Abrahán López Lara
Es curioso que quienes ayer fueran enemigos de la libertad de enseñanza, hoy la invoquen fervorosamente. En los días de la Reforma, la Iglesia se opuso ahincadamente a la libertad de enseñanza, la cual entonces era obligatoriamente católica, pues temía que se introdujeran doctrinas antirreligiosas que corrompieran a la niñez. El catecismo del padre Ripalda y el silabario de San Miguel, eran textos obligatorios y aun gratuitos, que estuvieron vigentes hasta en las escuelas del gobierno todavía a principios de este siglo.
Pero el laicismo se impuso inconteniblemente y las escuelas confesionales abandonaron la enseñanza gratuita y popular para reducirse a la privada y de paga. En éstas fueron textos obligatorios los conocidos por las siglas F.T.D. que se ostentaban en sus portadas, y que por cierto eran de excelente contenido pedagógico aunque fueran francamente confesionales. Pero había de pagarse por ellos y a elevado precio, y la mayor parte de la población infantil no tenía acceso a ellos. Si es verdad lo que se dice sobre los primeros estudios del difunto presidente Adolfo López Mateos con los padres maristas, los textos de la F.T.D. serían los que le enseñaron sus conocimientos primarios. Y es curioso que precisamente López Mateos fuera quien más impulsara la redacción, edición y gratuidad de los libros oficiales de texto.
En las escuelas del gobierno se enseñaba con textos cuya doctrina era francamente liberal, y aun anticlerical, pero adolecían del defecto de la comercialización y su inaccesibilidad a la gran masa infantil de escasos recursos. Fue una gran obra que el gobierno emprendiera la producción de textos gratuitos, que necesariamente habían de ser laicos, lo cual no significa necesariamente antirreligiosos. Y quienes imponían el texto confesional y costoso, levantaron grandes protestas en nombre de la libertad de enseñanza, y fue el presidente López Mateos quien hubo de sufrir los primeros y más agrios embates.
Recientemente se ha sentido un nuevo brote virulento contra los libros de texto gratuitos, y su núcleo principal parece provenir de Nuevo León y Jalisco, regiones casualmente notorias por su retrogradación confesional. Una supuesta Unión de Padres de Familia es la campeona que impugna los textos, pero sotto voce se dice que es un órgano ostensible del episcopado. Quienes defienden los libros de texto gratuitos se limitan a darlo a entender, pues el idilio actual entre el Gobierno y la Iglesia no permite decir nada que lo empaña. Sólo el jerarca de la Iglesia griega nominalmente señaló al nuevo arzobispo de México como promotor de la campaña contra los textos oficiales, pero más bien parece un pleito de competencia entre confesiones eclesiásticas rivales.
No sabemos que antes ni ahora se repita la misma impugnación en el resto de la República, ni aún en las zonas tan religiosas como Jalisco y Nuevo León, aunque pudiera señalarse el hecho que en esas no existe la prosperidad material que en las dos mencionadas. Se acusa de marxistas a los textos gratuitos, acaso por algunos párrafos de su redacción; pero no se tiene en cuenta que el lenguaje marxista se ha impuesto aun en los círculos antimarxistas. Segismundo Freud y Carlos Marx lograron que la humanidad adoptase concepciones nuevas sobre la vida y la sociedad, y aun para impugnarlos ha sido necesario leer sus libros y emplear su lenguaje. Ahora se habla con mucha soltura de “complejos psicológicos”, desconocidos totalmente antes de Freud; y también se manejan nociones como la “plusvalía” de Marx, aunque no se tengan ideas claras y precisas sobre ella. Pero los análisis de ambos pensadores son tan poderosos que no se puede entender nuestro mundo actual sin los conceptos que inventaron. No es posible detener el pensamiento humano cuando es sincero en su búsqueda de la verdad. El lenguaje aristotélico, pagano y todo, se impuso aun en la teología de Santo Tomás.
La impugnación a los textos oficiales se basa en el temor de que corrompan la mente de los niños, pero este criterio presupone al hombre como un robot al que si se le imprime tal o cual información reacciona necesaria y fatalmente conforme a ella. Por lo contrario, el espíritu humano nace libre y por ello se contradice incesantemente y se ha contradicho a través de la historia. no obstante la Inquisición, la humanidad conquistó la libertad de cultos; y no obstante el silabario de San Miguel y el catecismo del padre Ripalda, y aun los textos escolares de la F.T.D., el laicismo se impuso en todo el mundo. Los actuales libros gratuitos se limitan a proponer al niño en acervo de conocimientos modernos cuando llegue a hombre, será él quien disponga.








