Arrebatos de congruencia

Fue nota de la semana el referéndum que aplicó a su ejercicio de gobierno municipal Enrique Alfaro Ramírez, el alcalde de Tlajomulco. No contemplan tal exigencia las ordenanzas que nos regulan. Alfaro no estaba obligado a someterse a tal escrutinio; sin embargo, él lo ofreció en su paquete de campaña y lo cumplió. Lo acostumbrado en el medio es que los políticos se cansen de prometer y que los ciudadanos nos cansemos de esperar el cumplimiento. ¿Estaba obligado? Aquí radica lo fino del bordado. Una promesa de campaña electoral cumplida es un garbanzo de a libra. Y más si el ofrecimiento consistió en poner en bandeja la propia cabeza. Es un sano precedente para impulsar ya en todos los foros la exigencia de la revocación de mandato. Viene siendo una saludable experiencia. 

De la numeralia se desprenden varias lecturas, aunque no sean el punto determinante. Habitan el municipio 220 mil personas. Según el padrón electoral, los de edad para votar son 177 mil. Se instalaron 70 mesas receptoras en la cabecera municipal y en las comunidades, con mil boletas a disposición en cada una de ellas. La pregunta única era: “¿Apruebas el trabajo como presidente municipal de Enrique Alfaro?”. Opciones: sí, no o nulificar la boleta, que ya también se usa. Acudieron a responder al llamado de su alcalde 18 mil voluntarios, dándole el sí el 96% de los concurrentes; 536 dijeron no.

En diciembre de 2004 Andrés Manuel López Obrador realizó un ejercicio similar, aunque por vía telefónica. El formato de su encuesta le restó impacto o no le redituó los bonos que genera un ejercicio de esta naturaleza. Siempre será más atinado consultar a los ciudadanos en vivo y en directo, al menos para los asuntos de mayor calibre. De todas formas, la consulta de López Obrador no deja de ser el antecedente del referéndum de Alfaro, cuya prueba pasó a satisfacción. Como resultado de este acto, vendrá su postulación para contender por el gobierno del estado. No es ningún secreto. Es más, también viene siendo una especie de promesa de campaña. En el festejo del segundo aniversario de su arribo al gobierno municipal, ante la asistencia de unos 20 mil seguidores, externó su interés por participar en la contienda por el gobierno del estado. Manifestó también su interés por competir con las siglas del PRD, a pesar de que la dirección estatal ha estado haciendo hasta lo imposible por cerrarle las puertas. “Ojalá –dijo– que los dirigentes nacionales mediten si van a permitir que se cancele la posibilidad de la izquierda para competir por el estado, si les importa Jalisco o les valemos gorro” (La Jornada Jalisco, 2 de julio de 2011).

A la gente que tiene el control de las siglas del PRD en Jalisco le vale sorbete que quien transite por sus filas y se apreste a contender para llegar a puestos de elección tenga algún compromiso ideológico con los principios del partido. Cierto que todos los partidos están desdibujados en este renglón. Pero la escualidez perredista en Jalisco resulta trágica. A sus directivos y funcionarios electos por sus toriles sólo les preocupa cuidar los intereses crapulosos de Raúl Padilla y asociados. Convirtieron al PRD aquí en una agencia para los negocios del padillaje, por mucho que se den baños de pureza algunos de ellos y que retoben airados cuando se les señala.

No se necesita mucho para probar este aserto. Roberto López fue hasta hace poco cabeza del sindicato de profesores de la Universidad de Guadalajara. Ahora lo puso el padillato a conducir el PRD estatal, por así convenir a sus intereses. En lugar de congratularse por los buenos resultados del ejercicio político en comento, como un logro de su partido, y de solidarizarse con su futuro candidato, rompió lanzas, batió cajas y destempló cual si apostrofase a su peor enemigo: “Es una desvergüenza total, no se midió nuestro amigo para autoelogiarse y poco faltó para que llegara al 100% de aceptación. Creí que iba a mostrar un poco más de pudor y ser más mesurado en la autocomplacencia de esta llamada consulta, que parece un acto de campaña anticipado”. Consideró escasa la afluencia de ciudadanos y la calificó de “lamentable”. Y hasta insinuó que las urnas ‘hayan sido cuchareadas” (La Jornada Jalisco, 26 de septiembre de 2011).

No se significan por sus luces los hombres del padillato. Tampoco les preo­cupa mucho el rigor de sus afirmaciones. Según él, acudieron al llamado 12 mil o 13 mil personas. La diferencia de la cita numérica, ante los 17 mil 951 participantes, es más que holgada. No puede un responsable político basar sus juicios en imprecisiones tan rotundas. Tales vaguedades no le autorizan a pasar a la descalificación, cuando exhibe plataforma de desinformación tan demoledora. Pero no extraña ese comportamiento de gente que norma su conducta en los establos de la UdeG o que aprendió en tales lares. Habría que preguntarle al padillaje, que ahora anda de ave de mal agüero contra las pretensiones políticas de Alfaro, si considera de presumir sus propias cuentas en la recién concluida ronda electoral universitaria para consejeros. ¿Dará respaldo moral a sus gritos destemplados saber que a sus urnas no se presenta nunca ni el 10% de los inscritos en las listas y esto sí en elecciones que vinculan? ¿Le significará un timbre de orgullo que en sus procesos electorales la jornada siempre resuelva sus trámites con “planillas únicas”, cuyo valor intrínseco consiste en atenerse sin chistar a la consigna dictada? ¡Qué nicho de probidad democrática!

No cabe duda de que la congruencia es un valor escaso. ¿De qué ascendiente moral pueden presumir quienes saltan del trampolín padillista a la arena de la política estatal? ¿Cuál obra de calidad electoral pueden radicar en su expediente, si sólo cuenta su abyección al capo? Leemos sus declaraciones públicas como si fueran arrebatos de congruencia. Pero son afirmaciones huecas, declaraciones de venalidad, condenas que se les revierten. Que se clausure para los ciudadanos la vía electoral del PRD, a ellos les tiene sin cuidado. Ellos cuidan sólo que quien ascienda a puestos de elección con estas siglas pase a ser otro vasallo incondicional de Padilla, como ellos mismos, para seguir siendo usados de alfombra o de tapadera inverecunda, a cambio de 30 monedas. Alfaro cometió, a sus ojos, el peor de los crímenes: pensar por cuenta propia, actuar de manera autónoma, tomar en serio las banderolas de la izquierda, dedicarse a atender los intereses colectivos. Está claro que aquellos seguirán en labor de zapa, dizque para minarle simpatías. Pero todo apunta a que la avalancha de Alfaro les sepultará. Y en una de ésas hasta les saldrá nominado como candidato por el propio PRD. Ya lo veremos.