En recuerdo de Alfonso
Espitia Huerta
El conocido escritor chileno Jorge Edwards, Premio Cervantes 1999, da a conocer en estas semanas el libro La muerte de Montaigne (Tusquets Editores. Col Andanzas. No. 753; México, 2011. 289 p.).
La obra es un híbrido de géneros en donde confluyen la novela, el ensayo, la historia, el cuento, la biografía y las memorias. La intención del autor es acercarse a los últimos momentos de la vida del célebre escritor francés.
La recuperación lo lleva a tratar la historia de Francia de finales del siglo XVI, para lo que recurre al estudioso Jules Michelet, con el que continuamente difiere. Así como a abordar los conflictos religiosos entre católicos y protestantes y las desavenencias entre las familias de los Valois (Enrique III) y los Borbones (Enrique IV). También a escribir sobre la vida diaria de Michel de Montaigne, sus largos viajes a caballo, las lecturas de los clásicos latinos y helenos, las citas que manda pintar en las vigas de la torre en donde se recluye a escribir y meditar, así como acerca de sus relaciones con la esposa, la hija adoptiva (¿quizás amante?), y la cercanía con Enrique IV, entre otros.
En la narración Edwards intercala interpretaciones sobre diversos incidentes que le ocurren al protagonista. Igualmente crea sucesos imaginarios para darle más viveza a los hechos. Luego sintetiza algunas de las principales ideas e interpretaciones de Montaigne, aparecidas en los Ensayos, para entender las luchas fratricidas por el poder. Asimismo intercala comentarios sobre el Chile de hoy, con lo que actualiza el pensamiento del también llamado Señor de la Montaña.
En La muerte de Montaigne Edwards retrata la sapiencia política del pensador francés. Montaigne era un hombre prudente. Meditaba antes de actuar. Para él la realidad estaba formada por muchas aristas e intervenían variados actores, que en determinado momento se anteponían. El conflicto era algo natural e inevitable, por lo que propuso conciliar y evitar condenar a los diferentes. No era eliminando al rival con lo que se superaban las disputas, porque siempre resurgían a través de los descendientes o simpatizantes. Además sabía que la repulsa implicaba el vituperio del señalado e impedía la concordia, lo que era contrario al arte de la política. Así había que aceptar la diferencia y la fricción, para luego atenuarlas con tolerancia y generosidad.
Edwards ha escrito un libro que une a la historia con la imaginación para recrear y en ocasiones mejorar los sucesos que llevan a conocer los últimos momentos de Michel de Montaigne. La limitación que tiene la obra es que destaca la esfera política y relega la privada, en donde el pensador francés fue un artista del buen vivir y sobre el cual escribió sus más importantes páginas.








