Los maestros, clave de la Reforma Educativa

En vísperas de que el Plan Nacional de Educación empiece a operar, resulta oportuno reflexionar en los factores que pueden obstaculizar su éxito.
El Plan contiene importantes innovaciones. Pero la historia de las reformas educativas, en este país y en muchos otros, está llena de buenas intenciones que no llegaron a realizarse. El estudio de los fracasos y limitaciones de las reformas anteriores será muy aleccionadora para que el actual Plan alcance una efectiva implementación.
El proceso de la innovación en la educación está siendo objeto de numerosas investigaciones. La experiencia internacional comprueba que los maestros –que son el elemento central en cualquier cambio escolar– son esencialmente conservadores. Su resistencia a las innovaciones proviene de algunas características específicas de su profesión: su labor es, más que en otras profesiones, expresión de su persona y no manejo de instrumentos; las escuelas son instituciones hechas para la continuidad social y, por tanto, aferradas a las tradiciones, los fines de la educación son múltiples y a veces encontrados; y los maestros trabajan con frecuencia en ambientes aislados, con poca información y menos recursos. Por otra parte, el oficio de enseñar implica tradicionalmente una relación de autoridad, y el maestro suele temer que si cambia sus métodos de enseñanza pone en peligro su prestigio ante sus alumnos y ante la comunidad.
Diversas investigaciones sobre las resistencias de los maestros ante los cambios señalan tres factores como los principales: el sentimiento de temor e inseguridad por la necesidad de mantener la integridad de su propia imagen; la tendencia a valorar como buena la tradición, con base en sus propias experiencias; y una predisposición desfavorable o prejuiciada ante innovaciones propuestas desde afuera. Esto último provoca lo que nos norteamericanos llaman “profecía auto-realizada”, e.d. el fracaso efectivo de la innovación porque el maestro está convencido de antemano de la ineficacia de ésta.
Un catálogo más completo de las causas por las que los maestros rechazan las reformas señala las diez siguientes: la ignorancia, la desconfianza, los hábitos conservadores, el temor a las reacciones sociales, las dificultades interpersonales, la sobrevaloración de la propia experiencia, la excesiva dependencia, la falta de estímulos, los defectos de los materiales y apoyos requeridos, y el miedo al fracaso.
Otros análisis han puesto de relieve las deficiencias de la escuela o del sistema educativo para promover adecuadamente las reformas, así como otros factores del ambiente social y en particular las reacciones de los padres de familia. También se han analizado las innovaciones mismas para detectar por qué unas tienen mejor suerte que otras; se concluye que las que tienen éxito suelen reunir estas características; ser sencillas, fácilmente comunicables, fácilmente demostrables, ser baratas, estar adecuadamente apoyadas por los materiales necesarios y ser presentadas con un liderazgo aceptado.
Todo esto hace ver que el éxito de una reforma educativa está en función de innumerables factores, muchos de los cuales dependen de circunstancias aparentemente triviales o de reacciones sutiles de la personalidad de los maestros. Por esto, la planificación educativa contemporánea pone cada vez más atención a los “pequeños” procesos de comunicación, convencimiento y apoyo del maestro individual en su contexto específico, que a los “grandes” proyectos que pretenden la generalización masiva y rápida de las reformas.
No se cambia la educación con decretos ni con deslumbrantes acciones pasajeras. Tras de ellas, el mismo sol volverá a alumbrar la misma escuela, y los maestros regresarán a sus viejas rutinas. La calidad de la educación depende básicamente de la persona del maestro Y las personas cambiamos casi siempre despacio y siguiendo proceso muy particulares, delicados y a veces inexplicables. Aun un país que hiciese un cambio político radical tendría que utilizar –al abrir sus escuelas al día siguiente de la revolución– a los mismos maestros de la víspera, con sus hábitos, experiencias y rutinas.
El Plan Nacional de Educación tendrá éxito en la medida en que, con dedicación y paciencia, ayude a los educadores a cambiar. Los proyectos que el Plan contempla con este fin son encomiables; pero el mejoramiento efectivo de centenares de miles de maestros dependerá de que se tomen en cuenta las innumerables y sutiles resistencias que suelen encontrar las reformas educativas.