coinciden para nada.
La vida pasa. Balhk y Bagdad ¿qué se hicieron? Llena tu copa de vino –dulce o amargo, poco importa. Bebe. Sabes que cuando ya no estemos la Luna ha de seguir su curso.
2
Descansa a la sombra de la rosa aunque los vientos hayan marchitado todo el mundo florido y los pétalos caigan a deshacerse en el polvo. También los reyes y los poderosos fueron derribados por el tiempo en su ráfaga.
3
Piensa que el mundo fue hecho a la medida de tu deseo, perfectamente ajustado para ti. Sin embargo has de saber que eres un poco de nieve sobre la arena. Tu destino es fundirte y evaporarte.
4
Levántate. No tiene objeto lamentarse de la fugacidad de este mundo. Vive tu vida entera alegre y lleno de gratitud. Si alguien librara a la humanidad de su perpetuo viaje entre la cuna y el sepulcro, nunca hubiera llegado para ti el momento de vivir y de amar.
5
De niños, absortos ante su narración, nos inclinábamos hacia el maestro. ¿En qué acaba esta historia, qué será de nosotros? Llegamos como el viento y nos iremos como el agua.
6
Agitadamente me trajeron al mundo. Lo único que aprendí de la vida fue a maravillarme ante ella. La dejaremos a nuestro pesar y todavía ignorantes de por qué somos, para qué venimos, hacia dónde vamos.
7
En su taller observé al alfarero que moldeaba en el torno asas y tapas para sus vasijas. Todo esto salía de la arcilla: la arcilla que fue manos de rey y pies de mendigo.
8
Huye de la codicia y de la envidia. No dejes que te perturben los cambios ni las alteraciones de lo bueno y lo malo. Bebe tu copa, acaricia a tu amada. Pronto la escena se desvanecerá sin remedio.
9
Universal e inconmensurable, esta gran bóveda ofrece a toda la humanidad la misma copa. Cuando te llegue el turno abstente de llorar, alégrate, alza tu copa y bébela hasta el fondo.
10
Pobre de mí: se cierra el libro de la gloria temprana. El verdor de la primavera deja su sitio a la nieve invernal. El dulce pájaro de la juventud alza su vuelo. Y apenas me di cuenta de cómo vino y se fue.
11
Dios sabe que nadie resiste la tentación y sin embargo me ordena resistirla e irresistiblemente me confunde al decirme: “Inclínate pero no sucumbas”.
12
Mis enemigos se equivocan al llamarme filósofo. Seré todo, menos filósofo. Ni siquiera puedo decir quién soy en este nido de pesadumbres.
13
Ahuyenta los dolores que se agolpan, borra de tus recuerdos todas las sectas que dicen poseer la verdad. Elogia la alquimia del vino, capaz de ahuyentar de un solo trago más de mil sufrimientos.
14
Vive en el paraíso del presente. No te anticipes al dolor de mañana. Muy pronto irás a alojarte con cuantos se han ido desde que este mundo fue creado.
15
No dejes que te abata la sombra del pesar ni que la absurda pena nuble tus días. Jamás renuncies a las canciones de amor ni a los céspedes ni a los besos, mientras tu polvo no se una al polvo de quienes te han precedido.
16
Vivo, ¿puede mi corazón entender los secretos de la existencia? ¿Acaso logrará la muerte enseñarme los enigmas divinos? Si hoy nada conozco de mí mismo? ¿cómo podría saber algo cuando esté muerto?
17
Este mundo ha de seguir viviendo mucho tiempo después de nuestra partida. Prevalecerá sin recordar nuestro nombre y sin saber que en él estuvimos. Antes de que llegáramos no lamentó nuestra ausencia: ¿Cómo va a entristecerse porque ya no estemos aquí?








