Enfurecidos por el paso que dio el alcalde de Tlajomulco, Enrique Alfaro, al realizar la primera consulta ciudadana de revocación de mandato de que se tenga memoria, y en la que su gestión fue aprobada por 95% de los votantes el 25 de septiembre, los dirigentes estatales del PRD –del que Alfaro es miembro– Roberto López y Raúl Vargas montaron en cólera y lo tacharon de farsante. No era para menos: Alfaro no es del grupo de Raúl Padilla, al que pertenece el perredismo oficial en el estado, y López y Vargas son incondicionales del exrector de la UdeG. ¿Qué va a ocurrir después de esta demostración, que al mismo tiempo fue acto de campaña? Que, enfrentado con Padilla, el hijo del exrector Enrique Alfaro Anguiano, a quien le resultó muy bien su calculado ejercicio, va a luchar por la postulación a la gubernatura, sea en ese o en cualquier otro partido. Y ante la famélica caballada –alguien dirá que burrada– de los distintos partidos, no dude que vaya a tener ofertas, como ya las ha tenido, de su antiguo partido, el PRI, y al menos ciertas simpatías de panistas.
A propósito: si el autodestapado exalcalde tapatío Alfonso Petersen quiere llegar a la candidatura del PAN, tendrá que hacer un gran esfuerzo en todos los sentidos. Físico, porque tendrá que sudar para avanzar, pues si en su partido no tienen mucho que recriminarle como titular de Salud –como buen médico no es tan buen político–, sí le echarán en cara hechos que no se borran de la mente: la fechoría de tumbar casas y edificios en torno del parque Morelos para construir la Villa Panamericana, donde se gastó 500 millones de pesos inútilmente, así como la no menos costosa y mal lograda remodelación de calles y banquetas del centro. Ahí están como mudos testigos y víctimas las vías del primer cuadro y la extensión de la avenida Juárez-Vallarta, hasta Los Arcos, donde sólo hubo unos cuantos constructores y promotores beneficiados que hasta alquilaron nombres de otras empresas para aparentar una licitación. ¿Qué decir de los permisos para la inmobiliaria Lar de Horizontes Chapultepec, que ni siquiera ha reparado los daños a los vecinos? ¿Y qué decir de la anuencia que dio para la instalación de casinos en Guadalajara, como el Gran Nevada y el Twin Lions, que evocan el fantasma de la tragedia regiomontana?
De sobradas ganas de seguir en el candelabro político y de muchos recursos financieros debe disponer el diputado federal priista y exrector de la Universidad de Guadalajara Trino Padilla, para haber hecho tal despliegue publicitario en prensa, radio y espectaculares, entre otros, con el pretexto de su informe como legislador que dio el 23 de septiembre, en el Teatro Diana, como tenía que ser. No es para menos. Tanto él como su hermano mayor, Raúl, el también exrector y presidente de la Feria Internacional del Libro –y de una docena más de dependencias universitarias–, quieren de perdida una senaduría o una presidencia municipal en la zona metropolitana.
Trece meses después de aquel prepotente y soberbio desalojo violento de pescadores, comerciantes y habitantes del poblado de El Rebalse de Apazulco, en playas de Tenacatita (4 de agosto de 2010), José María Andrés Villalobos recibió un duro revés el pasado 2 de septiembre, luego de que el juez primero de Distrito en Materia Administrativa y de Trabajo en Jalisco, Fernando Tinajero Jiménez, fallara en contra de la empresa de su propiedad, Rodenas Inmobiliaria. De acuerdo con el tribunal, los actos reclamados por Villalobos no incurren en las mismas violaciones y motivos por los que en 1972 fue amparada la señora Paz Gortázar de González Gallo, de quien hace más de dos décadas adquirió, a muy bajo precio, tales predios. La viuda del exgobernador había reclamado hace cerca de 40 años que la resolución presidencial que dotó de tierras al mencionado ejido afectaba a su propiedad, cosa que nunca pudo comprobarse, por lo que ahora se da la razón a desalojados.
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