Desde que comenzó a promoverse en 1995, el turismo sexual colocó a las playas de Vallarta como uno de los destinos preferidos por los vacacionistas proclives a esta actividad. Y no obstante que la mayoría de los vallartenses desconocen sus dimensiones, organismos internacionales ubican a este puerto como uno de los “epicentros del comercio carnal” asociado a la prostitución infantil y a la trata de personas. Y aun cuando las casas de servicio, hoteles y antros abocados a este segmento de turismo proliferan, las autoridades no hacen nada por frenar este fenómeno.
PUERTO VALLARTA.- El comercio sexual en todas sus modalidades, incluido el de menores, se mantiene activo en este puerto ante el silencio y el desdén de las autoridades federales estatales y municipales por combatir esta práctica, en la que participan bandas de delincuentes que se benefician con este negocio y aun turistas extranjeros.
A este ilícito, que crece de manera sustantiva, se suma la trata de personas que ubican a este destino turístico como uno de los más peligrosos del país, según admitió la titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Marisela Morales, a finales de septiembre durante la reunión de titulares del Poder Judicial y procuradores estatales reunidos en Boca del Río, Veracruz.
La trata de personas, dijo Morales a los medios veracruzanos en el marco de ese encuentro, genera millonarios ingresos a los grupos delictivos. Y aun cuando mencionó a varios destinos de playa, incluido Puerto Vallarta, omitió decir si la PGR diseñará algún programa para combatir esta práctica que, según activistas extranjeros y organismos regionales, constituye una flagrante violación a los derechos humanos.
A principios de año, la PGR difundió un informe titulado La trata de personas en el sector turístico, en el que sostiene que 90% de este tipo de ilícito se concentra en 18 de las 32 entidades federativas. El reporte asienta que la mayoría de víctimas son mujeres rurales y extranjeras.
Según el documento, en este mapeo Quintana Roo, Yucatán Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Jalisco son “epicentros” de este delito, mientras que Puebla, Tlaxcala y el Distrito Federal aparecen como “pasos obligados, como pivotes para catapultar la trata y la explotación sexual”.
El informe fue encargado por la Secretaría de Turismo (Sectur) al Observatorio de la Violencia de Género de la Universidad del Caribe (Unicaribe), con sede en Cancún, como parte de una estrategia nacional de atención al tema de trata en los principales centros turísticos de México.
Dirigido por Celina Izquierdo Sánchez, del Observatorio, y la consultora Redes Turismo, representada por Marisol Vanegas, el análisis incluyó los destinos turísticos de Acapulco, Cancún, la Riviera Maya y Puerto Vallarta.
Los investigadores sostienen que en algunas de las entidades existe una red de trabajo forzado en la que están involucrados grupos de la delincuencia organizada que utilizan a dichos grupos como “vendedores ambulantes” y narcomenudistas.
A su vez, el Reporte 2011 sobre tráfico de personas, elaborado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, ubica a México en el quinto lugar en la incidencia de este delito en el continente, por debajo de República Dominicana, Haití, Brasil y Argentina.
El delito sobre la trata de personas y la prostitución asociada al turismo sexual es tema de investigación desde la década pasada. En julio de 2006, por ejemplo, un grupo de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), encabezados por Álvaro López López, del Instituto de Geografía, comentó que se realizaría un trabajo sobre la dimensión territorial del turismo sexual en México, “aspecto inexplorado que servirá para entender su organización espacial en sitios de confluencia entre paseantes y población local”.
El proyecto será un análisis del fenómeno de la prostitución masculina practicada entre adultos locales de Tijuana, Guadalajara y Veracruz, entre otras entidades. Acapulco se perfila como el principal centro del turismo sexual en México, expuso el especialista.
En su edición del 26 de julio de ese año, La Jornada informó que López López comentó que Acapulco ha sido “un icono” en cuanto a esa oferta, así como Cancún y ahora Puerto Vallarta. Otros lugares representativos de esta actividad son el corredor Tijuana-Rosarito-Ensenada, Guadalajara y la Ciudad de México.
