Cuando en Jalisco la familia Zuno era una “dinastía posjuarista y revolucionaria” –intocada e intocable, por aquello de su parentesco político con el presidente Luis Echeverría (1970-76)–, José Guadalupe Zuno Arce, hijo mayor del exgobernador Guadalupe Zuno, se convirtió en una especie de cacique positivo. Así creó la Comisión del Sur –en los hechos casi una secretaría de Estado, o un estado dentro de otro estado– cuya finalidad era impulsar obras básicas en los municipios como vías de acceso, sistemas de drenaje y agua potable, e influir o determinar quiénes deberían ser las autoridades. En tales condiciones, Zuno Arce se convirtió en proveedor de la SEP a través de las llamadas Industrias del Pueblo y tuvo a su disposición cuanto requería: maquinaria, equipo y hasta el mismo gabinete presidencial para satisfacer sus necesidades. Logró incluso construir o rehabilitar en las inmediaciones de Zapotiltic y Tuxpan –sede de la comisión– una aeropista pavimentada de regular tamaño para recibir jets de mediana capacidad.
Pasada la euforia echeverrista, la pista cayó en desuso y hoy prácticamente desapareció. Uno de los últimos aterrizajes –clandestino por cierto– fue el de la avioneta Merling III-B monomotor con doble matrícula –la mexicana XB-ZAO y la colombiana HK-2438W– el amanecer del 13 de abril de 1987, en Semana Santa, para más señas, procedente de Colombia. Alertado el Ejército sobre sospechosos movimientos, montó guardia a distancia. Apenas paró el aparato, se suscitó un tiroteo en el que murieron Rigoberto Carrillo, Darío González, Óscar Torres y Jorge Neshimura Torres. El comandante de la XV Zona Militar, general Vinicio Santoyo Feria, informó que se decomisaron 862 kilos de cocaína y se arrestó, entre otros, al piloto Carlos Humberto Gómez, originario de aquel país sudamericano, y al copiloto mexicano Maxidro Haro Gallardo, según publicó El Informador al día siguiente. Después se informó, de manera extraoficial, que uno de los aprehendidos era hijo de un importante político local y que lo entregarían personalmente a la familia dado su gran ascendente aún en las Fuerzas Armadas. Se dijo entonces que era Javier García Morales, aunque nunca se comprobó el dato; sólo se supo que Javiercillo pudo haber utilizado la costera pista de El Tecuán (Proceso 1809).
El suegro del presidente Ernesto Zedillo, Fernando Velasco Márquez, declaró a este reportero en julio de 1997, luego de que el general Jesús Gutiérrez Rebollo lo acusó de presuntos nexos con el narco y de lavado de dinero con los hermanos Amezcua, que se investigara en Tepames, Colima, a García Morales (Proceso 1082). Y en junio de 2000, Javiercillo respondió a preguntas de Pedro Zamora, corresponsal de Proceso en Colima, sobre lo que se decía de él en torno al narco, en particular de lo que había dicho tres años antes el padre de Nilda Patricia de Zedillo: Se me hace absurda simplemente la mención, me parece algo burdo, brusco, áspero y falto de tacto; a veces los malos políticos utilizan herramientas malas para tratar de afectar… En lo personal, te sientes algo incómodo, más que todo por tus hijos; yo tengo hijos e hijas grandes, y a todo mundo le molesta que en la escuela le comenten qué dice el periódico tal, que su papá es esto. Todo mi respeto como colimense, como paisano, al señor Fernando Velasco, no tengo el gusto de conocerlo, pero estoy seguro de que no hay una situación personal. El señor Velasco es un hombre que se dedica a lo que yo me dedico, al campo, según tengo entendido, y lo conozco por su relación familiar con el presidente de la República. No tengo mayor información de por qué hizo esa mención (Proceso 1246).
Un importante número de trabajadores de confianza de distintas dependencias del gobierno estatal están trabajando a favor de la precandidatura de Emilio González Márquez y reciben su pago del erario. Los empleados proceden principalmente de Sistecozome, así como de las secretarías de Planeación y de Seguridad Pública hacen encuestas para conocer el posicionamiento del PAN y su candidato. l
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