Luis Rivera, joven maestro de filosofía de la educación en la Universidad de Puerto Rico, nos sitúa en la política interna de su país, en relación con los Estados Unidos y su lucha por la independencia:
–Con respecto a la realidad política de Puerto Rico, las principales características del momento presente son las siguientes. Número uno, las negociaciones que se dan entre algunas corporaciones trasnacionales norteamericanas y el gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, acerca de la explotación del cobre y el níquel y acerca de la exploración de los posibles depósitos de petróleo. Estas negociaciones conllevan un gran significado e importancia para la política puertorriqueña, porque, de llevarse a cabo los contratos que se están discutiendo, implicarían un gran control sobre la vida política, económica y social de Puerto Rico, por parte de las grandes corporaciones. Del futuro del cobre, del petróleo y del níquel, depende mucho el destino político futuro de Puerto Rico.-
El segundo elemento es el intento de algunos sectores, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos, de dirigir el curso político del país hacia la anexión. No me refiero solamente a la declaración del expresidente Ford acerca de la posibilidad de hacer de Puerto Rico un Estado de la Unión, sino también al proyecto de ley que se ha presentado para realizar elecciones primarias presidenciales en Puerto Rico, y a los diversos intentos que hay para acercar más, políticamente, a los dos países. Estos intentos de deben al hecho de que, tanto en Estado Unidos, como en Puerto rico, como en las Naciones unidas, el actual régimen de Estado Libre Asociado y las relaciones jurídico-políticas que han prevalecido entre Puerto Rico y Estados Unidos, en los últimos 25 años, se encuentran en crisis.
La tercera característica que habría que mencionar, es que no solamente el sector anexionista lanza su propia ofensiva, sin que también, a diversos niveles y en diversas maneras, los partidos y las organizaciones independencias –el pueblo independentista puertorriqueño– se hacen presentes con mayor agresividad, con mayor articulación y con mayor efectividad, en la discusión política.
Si se pudiera caracterizar brevemente la situación, se diría que es una situación de crisis del actual Estado libre Asociado, y de aceleración o avance, tanto de los sectores anexionistas, como de las organizaciones independencias; por lo tanto, hay una polarización gradual, pero evidente, en la vida política puertorriqueña.
–¿Qué futuro le ves a esto?
–Hay diversos factores que son todavía una interrogante. Hay una lucha, dentro de ciertos sectores de poder político y económico en los Estados Unidos, acerca de qué curso debería tomar la política puertorriqueña. Hay también contradicciones muy importantes dentro de las tradiciones autonomistas en Puerto Rico, es decir, en aquellos sectores políticos que propenden a un mayor gobierno propio, sin romper los vínculos de ciudadanía con los Estados Unidos. De lo que sucede en esas dos áreas, depende mucho el curso inmediato próximo de nuestra vida política. Lo que es evidente es que el barco actual está haciendo mucha agua y que nos aproximamos, en los próximos 15 años, yo diría, a cambios importantes en la vida política y económica de Puerto Rico, como por quitarse un dolor de cabeza, que el camino final será el de la independencia. Pero, para llegar a ese camino, hay todavía muchas etapas que recorrer, muchos obstáculos que vencer y muchas discusiones y problemas que resolver. Me parece que es el camino más sensato, tanto para los Estados Unidos, como para Puerto Rico, único que permitiría la preservación de la nacionalidad puertorriqueña y que podría permitir también relaciones de respeto y coexistencia con los Estados Unidos.
–¿Cuáles son las reacciones y la postura del pueblo puertorriqueño, ante esta situación?
–En estos momentos, como en toda la historia de Puerto Rico, la del pueblo es una postura muy dividida. Sería irresponsable decir que el pueblo puertorriqueño asume una postura definida sobre el problema. Si así fuera, el problema del destino puertorriqueño estaría resuelto fundamentalmente. En el seno del pueblo hay una intensa discusión, lucha política, debate, que considero saludable. Por primera vez en mucho tiempo el debate no es meramente de forma, sino que permite la clarificación de muchos problemas. En estos momentos, parte del pueblo puertorriqueño considera que la solución está en la anexión, en la estabilidad. Parte del pueblo considera que la independencia es unas alternativa superior. Y parte del pueblo quiere reformar las relaciones jurídicas con Estados Unidos, sin que eso implique ni la estatidad ni la independencia. A mí me parece que esta tierra de nadie, este equilibrio político, se va a ir gradualmente solucionado en los próximos años. Como yo creo que la conveniencia político-económica para Puerto Rico es la independencia, a mí me parece que esta realidad se irá haciendo notoria y cierta para sectores cada vez más amplios del pueblo puertorriqueño.
–La dependencia de los Estados Unidos, los nexos de vinculación ahora existentes, ¿cuánto han afectado o transformado al pueblo? ¿Qué tanto es todavía un pueblo latinoamericano, con vínculos latinoamericanos, que se siente parte de Latinoamérica y que tanto es ya un pueblo que forma parte de los Estados Unidos, cultural, afectiva, económicamente?
–Culturalmente, el pueblo puertorriqueño es una nación latinoamericana. Eso se capta en la lengua, en los hábitos, en las costumbres, en la cultura. Sin embargo, hay un proceso de transculturación, a nivel de los parámetros de percepción política. Es decir, se aísla al pueblo puertorriqueño de diversas maneras, de los procesos políticos propios y se recalca la centralidad y el significado de los proceso políticos norteamericanos, y, por lo tanto, la vida política puertorriqueña gira, más de inmediato, sobre la norteamericana que sobre la latinoamericana. En términos económicos, el desbalance es atroz. La economía puertorriqueña es una economía apéndice, una economía totalmente subordinada a la norteamericana. Los Estados Unidos tienen vastas inversiones, a todo nivel, en Puerto Rico, que es un mercado cautivo de los Estados Unidos. Hay que señalar que, para poder mantener esta situación sin que haga crisis, la transferencia de fondos federales y los diversos tipos de subsidios federales han aumentado grandemente. Esto tiene sus traducción en el desarrollo de una mentalidad de dependencia económica. Yo diría, en resumen, que la situación es compleja. Culturalmente, Puerto Rico es un enclave dependiente y subordinado de la economía de los Estados Unidos.