El investigador también advirtió que una variante donde no se da el comercio carnal son los cruceros lésbico-gay, que con frecuencia arriban a las costas del Pacífico mexicano, sobre todo a Puerto Vallarta.
Una práctica “discreta”
Tres años después, en septiembre de 2009, al dar a conocer el documento Dimensión territorial del turismo sexual masculino en México, López López expuso que en el estudio participaron investigadores, becarios y tesistas que realizaron más de 100 entrevistas a sexoservidores que, en mayor o menor medida, se vinculan con turistas extranjeros.
Según López López, por ser destino turístico primordial en el orbe, México tiene un papel relevante en materia de turismo sexual, mercado que sigue casi la misma ruta que la actividad turística en general; así, en primera instancia, los consumidores son mexicanos, y del total de extranjeros, los estadunidenses representan 80% y el resto provienen de Canadá, así como de países europeos y sudamericanos.
El análisis reveló que, en su mayoría, los sexoservidores son de nivel socioeconómico bajo y con estudios que apenas llegan a secundaria. El turismo sexual, explicó, resulta de la interacción entre viajantes a distintos destinos y los lugareños de México, y una de sus intenciones es el “consumo” de servicios sexuales.
Se puede clasificar en adulto e infantil. En el primer caso, según el investigador, existe por lo general un consenso entre quienes ofertan y consumen; en el segundo, se trata de una práctica ilegal, porque los paseantes buscan tener sexo con menores de edad.
Hasta hoy, las autoridades carecen de datos actualizados sobre este fenómeno, por lo que el 8 de agosto último la Comisión Intersecretarial para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas anunció en la Ciudad de México que la Organización de las Naciones Unidas realizará en 2012 un estudio especial sobre este delito que crece en forma acelerada en el país, vinculado con la actividad de los cárteles de la droga.
En esta localidad la trata de personas y la prostitución asociada a ella es tan discreta, que la mayoría de los vallartenses la desconocen, aun cuando en esta práctica haya una larga cadena de enganchadores en la que participan taxistas, personal de hoteles, guías de turistas y hasta algunos vendedores de tiempo compartido, que a cambio de comisiones económicas contactan a los clientes, sobre todo extranjeros, con los prestadores de los servicios sexuales.
Y si bien la procuraduría estatal y el DIF municipal admiten que el comercio sexual infantil es grave, sólo un caso cobró notoriedad: el del ciudadano estadunidense Thomas Frank White, El Gringo Tom, quien ocultaba sus ilícitas actividades con menores en su finca de Mismaloya, disfrazada de casa albergue y que hoy se encuentra en venta.
El asunto de El Gringo Tom con la justicia mexicana está concluido, sólo espera que se desahoguen los recursos que interpuso para evitar ser deportado a San Francisco, California, donde tendrá que enfrentar un caso más por la presunta violación de un menor.
Edmundo Andrade, investigador del Centro Universitario de la Costa, de la Universidad de Guadalajara, asegura que el asunto de la prostitución no sólo afecta al ámbito local, sino que ya forma parte de un complejo e intrincado proceso de apertura de un centro turístico como Puerto Vallarta hacia el extranjero.
El especialista comenta que pese a que es sabido que en Puerto Vallarta existe de todo, cuesta trabajo convencer a la población nativa de que esta situación existe por lo menos desde 1995.
Relata que ese año Puerto Vallarta comenzó a ser promovido como un destino para turismo gay, con hoteles, restaurantes y playas exclusivas para este segmento. De hecho, las autoridades estatales llegaron a asegurar que como los gays no tienen familia ni hijos y la mayoría tienen un estatus económico elevado, nadie tiene que preocuparse por sus aspectos personales, que sólo les competen a ellos.
