“Alamar”, cine ecológico de González Rubio

La película Alamar ha recorrido con éxito un sinnúmero de festivales de cine en el mundo y su director, Pedro González Rubio, la coloca como “una bandera de paz y un antídoto de amor para estos tiempos en los que vivimos los mexicanos”.
Con 30 copias, el filme se estrenó el pasado fin de semana en los cines comerciales y las ganancias de la distribuidora Mantarraya, que también es la productora, se destinarán a las ONG Save the Children, en pro de la infancia; y Colectividad Razonatura A.C., de Quintana Roo.
Contento, el joven realizador explica que la primera labora en programas para niños de colonias muy pobres, y la segunda trabaja directamente con cooperativas de pescadores reforestando el mangle y el arrecife de Banco Chicharro, donde se rodó la cinta.
–¿Cómo surge que sea para beneficio lo que se gane en taquilla?
–A partir de cuando hablamos de la distribución en México y Mantarraya decide ser la distribuidora. Pensamos que lo más responsable era hacer esto. No por ser mejores personas, no, sino porque era lo correcto.
–Raro que una distribuidora acepte donar sus ganancias, ¿verdad?
–Ninguna distribuidora quiso distribuir este largometraje. Entonces, la misma casa productora es la que la está distribuyendo. Por eso es que pudimos darnos ese lujo.
–Alamar ha dado la vuelta al mundo, ¿cómo sucedió eso?
–Los festivales la iban pidiendo. Se estrenó en Toronto, después en Morelia donde obtuvo los premios a mejor película y premio del público, de allí la pidieron para Rotterdam y así empezó a crearse una cadena con muchísimos festivales desde Australia, Japón, hasta la Patagonia, que la querían proyectar.
“Generaba como mucho consenso entre el público intelectual de los festivales y el público en general, eso es lo que me ha sorprendido mucho. No es un filme de autor típico; es para todas las edades, todas las razas y ha funcionado muy bien.”

Afinidad con Sicilia

Alamar trata de la relación entre un pescador mexicano y su hijo, de madre italiana. No son actores. Se trata de una producción muy sencilla:
“El largometraje me ha dejado saber que voy por el camino correcto y quiero seguir haciendo historias de este tipo. No quiero filmar grandes producciones ni con mucha gente. Deseo seguir explorando temas íntimos y mensaje positivos, muy reconfortantes, que el público salga con el corazón hinchado de amor porque en estos tiempos de confusión es necesario un antídoto. Y este docuficción lo es.”
–Se aprecia el tema ecológico, ¿qué sensación ha causado la película?
–La gente logra ver cómo el padre es muy paciente con su hijo, le enseña con muchísima paciencia el arte de vivir, del estar aquí y ahora.
“El niño a su vez también le retribuye al padre la capacidad de asombro por ver las cosas nuevas: los colores, de ver el turquesa del mar, asombrarse con la presencia de un ave silvestre que come de la mano del padre y, con todo eso, la gente sale con las ganas de acercarse más a sus seres queridos y ser también más congruentes con sus acciones respecto al cuidado de la naturaleza y del medio ambiente.”
Dice que Alamar no impone ningún mensaje:
“No se dice cuiden el agua, todo está implícito. Sabemos que en ese lugar tan particular, tan especial, existe un estilo de vida de la pesca día a día. No es la pesca furtiva ni industrial, sino para el consumo propio y también, para el comercio pero muy justo.”
Según el director, los exhibidores aceptaron “con buena cara” su cinta:
“Estoy muy positivo con este estreno. Creo que la película va a llegar a mucha gente y se contribuirá a las causas de estas dos ONGs; con eso, ya no es sólo un largometraje, es toda una causa.
“Es una bandera, es unirse a esta gente que está buscando un mejor camino con el poeta Javier Sicilia que va de plaza en plaza, de ciudad en ciudad a decir: ‘¡Ya basta! Vamos a mirar hacia la paz’, este es otro granito más de arena que se une a eso.”
Cree necesaria la elaboración de dicho tipo de proyectos (“como también los de denuncia”), para que “nos muestren esta luz, esta esperanza que también existe”, enfatiza:
“De lo contrario, nada más nos hundimos en la negatividad, en el pesimismo. Estamos en el hoyo, ¿cómo vamos a hacerle? Muchas veces uno siente mucho coraje y Alamar genera como esa válvula de escape pero de amor.”
González Rubio se encuentra satisfecho con el resultado:
“Y tan sólo es un padre y su hijo tratando de transmitir esto que tanto se necesita en nuestros días.”