“Lo que se estudia de comunicación en las universidades no sirve para nada”: McLuhan

José Antonio Alcaraz

“El señor McLuhan lo recibirá mañana a las 10 a.m.”
Al día siguiente, salgo de mi hotel corriendo. Son las 9:35. El Metro de Toronto, contra lo habitual, tarda mucho en aparecer. A las 9:48, desesperado abandono la plataforma, repleta ya de pasajeros que esperan.
No hay taxis. Son las 9:50. Finalmente aparece uno. Cruzo la calle a toda velocidad, sin hacer caso de los semáforos y a las diez en punto, justísimas, estoy ante el letrero que –deslavado por la acción de la lluvia, la nieve y el viento– dice: “University of Toronto Centre for Culture and Technology”, y en la parte inferior “Centre for Medieval Studies…”
Sí, esta es la dirección: 39 Queens Park Crescent, East. La misma pancarta anuncia “Experimental Phonetics Laboratory”.
Los edificios parecen salidos de un film de Drácula. Atrás, semiescondida está la casita que alberga la oficina de McLuhan, y su aula. Hay que tener mucho cuidado para no resbalar en la nieve.
Tratándose de McLuhan uno podría esperar, en cierta forma, que su Instituto estuviera amueblado en forma ultramoderna, todo fuera de diseño muy audaz o que se encontrara en un edificio semejante a un set interplanetario… algo así como el interior de una nave espacial de Kubrik, pero es idéntico a una de esas casas en que, fuera del edificio central, viven algunos maestros del Merton College, en Oxford. Se diría que la atmósfera inglesa ha sido voluntariamente imitada: una pánel para avisos; fotostáticas pegadas en las paredes, un gran póster (“Pumping Iron, la película sobre culturismo físico, que está causando sensación), papeles por todos lados, una copiadora, archiveros y algunos libros. Entre ellos el más vistoso y más grande: uno de Eulalio Ferrer. Una fotocopia de un recorte de periódico: Edith Sitwel con uno de sus hermanos.
Una cortina que cuando esté limpia volverá a ser color crema, muy grande, y que no sirve para evitar la luz pues no está sobre un ventanal, sino directamente sobre un muro recubierto de fibracel. Parece un gigantesco block de dibujo. En el momento en que voy a averiguar lo que oculta la cortina entran dos caballeros, según dice el secretario de McLuhan:”–…de la televisión de New York.”
La noche anterior han estado hablando con McLuhan: van a hacer un programa sobre él.
Son las 10:40 y al enterarse que vengo de México uno de ellos me dice en un español bastante aceptable, que está casado con una de las hijas de Castro Leal y que está encantado de conocerme.
Llega McLuhan. Aquí está por fin, aquél a quien un genial error de imprenta, digno de ser inmortalizado, bautizó como “Mass Medea”. Algo hay también de indefiniblemente británico en su manera de hablar, incluso un leve acento.
Son las 10:52 y McLuhan se muestra abrumado porque se le hayan reunido dos entrevistas y me suplica que vuelva en la tarde después de la comida, a las 3 para poder hablar conmigo. Sin embargo, si quiero, puedo permanecer y oír su conversación con los norteamericanos.
McLuhan es alto, tiene lo que los cronistas de sociales llamarían en México un cierto señoría evidente, es “elegante y distinguido”. Tiene una gran agilidad física y poco a poco al oírlo hablar me doy cuenta –o más bien: creo darme cuenta– que está representándose a sí mismo. Diseñó y aprendió a la perfección el papel de McLuhan y ahora los desempeña con particular brillantez. Se me ocurre que hasta el pedir un plato de sopa debe hacerlo con frases doctas.
“–Voy a grabar, simplemente para poder recordar lo que se ha dicho aquí en el momento de escribir el guión para el programa”, dice uno de los interrogadores. Con un movimiento de cabeza McLuhan asiente; me pongo furioso porque mi grabadora no tiene pilas en este momento, en consecuencia necesita ser conectada a la corriente eléctrica. Como no veo ningún enchufe a mano, prefiero ser prudente.
Son las 11:58. Tengo una cita a las 12:00; después de una intromisión en el diálogo pido permiso para retirarme. Prometo volver a las 3. Al despedirme, McLuhan insiste: “a las 3 en punto por favor.”
