Avasallados durante lustros por sus autoridades, un centenar de investigadores disidentes de la UdeG organizaron un foro para expresar su descontento. Bajo el lema “¿Qué universidad tenemos y qué universidad queremos?”, durante dos días criticaron a los directivos por los supersueldos que cobran; demandaron transparencia en el manejo de las empresas parauniversitarias –sobre todo en el caso del equipo Leones Negros, que está a punto de descender a tercera división–; pero sobre todo pidieron que la elección de las autoridades se haga a través del voto universal, directo y secreto.
De manera inusitada, la Universidad de Guadalajara (UdeG) se abrió a la crítica para escuchar a sus profesores e investigadores que piden cambios en la estructura de mando que desde hace 22 años controla el exrector Raúl Padilla López.
Durante dos días –el 26 y 27 de agosto–, los académicos de la segunda institución educativa de mayor importancia en el país y cuya comunidad sobrepasa las 200 mil personas, entre alumnos, personal administrativo y docentes, tuvieron la oportunidad de lanzar sus preguntas a las autoridades y la aprovecharon para acribillarlas.
Procedentes de los diferentes campus, alrededor de un centenar de profesores discutieron sobre el futuro inmediato de su universidad en el encuentro organizado por el Colectivo de Reflexión Universitaria:
¿Es posible organizar un Congreso General Universitario que convoque a los académicos de la UdeG para establecer las bases y el diseño de una nueva universidad?; ¿es posible reformar la Ley Orgánica y sus órganos de gobierno para que la comunidad universitaria tenga una mayor representación?, cuestionaron los investigadores.
Algunos expresaron que ya es tiempo de que la elección del rector general y los rectores de los centros de investigación se realicen a través del voto universal, directo y secreto.
La maestra Mónica Gallegos, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), quien ha formado varias generaciones de sociólogos e historiadores, lanzó acres preguntas a las autoridades como si fueran dardos. Las cuestionó por la falta de transparencia en el uso de recursos destinados a decenas de empresas universitarias. Así ocurre, dijo, con el equipo de futbol de Leones Negros.
Bajo el lema “¿Qué universidad tenemos y qué universidad queremos?”, el foro se realizó en el auditorio Silvano Barba de Ciencias Sociales, ubicado en el cruce de la avenida Alcalde y calle Guanajuato. Los organizadores lo calificaron de histórico porque, aseguran, en él se abrió una discusión atorada por lustros y acallada por la administración central.
Hablaron, entre otros temas, de la crisis financiera –la institución maneja un presupuesto superior a los 6 mil millones de pesos anuales–, la falta de equipo e infraestructura para el desarrollo docente, pero sobre todo criticaron los supersueldos de los funcionarios del primer nivel y a los directivos “dobleteros” que en la actualidad se desempeñan como diputados y regidores.
Uno de los convocantes, el doctor Bernardo Jaén Jiménez, del CUCEA, asegura al reportero que la convocatoria no tuvo carácter oficial y relata que las autoridades del CUCSH encabezadas por Pablo Arredondo Ramírez intentaron negarles el derecho de reunión, por lo que tuvieron que dialogar con el rector Marco Antonio Cortés Guardado para que les prestaran el auditorio.
Jaén Jiménez denunció también las represalias de los directivos de la UdeG contra los integrantes del Colectivo de Reflexión Universitaria. Expuso el caso de su esposa, Mercedes León, investigadora del Centro Universitario de Los Valles, quien fue cesada por su participación en ese grupo.
A tono con la discusión sobre el quehacer de la casa de estudios y su responsabilidad social, otros académicos se mostraron severos en sus críticas para tratar de explicar lo que pasa en la universidad de cara a los problemas sociales que enfrenta la mayoría de los mexicanos.
Las demandas
Durante su intervención en el foro, el investigador Salvador Montalvo Romero fue vehemente: “Mientras al pueblo se lo está llevando la chingada –dijo–, ¿nosotros, los investigadores y profesores de la Universidad de Guadalajara, qué estamos haciendo?”.
