La ZMG se pulveriza

En Guadalajara y su zona metropolitana, el crecimiento demográfico y la desorganización urbana van de la mano. Así, mientras la población crece, se multiplican los desarrollos urbanos sin planeación en la periferia de la urbe. Ahí, residen miles de personas que intentan protegerse del caos; pero eso, lejos de resolver el problema genera otros desajustes en el entorno. Mario Sánchez Gil, experto en ordenamiento urbano, sostiene que mientras las autoridades no diseñen y apliquen un plan integral en el que la ciudad y sus habitantes estén ligados al contexto urbano, la zona se pulverizará cada vez más.

Aun cuando en ya no cabe ni una aguja, la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG) continúa expandiéndose sin control. Además, de tener una infraestructura obsoleta saturada de “parches”, las autoridades tampoco cuentan con un diseño de planeación espacial adecuado, lo que se refleja en la proliferación de fraccionamientos que son cotos privados, y conjunto torres de departamentos exclusivos que coexisten con colonias dormitorio.

Mario Sánchez Gil, experto en ordenamiento urbano se muestra preocupado por este “fracaso miserable”, pero sobre todo, dice, porque observa que los responsables de elaborar y aplicar las políticas de desarrollo en la materia, simplemente no actúan.

Doctor en ordenamiento urbano por la Universidad de París, Sánchez Gil manifiesta al reportero su pesar por “la degradación urbana” que observa en ZMG y esboza su retrato: “Núcleos desligados entre sí, una red de transporte público deficiente y un divorcio entre lo micro y lo macro por la falta de un concepto común de ciudad”.

El especialista reitera que muchas colonias metropolitanas se encuentran alejadas de los centros de trabajo, lo que obliga a los trabajadores a invertir hasta dos horas para llegar a sus centros laborales. Los casos más notables, dice, son los fraccionamientos de Tlajomulco y Zapopan. Hoy, incluso es más rápido viajar a Ocotlán, Tepatitlán o Ciudad Guzmán, por ejemplo, donde el recorrido se cubre en no más de una hora con 20 minutos.

Como en la zona conurbada ya no caben más fraccionamientos, ahora proliferan en municipios alejados, como Zapotlanejo, que ni siquiera forma parte de la ZMG. Desde octubre de 2010 se anunció en aquella población un megacomplejo de casas de interés social para un millón de habitantes edificado por la constructora Urbi.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Geografía (Inegi), en la ZMG residen más de 4 millones de habitantes en una superficie de 2 mil 734 kilómetros cuadrados. La dependencia precisa que la densidad poblacional es de 65 habitantes por hectárea. Actualmente 62 mil hectáreas están totalmente urbanizadas. De seguir el crecimiento, llegarían a 114 mil para el año 2030, según las proyecciones demográficas.

Por eso Sánchez Gil lanza la señal de alerta: “Un proyecto de ciudad implica la integración de diferentes centros de población con otras zonas: mixtas, industriales o poblacionales; a eso se le llama zonificación, como en París. Además, los centros históricos y la ciudad no pueden estar desligados del contexto urbano, como sucede en Guadalajara; aquí todo esto ha sido desdeñado, pulverizado una y otra vez por las autoridades”.

Dice el especialista que en los países avanzados es imposible modificar planes de desarrollo durante 20 o 25 años, pero aquí los pocos que hay se borran de un plumazo, casi siempre por capricho o por necesidades del mercado.

A ello se debe, también, comenta, que al degradarse las ciudades surjan los cotos privados, casi siempre habitados por gente de dinero que se aísla en zonas exclusivas. Y son precisamente esos cotos lo que complican el desarrollo urbano; son, también, reitera Sánchez Gil, “la expresión del fracaso administrativo de las ciudades”.

–¿Por qué? –pregunta el reportero.

–Quienes viven en esos cotos se alejan porque, arguyen, en la ciudad no hay seguridad, lugares de esparcimiento, ni la infraestructura básica que esos cotos les brindan. Pero resulta que esos refugios quedan lejos, por lo que recurren al automóvil para trasladarse a la ciudad, lo que genera un círculo vicioso.

“Insisto: esos cotos son un fracaso; las torres son otro. Se necesitan condiciones para que los niños vivan sanamente y una torre es una afrenta, lo mismo que las ciudades dormitorio”.

El especialista asegura que la movilidad motorizada a grandes distancias es otro síntoma del caos urbano, además de la contaminación que provoca; “y los cotos lo potencializan al tener que trasladarse hacia el interior de la ciudad”.

Para Sánchez Gil, una ciudad bien planeada le garantiza a los habitantes lo necesario para vivir: educación, trabajo, zonas de comercio y de esparcimiento para evitar que se desplacen, así como avenidas y transporte adecuados.  No es gratuito, comenta, que se viva mejor en los pueblos donde los habitantes tienen todo a la mano.

Y aunque la idea es que en las colonias de la ZMG haya esos satisfactores, será difícil mientras existan esos cotos con poder adquisitivo; tenemos decenas de colonias que proliferan de manera desordenada y que están alejadas de los centros de los municipios; por ende carecen de los  servicios y satisfactores comerciales básicos.

“Los planos de Guadalajara se quedaron sólo en zonificación y usos de suelos y densidades de construcción que se modifican al antojo de los intereses inmobiliarios, sin tomar en cuenta a los habitantes; lo que les hace falta para su desarrollo comunitario”, expone el entrevistado.

Y explica que los fraccionadores hacen negocio redondo, compran terrenos baratos, lejos de la ciudad, dejan de construir vialidades y aprovechan de las existentes; luego venden las casas aun sin servicios, pues la dejan en manos del banco, y se lavan las manos.