Vuelo a comprar pilas.
Las 2:58. Al entrar de regreso, aquello parece una escena de los hermanos Marx. Todo mundo anda enloquecido buscando un número de teléfono que McLuhan necesita para hablar a un amigo suyo. Una mujer muy rosada y regordeta, vestida de negro, es personaje nuevo. Recorre en forma inútil un tarjetero buscando afanosamente el número que McLuhan solicita.
Por fin: McLuhan va a responder a mis preguntas, o al menos, ingenuamente, eso creo. Antes de haberle formulado ninguna, dice:
ML.- La música de rock proviene de una parte del territorio norteamericano que tiene una profunda tradición oral: el `sur profundo’ (“Deep South”). Es el único lugar de donde viene música en los Estados Unidos. En áreas con alto índice de analfabetismo. En el norte no hay música. El jazz y el rock vienen en su totalidad directamente del Sur, que no está alfabetizado, por así decirlo. Tienen un ritmo muy fuerte en su lenguaje hablado. Todo viene de la tradición. Y ahora… el presidente Carter viene de esa área. Es el primer presidente del `sur profundo’.
JAA.- ¿Cómo explicaría usted el fenómeno “Jimy Carter”?
ML.- Es enteramente televisión. Debido a la televisión. Porque Carter tiene una imagen muy apta para la televisión.
JAA.- ¿Quiere decir que tiene un rostro muy agradable?
ML.- No. Tiene carisma. Y se parece a mucha gente: parece un auténtico muchacho americano (real american boy). Parece un muchacho del Sur. Un Huck Finn; no un Tom Sawyer. Tom Sawyer era un muchacho cuidadoso, limpiecito, respetable. Mientras que Huckleberry Finn era muy “sanote”, incluso descuidado; con su caña de pescar al hombro, silbando… y todo lo demás.
“Carter es un muchacho del Sur, pero es un Huck Finn; y esto es muy agradable para la generación de la televisión”.
Se interrumpe la escena y entra la mujer color roas beef: la del vestido negro. McLuhan le pregunta:
“– ¿Tuvo usted suerte?”
–”No ninguna”.
“–Esto es una verdadera molestia, por favor siga intentándolo”. Sale la mujer, y apenas voy a la mitad del fonema con que intento reanudar la entrevista cuando McLuhan se adelanta:
ML.- Creo que tengo un artículo sobre el rock and roll allá arriba, en la oficina de mi secretaria. Cuando se vaya, pídaselo.
JAA.- Usted hace frecuentes analogías entre el jazz y la palabra hablada…
(Por fin apareció el número telefónico, se lo pasan a McLuhan en un papelito. Lo dobla y lo mete en la bolsa del saco).
JAA.- Continuando… ¿Diría entonces que la voz humana es más o menos la basa de cualquier tipo de música?
ML.- No es la parole (la palabra), es la langue (la lengua, el idioma), que es cierto. Y… ¿dónde tengo ese libro? Aquí está: una cita de Eliot, el poeta. Está en la página 9 ¿no quiere buscarla por favor? No tengo mis lentes. ¡Ah, aquí está; muchas gracias!
“La alucinación oratoria. Esto es característico de la música y el habla, o el lenguaje… Lo que llamo la imaginación aural (auditiva) es el sentido instintivo para la sílaba o el ritmo penetrando, en una zona situada muy por debajo, en las profundidades, de los niveles conscientes del pensamiento. Esos ritmos son un grupo; grupo porque han ido construyéndose a través de mucho tiempo. Son pensamiento y sentimiento. Vigorizan cada palabra penetrando (zambulléndose) a lo más profundo y olvidado, regresando a los orígenes, trayéndonos algo de vuelta. Buscando el principio del fin. Operan al través del sentido (de las palabras), ciertamente, no son significados en el sentido ordinario, y fusionan lo antiguo y lo obliterado; lo trillado, lo corriente, lo nuevo, y lo sorpresivo, la mentalidad más antigua con la más antigua con la más civilizada”. Hasta aquí Eliot.