En estos momentos existen cientos de páginas electrónicas para promover las playas vallartenses, en las cuales se muestra una faceta que, inclusive desconoce la mayoría de la población local. En una de ellas, por ejemplo, se lee el siguiente anuncio:
“Ven y divierte en Vallarta en hoteles, restaurantes y centros de diversión ubicados en la Zona Romántica del puerto, conocida también como Olas Altas, en donde se acepta a las parejas del mismo sexo”; también se menciona que la población es “cada vez más tolerante”, incluso se puede ver a personas del mismo sexo caminando tomadas de la mano, abrazadas o que se besen aun en la calle.
Centros de diversión gay
Los establecimientos para el cada vez más creciente segmento de turismo gay se identifican con su multicolor bandera; algunos de ellos han ganado fama en los últimos años, como el Paco Paco, que cerró sus puertas después de una larga etapa de operaciones.
Estos turistas tienen sus defensores, entre ellos los lésbicos, gays, bisexuales y transexuales, quienes rechazan la prostitución infantil y promueven actividades culturales, como el Grupo Adonis, cuyos integrantes promovieron la apertura de un centro comunitario para gays y lesbianas, denominado Ed Thomas.
Fuentes consultadas por Proceso Jalisco, entre las que destacan taxistas, empleados de seguridad de hoteles, bellboys y vendedores de tiempo compartido que pidieron el anonimato, revelan que el comercio sexual infantil y la pedofilia se incrementan durante las temporadas altas de visitantes.
Las personas que tienen contacto con los turistas extranjeros son quienes les ofrecen la gama de “servicios sexuales”, ya sean hombres, mujeres o transexuales; menores de edad o adolescentes. Los entrevistados aseguran que por cada cliente que enganchan reciben una comisión que va de 200 a 500 pesos.
En el caso de los menores existe incluso un “protocolo” que, dicen, se hace por teléfono. Aclaran que el menor ya no es llevado al hotel donde se hospeda el turista extranjero, como se hacía antes. Hoy, aseguran, el solicitante es llevado en un taxi a un domicilio donde están los menores que previamente fueron seleccionados; todo es discreto, para evitar que los vecinos se den cuenta, asegura uno de los taxistas informantes.
Por lo que atañe a los cruceros que arriban al puerto, muchos de los turistas acuden a los table dances de las inmediaciones de la terminal marítima que funcionan de día con la venia del ayuntamiento. Y en el caso de la prostitución femenina, quienes la ejercen provienen de Manzanillo y otras ciudades “para trabajar cuando hay barco”, dice otro de los entrevistados.
Además, fuera de la zona turística proliferan hoteles modestos que ofrecen sus instalaciones a los turistas que lo requieran; asimismo hay negocios como Las Antorchas, que aun cuando son restaurantes también ofrecen a sus clientes “el servicio de mujeres”; sus dueños incluso modificaron la entrada para evitar que los lugareños se enteren de lo que pasa dentro.
Este sitio es visitado no sólo por los turistas, sino también por los tripulantes de los barcos que han desarrollado cierta familiaridad con las trabajadoras sexuales, que también sirven de contacto con otros “clientes de género” que se dedican al comercio sexual.
En el puerto también hay call girls, quienes ejercen su oficio en los hoteles de la zona, a los que ingresan sin ninguna restricción. Sus tarifas son variadas, de acuerdo con lo que les pida el cliente, y oscilan entre mil y mil 500 pesos por hora.
Los taxistas consultados aseguran que sus compañeros vigilan todo el tiempo a las mujeres para evitar que los clientes se propasen con ellas; cuando eso sucede, intervienen de inmediato y se las llevan. No les gusta que se ventilen sus actividades, menos aún tener líos con los gendarmes, dice uno de los entrevistados.
En el caso de los policías municipales, casi nunca intervienen. La mayoría se dedica a extorsionar a miembros de la comunidad gay que suelen concentrarse en la llamada Terraza Colonial, en la calle Guatemala, como lo denunciaron recientemente Alondra Velázquez Hernández, coordinadora de Diversidad Sexual en el estado, y Michelle Altamirano (Proceso Jalisco 356).








