Francisco Fe Álvarez
Para los que somos legos en matemáticas, lo cual quiere decir flatos de toda amplitud en el manejo de cualquier tipo de estadística, las informaciones que con cierta frecuencia suministran con base en datos numéricos resultan aplastante, terriblemente convincentes, indiscutibles.
Así ocurre, por ejemplo, con los datos relativos al llamado producto interno bruto, o al producto per cápita, que viene indicando lo que en cada país corresponde a cada uno de sus pobladores del total de la riqueza nacional. Las cifras son dada siempre en dólares y establecen la ganancia anual de dicho individuo.
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) acaba de dar las cifras relativas a 1976, que muestra un aumento de 116 dólares para el producto per cápita latinoamericano, hasta llegar a un promedio general de 756 dólares. Los países que van a la cabeza son Venezuela, con casi 1,350 dólares, Argentina con 1,300 y México con casi 1000. En el último lugar se encuentra Haití con 109 dólares. Como todo el mundo sabe, debido a la continua insistencia de los economistas, los políticos el al. a partir de los mil dólares anuales per cápita, el país que tiene tal producto bruto está ya en pleno impulso industrial (lo cual no deja de ser bastante optimista).
Las cifras de la CEPA tienen cierto interés si se comparan con las de otros países, como por ejemplo: Suecia 7,800 dólares, Estados Unidos 7,060, Canadá 6,650, Alemania Occidental 6,610, etc. y entre los que menos reciben de Europa Occidental se encuentran Portugal con 1,610; España con 2,700 e Italia con 3,000 dólares. De los países socialistas vale la pena indicar que el de más alto ingreso es Alemania Oriental con 4,230 dólares seguido de Checoslovaquia con 3,710. La URSS tiene un ingreso regular de 2,260 y Rumania llega el último con 1,300. Cuba tenía solamente un ingreso de 800 dólares en 1975.
Pero, llegando a la realidad de los hechos cotidianos que todos conocemos, ¿qué significa que en México haya un ingreso anual per cápita de 1,000 dólares? ¿Por fortuna quiere decir que hasta el más humilde de los campesinos los gana, como podría ganarlos también el lavacoches de nuestro establecimiento o el limpiador de calzado que está asentado en una esquina de la ciudad? Indudablemente que no.
Debido a la devaluación del año pasado, esos mil dólares representan ahora casi 23,000 pesos, o sea uno 1,800 al mes, cifra inferior al promedio general de salario mínimo. Pero hay que tener en cuenta el alto índice de desempleo y subempleo que existe en la nación para ver que no todos los mexicanos ganan 1,800 pesos mensuales. Esta misma proyección puede hacerse en lo que respecta a la mayor parte de las naciones latinoamericanas, para que llegáramos a una cifra cercana a los 650 dólares de ingreso anual per cápita en el continente. La cifra es irrisoria, pero a pesar de todo no muestra cómo se encuentra realmente distribuida la riqueza en América Latina, porque hay millones de latinoamericanos que ni siquiera llegan a contar con 100 dólares anuales para cubrir sus más ingentes necesidades, mientras que sigue habiendo unos pocos, integrantes de las llamadas oligarquías o sectores privilegiados o como se les desee adjetivar, que ganan tanto como los más destacados millonarios de los países más ricos del mundo.
Es muy posible, sí, que de acuerdo con los estudios que hace la CEPAL se haya adelantado algo en estos últimos seis años, pero el adelanto es tan mínimo que ni siquiera podemos calcular actualmente cuántos años se necesitarán para que el continente llegue a contar con una justa distribución de sus riquezas y para que cada uno de sus habitantes tenga un mínimo aceptable en sus ingresos. Un estudio que en estos momentos se pueda hacer de tal posibilidad, tal vez caiga de lleno en la economía-ficción.