Todo esto es instantáneo. Es acústico. Ahora bien: el espacio acústico es una esfera, oímos lo que viene de todas partes. 360 grados. El espacio acústico es una esfera cuyo centro está en cualquier parte, cuyo margen no está en ningún lado. Es un espacio de tipo muy peculiar. Electrónicamente, con el radio y la televisión, vivimos dentro de un espacio acústico en sentido planetario. La información viene de todas partes, viaja en todas direcciones, de un solo golpe, simultáneamente. Eso quiere decir que vivimos en un medio ambiente (environment) musical, por primera vez en la historia de la humanidad.”
JAA.- ¿Cómo nace el canto?
ML.- Si el lenguaje hablado se emite a menor lentitud, entonces ya se está cantando.
JAA.- Entonces…  el Canto Gregoriano tiene en gran parte ese origen…
ML.- Sí, por supuesto.
JAA.- Las sílabas son la base del mismo: se toma en cuenta la respiración de quienes lo cantan…
ML.-Y determina los intervalos; influye también el área resonante.
JAA.- La construcción de los locales donde se cantaba fue determinante; así la música se respira con el ser humano: los que cantaban y quienes lo oían.
ML.- No estoy muy seguro. Pero, verá usted: no esperaba una entrevista.
JAA.- Discúlpeme, lo siento mucho. Seguramente es un error de las personas que arreglaron este encuentro.
ML.- ¿No me escribió usted una carta verdad?
JAA.- No, no lo hice.
ML.- Bueno, entonces no disponía yo del espacio de tiempo para eso. Es muy inesperado; por favor pregunte si pueden encontrarle el artículo sobre el rock and roll y acerca del sur y las formas del habla en el sur –de donde viene el rock and roll– porque tengo un resfriado terrible. No puedo hablar fácilmente; en realidad y como ya se lo había dicho esto es inesperado y no puedo ubicarlo en mi horario. Es demasiado… es demasiado; así es que ahora me toca a mí pedir disculpas… Espero que pueda encontrar el artículo, me parece que se publicó en “Rolling Stone”, no estoy seguro… Debo detenerme, he estado hablando toda la mañana y tengo un calendario sumamente ocupado. Así es que: culpe al catarro.
JAA.- Solamente una pregunta más.
ML.- Está bien.
JAA.- Es acerca de Teilhard y Jacques Barzun. No sé si lo estoy malinterpretando: en uno de sus libros (La Galaxia de Gutemberg) llama usted a Telhard de Chardin un romántico…
ML.- Sí, es un ocultista. Juega mucho con el gran macrocosmos y el microcosmos, las nuevas esferas y todo lo demás. Es puro ocultismo. No tiene nada que ver con la Iglesia.
JAA.- ¿Y entonces, dónde entra Barzun en este esquema?
ML.- Conozco sus escritos: por comparación es un hombre de letras al estilo antiguo (old fashioned). Un “Gutemberg man”. tiene un libro llamado “La casa del intelecto”: debería llamarse “La casa del alfabeto”. Es un “Gutemberg-man” (criatura de Gutemberg) literal.
JAA.- Lo que me intriga es ¿cuál es su concepto de romántico?
ML.- Pues es algo que quiere decir: el individuo que huye de la sociedad. Es el individuo solitario. Charlie Chaplin, enteramente solo: el hombre pequeño sin compañía. Y el romántico está enteramente solo… Thoreau. Walden Pond, yendo al exterior para estar sólo con los elementos. Walt Whitman.
JAA.- Y en consecuencia John Cage.
ML.- No. No diría que él es un romántico; de ninguna manera. Pertenece a un periodo. El romántico era intensamente individual. John Cage no tiene identidad. El es nadie (He is nobody). No tiene personalidad. Es nada. No identidad. es un hombre electrónico; un “Mass-man”.
“El romántico es un individuo intenso, el hombre electrónico no tiene individualidad alguna: es un “mass-man”. Están en los extremos opuestos: el romántico y el “Mass-man” son opuestos. El “Mass-man” no es nadie y el romántico piensa que es alguien, cree ser alguien. Es aristocrático.”
JAA.– …Es que esta mañana le oí decir que no tenía usted opiniones preconcebidas sobre las cosas.
ML.- No, lo que dije fue que no tenía “punto de vista”. Estoy interesado solamente en estructura.
JAA.– Esto está muy de acuerdo con la Gestalt… y con John Cage.