Sánchez Gil señala que muchos terminan abandonando esas casas porque les sale caro vivir en las orillas de la ciudad. Dice que aunque no hay un estudio al respecto, se estima que alrededor de 5 mil viviendas de interés social han sido abandonadas.

“Una vez fuimos a estudiar los fraccionamientos de Santa Anita y un muchacho recién casado se quejaba  de que tenía que caminar 5 kilómetros para comprar leche. Eso simplemente no funciona. Con tanto parche –apunta– se hace más caro dotar de agua, drenaje y electricidad a esos conjuntos”.

Además, advierte, los recientes desplomes bursátiles pueden provocar una crisis en el sistema crediticio similar a lo que ocurrió en España o Estados Unidos.

Una ciudad de parches

 

En Jalisco, además de que la planeación urbana es frágil y modificable a capricho, las políticas gubernamentales han olvidado “lo intermedio”, lo que hay entre las zonas.

Recuerda que la infraestructura de Guadalajara fue programada por las leyes de Indias y en los siglos XVII y XVIII se proyectó para 40 mil o 50 mil habitantes: “Pero ahora hay 4 millones…”.

Guadalajara se ha ido haciendo de parches. “Es como una casa de esas antiguas, insiste, donde están todas las recamaras pegadas y el baño hasta al final. Así está la ciudad, sin organización espacial”.

Y pone menciona la carretera que va a Chapala, en El Álamo debía ser un trébol, pero se lo dieron a los ganaderos para su expo y ahora no se puede completar el trébol que estaba proyectado y entonces tienen que hacer obra carísima como el puente que hoy está ahí.

Otras ocurrencias desvinculadas de un proyecto de ciudad son el Macrobús y la Vía exprés, un proyecto de avenida de paga que fue rechazada definitivamente el 30 de marzo pasado por las comisiones de Desarrollo Urbano y Hacienda del Congreso local.

Otros ejemplos son los acuíferos de Tesistán y El Bajío, donde se construyeron la Villa Panamericana y el estadio de las Chivas. “Se supone que son protegidos, hay decretos pero nadie los respeta a todo el que lo solicite le dan el permiso para explotar. La ciudad se va desmoronado por intereses políticos económicos”.

De su estancia en París, donde cursó su doctorado, Sánchez Gil resalta que en Francia la ciudad se planeó desde el siglo XIX y por ningún motivo se puede cambiar su estructura. Las excepciones son cuando se detecta un error técnico, lo que casi nunca sucede.

“Desde entonces se ordenó el metro; buscaron que cada barrio estuviera organizado y tuviera su infraestructura integrada. Todos tenían a menos de 10 minutos una estación del metro o una vía del transporte público. No sólo eso, también el drenaje, el agua, las vialidades”.

Las soluciones

 

Mario Sánchez Gil, quien imparte la asignatura de ordenamiento territorial en el departamento de Proyectos Urbanísticos de la Universidad de Guadalajara, sostiene que territorio-pueblo y gobierno forman al Estado y si uno de ellos falla todo se descompensa.

“Si el territorio no es aprovechado de manera adecuada, comienza el descontrol. El aprovechamiento del territorio es lo que se llama ecología urbana; por desgracia los políticos piensan que ésta consiste sólo en sembrar arbolitos. No, deben entender que los equilibrios del territorio se deben aplicar en escalas diferentes; lo importante es conservar el entorno y sus potencialidades”, relata el entrevistado.

Pese a todo, dice, hay soluciones. “Primero debemos saber qué tipo de ciudad queremos; pero ni en eso se han puesto de acuerdo las autoridades”.

Para empezar, insiste, las áreas verdes no deben ser simples “parquecitos”, sino conjuntos integrados a los macroconjuntos urbanos, buscando equilibrios. “Hoy tenemos un parque y su entorno es de kilómetros de concreto; así no funcionan las cosas. Cualquier área verde aislada se echa a perder, como el bosque de Los Colomos, al cual ni le cambian los árboles”.

También hay que definir hacia donde van las carreteras y vialidades. Observamos que los últimos desniveles, puentes y pares viales construidos ya no están integrados al entorno. “Y lo que sí estaba planeado no se finaliza porque surgen ocurrencias. ¡Ni siquiera el Periférico se ha terminado en 30 años!”, detalla Sánchez Gil.

Añade: “Debe haber un plan para la ciudad; otro sólo para municipios y planes parciales. Finalmente, deben diseñarse proyectos construcción, pero en ese orden. Los proyectos urbanos no pueden ser aislados, deben respetar ese orden”.

Según el entrevistado, desde 1982 las autoridades intentaron elaborar un plan de desarrollo metropolitano, pero hasta ahora nadie le ha atorado; lo lamentable es que los desarrolladores inmobiliarios sean los primeros en  respingar, pues hoy todas las reglas “son burladas”, expone.

Asegura que aun cuando en el estado hay una Ley de coordinación metropolitana, sólo alude a la coordinación de proyectos que impacten a varios municipios con población mayor a 50 mil habitantes; en contraste, no existe un tribunal especializado en problemas de asentamientos humanos. “Saben de leyes nuestros jueces, pero se tienen que especializar también para este tipo de asuntos”, insiste Sánchez Gil.

Sánchez Gil asegura que la senadora Yeidkol Polevski está impulsando una nueva Ley general de asentamientos humanos desarrollo urbano y ordenación del territorio que recupera varios de los postulados que él enarbola.

“Se busca modificar el artículo 115 y ya no dejar en manos del municipio el control territorio, porque a capricho de los intereses económicos se han apoderado de arroyos, ríos, áreas de reserva ecológica; no hay quien los pare. Esta ley obligaría a las autoridades estatales a coordinarse con la federación”.