Petróleo, recurso estratégico

Francisco José Paoli

El petróleo, como muchos otros bienes no renovables, tiende a subir de precio. Esto ha quedado claro sobre todo después de la crisis de energéticos que ha vivido el mundo en los últimos años. El incremento notable de precios logrado por los países exportadores, la reducción de sus ventas y riguroso cuidado sobre sus reservas, hablan del nuevo status que tiene el petróleo en el mundo moderno.
Se trata no ya de un status económico simple, sino de una condición estratégica. Mientras más capacidad de previsión sobre el futuro tiene un país, llámese Estados Unidos o la Unión Soviética, mayor valor atribuye al petróleo, más cuida sus reservas y más previsiones toma para acumular el precioso bien. Y tales precauciones aumentan mientras más cerca está el fin de las reservas petroleras del planeta. La ansiedad se hace mayor, en tanto que no hay energéticos que puedan suplir en toda su magnitud las tareas que se promueven con petróleo.
Nadie sabe exactamente cuándo se terminarán las reservas petroleras, pero en la mayor parte de los países que disponen de esa riqueza, se previene que en la década de los ochenta las reservas petroleras llegarán a un punto crítico. Para principios de la década de los noventa, habrá países vendedores de petróleo que no sólo no tendrán qué vender, sino que no tendrán suficiente para su uso. Es decir, la situación crítica está a la vuelta de una década o década y media.
No puede seguirse pensando, como lo hacen algunos, en los términos de Edwin L. Drake, que en 1859 perforó el primer pozo petrolero en Pensilvania. Entonces no se sabía toda la utilidad que traería a la humanidad el petróleo. La sociedad no estaba organizada en torno a la energía proveniente de los hidrocarburos como lo está hoy. Los transportes, las fábricas y muchos servicios que sería largo enumerar, fertilizantes, telas, medicamentos y un gran número de satisfactores de la vida moderna giran en torno al petróleo y sus derivados.
Por otra parte, la tecnología se ha desarrollado tanto, que tenemos procedimientos capaces de extraer grandes cantidades de petróleo en poco tiempo. No como en la época de Drake, en que mediante el método simple del bombeo se producían unas cuantas decenas de barriles diarios. Ahora es fácil vaciar pronto grandes yacimientos. Es importante destacar que los países que se han tomado en serio el valor estratégico del petróleo, están dispuesto a defenderlo militarmente. Ese es el caso expreso de los Estados Unidos, según declaración reciente del señor secretario de Energía de ese país, James Schlesinger.
Y en este momento, precisamente cuando los grandes países desarrollados se están preparando para cuidar sus reservas, nosotros nos estamos preparando para iniciar grandes ventas de petróleo y de gas. Nuestros vecinos del norte ciertamente estarán presionando para que les venda más. Nuestra crisis económica es severa, como reconoció el presidente López Portillo en su primer informe, pero la solución no es vender sencillamente nuestro petróleo y nuestro gas como si se tratara de un producto comercial cualquiera, sino dándole su valor estratégico. El argumento presidencial ofrecido al grupo de 10 mujeres, de que vendemos porque nos sobra el gas y el petróleo, no parece muy convincente cuando el país más poderoso de la tierra, que tiene más petróleo que nosotros y muchos otros recursos, está haciendo acopio de ese satisfactor. Esa sola situación debería hacernos meditar con más cuidado sobre la venta de tales recursos no renovables.
La que parece una solución a corto plazo para salir de la crisis, puede ser la puntilla. El gasoducto puede ser la cuerda con que se ahorque al país que pretende salvarse. Por otra partes, estamos construyendo un gasoducto para llevar ese satisfactor sin saber a qué precio nos lo van a pagar. En los Estados Unidos discuten los jefes políticos y financieros sobre tal precio. Y nosotros estamos muy dispuestos a llevar el bendito ducto hasta la frontera, sin considerar que una vez hecho el gasto, tendremos que venderlo a ese país por el precio que nos quieran dar por él. ¿O puede pensarse sensatamente que una vez construido el gasoducto vamos a clausurarlo si no nos pagan el precios que queremos? Nadie transporta grandes distancias una mercancía sin la certeza de que será comprada a un precio. Pero mucho menos se hace tal cosa con una mercancía estratégica.
El gobierno federal tiene que considerar con gran cuidado estos problemas y evaluarlos con criterio político y estratégico. Si el petróleo y el gas son dos recursos con gran competencia para impulsar nuestro desarrollo, no los malbaratemos.