ML.- Sí con la Gestalt, no con John Cage. A mi entender Cage no es un estructuralista. Usa los fundamentos, las causas de la estructura. Esto no quiere decir que no sea interesante.
JAA.- Me despido maldiciendo al destino, pero cortésmente… No queda otra opción.
Llego al hotel y pongo a funcionar mi memoria: afortunadamente aún está fresca la conversación de McLuhan con los norteamericanos esa mañana. Logro recopilar una buena parte. He suprimido casi totalmente las preguntas para no alargar más esta, ya extensa, transcripción:
ML.- “Los poemas son espacios aurales. Los cuadros, las pinturas: muchas clases de espacios.
“– Los músicos de jazz, muchas veces, están haciendo comentarios al estar tocando acerca del público que los escucha. Hay un lenguaje –por medio del que platican– que no necesita palabras, sino que está integrado por sonidos musicales. El jazz es un diálogo continuo: eso es lo que quiere decir la palabra de donde viene el término: “jaser”=charlar.
“– Cuando Platón llegó a Atenas, traía una compañía de mimos con él: hacía sus explicaciones a través de estos actores. Después se volvió muy verbalista (“very wordy”)
“– Es imposible utilizar un micrófono para predicar en la iglesia, porque vuelve gigantesco cualquier gesto pequeño, hasta hacerlo insoportable.
“– Ninguno de los programas actuales sobrevivirá si se añadiera sonido cuadrafónico a la televisión, tal como pasó con el cine cuando se hizo sonoro: se modificó la manera de filmar, la manera de actuar, desaparecieron las estrellas y nacieron otras nuevas; se modificó todo.
“– El micrófono del radio es un micrófono íntimo: no amplifica el sonido, lo transmite a otros espacios.
“– Todas las músicas provienen del habla (speech); como tal  la música barroca alemana proviene del lenguaje alemán hablado.
“– Los `talk shows’ (programas en que un anfitrión principal realiza entrevistas) no sirven para nada. Lo interesante sería tener una conversación en que se vieran envueltos todos los participantes.
“– Los espacios chicos, los estudios pequeños, son lo peor para la T.V. Cada set debería ser gigantesco.
“– El modelo que se utiliza en las universidades de todo el mundo para estudiar la comunicación no sirve para nada porque sólo declara o da, las causas fundamentales y no utiliza –ni siquiera reseña– los efectos.
“– Como en la épica yugoslava, en que los relatores deben disponer de un “almacén” (reservoir) de clichés, que pueden ser utilizados y alterados según las necesidades del auditorio. Depende de quién viene a escucharlos, y si por ejemplo es el cumpleaños de alguien, cómo se desarrolla la historia que cuentan.
“– Me he forzado a no tener un punto de vista: esos son juicios morales. Me interesan los hechos… Y cuando se decide si esto es bueno o malo, si nos interesa o no: esas son actitudes.
“– Pienso que los protestantes son heréticos porque no creen muchas de las cosas que hay que creer. La fe no se discute con palabras. Los teólogos, muchos teólogos, tratan de analizar o discutir la revelación con palabras y eso es un grave error… La fe opera del mismo modo que el teatro Noh japonés, que se sirve de sonidos y actitudes corporales y no necesita de la comprensión del lenguaje hablado para llenar su cometido.
“– Me sorprende que –de algún modo– los protestantes estén considerados ecuménicamente como parte de la Iglesia.
“– La Iglesia es como la TV: ha alterado todas las cosas, todo lo que ha tocado.2
INTERLOCUTOR I.– “–¿Cuando dice usted la `Iglesia’ quiere usted decir la Iglesia Católica, o lo dice en un sentido más amplio?
ML.– “No. Quiero decir la Iglesia Católica. Por supuesto”.
INTERLOCUTOR II.– “–¿Diría usted, entonces, que muchos católicos son también herejes?”
ML.- “–Obviamente.”
INTERLOCUTOR I.- “–¿Y la ordenación sacerdotal de las mujeres?”
ML.– “–Por eso nunca podrá admitir la Iglesia Católica que haya sacerdotes femeninos: porque se necesita alguien que literalmente viole al auditorio. Y para eso tiene que ser apto para violarlos (“to screw them on”), alguien que los “atornille”.