El pueblo panameño, el 23 de octubre, en un plebiscito nacional, ratificó los tratados sobre el Canal, que su presidente, Omar Torrijos, y el presidente de los Estados Unidos, James Carter, concluyeron el 10 de agosto pasado. Con una mínima nulificación de votos, cerca del 70 por ciento de los panameños votaron en favor de los acuerdos.
Ya votó Panamá. Pero no ha votado el Senado de los Estados Unidos, cuya aprobación es el último paso que falta para que el tratado sea definitivo, una vez que se aclaró los Estados Unidos tendrán el derecho de intervención militar para la defensa del Canal, después del año 2000, año en que pasará a ser de los panameños, cuando su seguridad y su accesibilidad y paso se vean amenazados.
El problema es que ni Panamá ni la Zona en disputa son sólo un Canal. El Canal de Panamá, saturado o obsoleto, no es, siquiera, el problema central.- El hecho de los Estados Unidos insistan en su exigencia de intervenir en la defensa del Canal, se debe a que la presencia estadunidense en el istmo es la única garantía de las operaciones financieras que se desarrollan en Panamá. Este es el punto básico; los enclaves comerciales y financieros que ponen a Panamá al servicio de la gran estrategia económica de los Estados Unidos y que, de todos modos, le quitan su independencia.
La vida de Panamá gira sobre cuatro ejes: la Zona del Canal, la bananera, la Zona Libre de Colón y el Centro Financiero Internacional.
En la Zona del Canal, el poder político, económico y militar está en manos de los extranjeros. Su peso económico es importante, porque de ella depende cerca del 30% del producto interior bruto, ofrece 20,000 empleos a panameños y constituye la principal fuente de trabajo en el país.
La bananera –United Fruit Company– es un enclave agrícola, el principal productor para la exportación y la tercera fuente de trabajo, con 12,000 empleos para los panameños. Panamá ofrece enormes ventajas fiscales y de servicios para las operaciones de las transnacionales. Eso se debe a sus sistema monetario –el dólar– y a su sistema legal, además de su posición geográfica y de la protección militar estadunidense. Su sistema legal no cubre las operaciones legales que las firmas establecidas en el país efectúan en el extranjero. Así, se han establecido allí una 50,000 firmas, por razones puramente legales, fiscales y de costos. El gobierno de Panamá no cobra impuestos por la reexportación, ni sobre las ganancias realizadas en el extranjero, ni sobre las ganancias de capital que permanezcan en el país. Así, la empresa transnacional se apropia de los beneficios acumulados en Panamá, los impuestos sobre la exportación, sobre las ganancias obtenidas en su propio país y sobre las ganancias de capital colocadas en bancos panameños. Todo protegido por el secreto.
La Zona Libre de Colón –la segunda fuente de trabajo, con unos 15,000 empleos panameños– es un enclave de tipo comercial plataforma de exportación, de almacenamiento y de ensamblaje, al servicio de las empresas multinacionales. Es la segunda zona libre mundial, después de Hong Kong; alberga 600 firmas registradas y realiza negocios por cerca de mil millones de dólares anuales, en una extensión de 34 hectáreas.
El control Financiero Internacional responde a la expansión de los bancos trasnacionales. En 1960, sólo 8 bancos estadunidenses operaban en el extranjero. En 1975, había 125 con 732 sucursales. En Panamá, en 1960, había 5 bancos, con un total de 200 millones de dólares en depósito. En 1976, había en depósito mil millones de dólares. En 1968, el 60% de los depósitos eran de origen local. En 1970 el 65% de los depósitos eran extranjeros, atribuidos a actividades locales. El Bank of America, First Bank of Chicago, Banco de Brasil, Swiss Bank, Trade Development Bank, Deutsche Bank, Trade Development City Bank, los siete, controlan en Panamá el 80% de los depósitos y de los créditos. En 1976, Panamá tenía 1 millón 700 mil habitantes, un presupuesto anual de 400 millones de dólares y una producción interior bruta de 2 mil millones de dólares. El Centro Financiero tiene 11 mil millones de dólares de depósitos extranjeros; 74 bancos internacionales con 200 agencias en el país; 1,900 millones de dólares de créditos interiores; más de 500 millones de dólares de inversiones bancarias; 80% de operaciones internacionales; 90% de depósitos extranjeros. Y Panamá no tiene ni Banca Central ni moneda nacional, para no hablar de las condiciones económico-sociales del país. Eso es lo que significa que los Estados Unidos devuelvan a Panamá la soberanía de un canal obsoleto, sin devolverle la soberanía del canal financiero y comercial que controla su vida y le quieta toda sus independencia. Ahí yace el sentido de la exigencia de los Estados Unidos para intervenir militarmente, después del año 2000, y la razón del Senado estadunidense para dudar de la aprobación del nuevo tratado sobre el Canal. Las razones están más allá del Canal.