Su colega Jaime Arias Amaral expuso: “Quisiera ver este auditorio lleno hasta el tope, pero sé que el temor inhibe la participación y que la estructura corporativa y autoritaria (en la UdeG) impide que el número de asistentes sea mayor”.
También expuso que los profesores se quejan de que el Consejo General Universitario (CGU) esté cooptado por un grupo de personas que siempre se quedan con todos los cargos de representación; y tienen razón, comentó.
“Los nombres de quienes nos representan en el CGU siempre son los mismos: Leobardo Alcalá Padilla (primo hermano de Raúl Padilla), Raúl Vargas López, Jaime Agustín Álvarez. Todos ellos son miembros del Grupo UdeG, la corriente política que maneja los destinos de la Universidad de Guadalajara”, expuso el académico.
En su intervención, Jaén Jiménez aludió al conformismo de la mayoría de los universitarios: “Nosotros tenemos el objetivo de la transformación de la universidad, pero es difícil admitir que parece que todos traemos en las venas un Raulito, que nos obliga a pensar que no hay nada que se pueda cambiar”, ironizó el investigador.
Durante el foro se anunció la creación del Frente Autónomo Estudiantil (FAE), un organismo que estará encabezado por el estudiante Eloy Ruiz, quien expuso que la transformación de la universidad será una lucha de largo alcance; también habló de modificar el esquema de bachillerato por competencias, y se pronunció por impulsar una educación crítica y democrática.
Ruiz explicó que su organización funcionará al margen de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) –creada por Raúl Padilla durante su gestión como rector (1989-1995)–, hasta ahora el único organismo estudiantil reconocido oficialmente por las autoridades universitarias.
La maestra Adriana Fausto Brito, del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), cuestionó la opacidad con la que se conduce la universidad. Resulta difícil saber qué pasa en la mayoría de las empresas parauniversitarias, dijo. Y puso el ejemplo del equipo de futbol Leones Negros, actualmente en segunda división. “¡Y eso que las autoridades de la casa de estudios presumen de tener uno de los primeros lugares en materia de transparencia!”, se quejó.
“Yo creo que la información financiera de la universidad debería organizarse por dependencias y proyectos. Yo no sé cómo se llama el proyecto de futbol, tal vez tenga un nombre especifico; tal vez esté incluido en un proyecto de carácter deportivo más grande de la universidad. No se sabe”, expresó la investigadora del CUAAD.
En 1994, bajo el rectorado de Raúl Padilla López, el equipo Leones Negros, entonces en primera división, desapareció de repente. Pero dos años, la UdeG anunció la compra de la franquicia de El Tapatío –un equipo de segunda división del equipo Chivas– y se comprometió a llevarlo de nuevo a la primera división.
Sin embargo, lejos de acceder a la liga profesional, el conjunto futbolístico está a punto de caer a la tercera división. De concretarse el descenso, la casa de estudios perdería cerca de 800 mil dólares, por lo que los catedráticos independientes exigen transparencia en el manejo de la información sobre el equipo y las demás empresas parauniversitarias que controla Raúl Padilla.
Al término del foro, los investigadores acordaron promover un análisis detallado sobre el uso de los recursos universitarios en el cual se incluya una revisión de sueldos y salarios de las diversas categorías de empleados y directivos; así como una revisión del objetivo y la función de proyectos no prioritarios como el auditorio Telmex, el Teatro Diana y la Feria Internacional de la Música, entre otros.
Se comprometieron también a continuar la discusión sobre la integración de los órganos de gobierno en la casa de estudios, toda vez que instancias como el Consejo General Universitario están conformadas en más de 60% por personal de confianza y por funcionarios administrativos, de tal suerte que los académicos apenas se reparten 40% de los puestos.
En su agenda los investigadores incluyeron el caso de los trabajadores universitarios que, admitieron, en la actualidad no tienen representación a través de los gremios de académicos o administrativos; además, manifestaron estar conscientes de impulsar una agrupación estudiantil que vele por los intereses del alumnado.








